jueves, 27 de agosto de 2026

26 ~ Autobiografías (también en poemas)

 

Pues parece que también se pueden escribir autobiografías en forma de poema. Aquí hay algunos ejemplos. La uruguaya Peri Rossi, Gloria Fuertes y Luis Rosales (España) y para terminar, el premio nobel 1984, el checo Jaroslav Seifert.








Autobiografía
Cristina Peri Rossi
 
Viví fuera de la tribu
en las márgenes de las manadas
y conocí el repudio de los jefes
el anatema de los sacerdotes
y la persecución de los soldados.
No fui sin embargo una heroína
sino una excéntrica
es decir alguien que huye del círculo
del triángulo y la televisión.
Amé alguna música y la belleza
tan pasajera como un pájaro que huye
y Fausta embelesada
alguna vez quise retener el instante hermoso
que se esfumó como voluta como viento como ola
como gota de agua como recuerdo.
Ni más
ni menos.
 
 
Autobiografía
Gloria Fuertes
 
Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.
 
 
Autobiografía
Luis Rosales
 
Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.
 
 
Autobiografía
Jaroslav Seifert
 
Cuando alguna vez hablaba de sí misma,
mi madre decía:
Mi vida fue triste y silenciosa,
y solía ir de puntillas.
Pero cuando me enfurecía
y daba alguna patada,
y tintineaban levemente en el anaquel
las tazas de mamá,
yo me reía.
 
En el momento en que nací
dicen que entró por la ventana una mariposa
y se posó sobre la colcha de la cama de mi madre,
pero en el aquel mismo momento aulló el perro en el patio.
Mi madre vio en ello
una señal nefasta.
 
Mi vida no ha sido verdaderamente tranquila
como la suya.
Pero si en los días presentes
la miro con nostalgia
como si se tratara de marcos vacíos
en un muro polvoriento,
fue maravillosa.
 
No puedo olvidar
muchos momentos
que fueron como flores luminosas
de todos los colores y matices
y los atardeceres llenos de perfume
que parecían racimos de uva negra
ocultos entre las hojas de la oscuridad.
 
Apasionadamente he leído poemas
y he amado la música
y me he perdido, siempre en el asombro,
de belleza en belleza.
Mas apenas vi por primera vez
la imagen de una mujer desnuda,
empecé a creer en los milagros.
 
La vida pasó deprisa.
Fue demasiado corta
para mis deseos
que no tenían fin.
 
Antes de que pudiera darme cuenta
se acercó el final de la vida.
 
La muerte abrirá pronto mi puerta de una patada
y entrará.
Del susto y el horror contendré entonces
el aliento
y se me olvidará respirar.
 
¡Ojalá no me niegue
poder aún besar las manos
de aquélla que pacientemente acompañó mis pasos
y anduvo, anduvo, anduvo,
y amó más que nadie!


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CONSIGNA DE ESCRITURA

¿Adiviná? Sí señor, sí señora, sí señore. Escribite un poema con un fragmento de tu autobiografía.  Para cerrar con poesía. Eso sí, te traje una ayudita en papel... 
La semana próxima cambiamos de asunto, así que... si se animan... jijiji. 


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LA MUSIQUITA DE HOY



Bueno, terminé riéndome con un JIJIJI así que allá vamos, con este homenaje al Míster. Haciendo clic en jijiji

jueves, 20 de agosto de 2026

25 ~ La falsa autobiografía

 

LA FALSA AUTOBIOGRAFÍA


Hasta ahora vimos cómo Molloy se escribe a retazos, cómo Arlt se inventa para reírse de sí mismo; sabemos que se escriben también poemas autobiográficos. Bueno, ahora vamos a hacer lo contrario: le vamos a robar la primera persona a otro y le vamos a inventar una vida que nunca tuvo, pero que le calce a la perfección.



 
Van a escribir la autobiografía de alguien que no son ustedes. En primera persona. Como si fueran esa persona recordando su vida.
 
►Condición 1: Tiene que ser alguien conocido. Real, histórico, de la tele, mitológico. Gardel, Evita, Borges, Messi, Cleopatra, el Correcaminos.
 
►Condición 2: Todo lo que cuente tiene que ser rigurosamente falso. Pero contado con la seriedad y la nostalgia de una autobiografía verdadera.
 
►Condición 3: Tiene que haber al menos un dato real infiltrado que funcione como señuelo.
 
 
Título: "Yo, [Nombre del personaje]"
 

Un ejemplo:  
Yo, Frida Kahlo, en realidad nunca quise pintar. Mi sueño era ser contadora pública. Lo de las cejas fue porque se me rompió la pinza en 1923 y decidí dejarlo así por practicidad.


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LOS TEXTOS DE USTEDES

Andrea

Yo, Mafalda

Soy una niña de 6 años. Vivo con mis padres y con mi hermanito Guille. Tengo sendas diferencias con mi madre. No me gusta para nada como me peina. Heredé el abundante cabello de ella y me gustaría tenerlo largo, para hacerme dos colitas como mi prima Patora, la hermana de Patoruzú. Pero la guerra contra los piojos que ha emprendido mi madre no admite un largo de cabello que supere los hombros. Encima me corona la cabeza con un moño que dista mucho de ser un adminículo propio de una persona pensante, es decir con un coeficiente intelectual superior al común, como es mi caso. Siempre me viste igual, con vestidos. A pesar que le imploro que quiero usar pantalones, ella me dice que las niñas buenas y obedientes usan pollera. En primer lugar yo no soy ni buena ni obediente, soy orgullosamente rebelde. En segundo lugar para mi es una gran desilusión que mi madre sea un exponente del patriarcado. Mujeres con pollera y hombres con pantalones, me da pudor de solo pensarlo. Y para terminar con la parte física me hace usar unos zapatos Guillermina que exacerban mis regordetes empeines que distan mucho de los de Cenicienta. Es inútil, nací en 1964, época en la cual tener criterio propio es impropio para los niños. Gracias a todas estas inconformidades que siento, puedo con elegancia hacerle saber a mi mamá, con mucha sutileza, que capaz no está viviendo la vida que quisiera y ese es mi pequeño desquite.

Sobre mi padre es muy poco lo que tengo para decir. Casi no lo veo porque trabaja mucho. En verdad no sé para qué, porque de familia de clase media baja no salimos nunca. Me da mucha ternura su ingenuidad, su inocencia. Casi siempre ante mis cuestionamientos solo responde con una cara de desconcierto que me llena de amor. Y si, soy una nena de papá, y con mucho orgullo.

Mi hermanito Guille vino a este mundo con una única tarea, la de complicar mi existencia y lo logra con creces. No puedo comprender como viniendo después que yo en esta vida, no haya progresado la humanidad y este nuevo exponente es un ser al que le gusta la sopa. No resiste análisis. Si encuentro a la cigüeña que lo dejo en casa juro que le tiro con la gomera.

Mi vida es complicada. Porque el mundo está cada vez más complicado. Y como se ha tomado por costumbre que yo sea la voz que pone de manifiesto las incoherencias que estamos viviendo, con humor, sarcasmo e inteligencia, me agoto. Yo de verdad quisiera ser como las otras nenas que juegan y no buscan otra cosa más que divertirse. Que no analizan todo. Que ni saben que hay guerras, niños que se mueren de hambre, que no existe la justicia social, ni que viven en un país que lo están vendiendo de a poquito. Que no sufren porque no ven, no ven a su madre que se siente frustrada o no ven a su padre que se siente fracasado. Me gustaría solo preocuparme por ganar al elástico, o ser la campeona de la soga, sin sentir que estoy perdiendo el tiempo. Hamacarme bien fuerte y mirar al cielo sin pensar en el cambio climático. Comer con felicidad un pancho con mucha mostaza sin inquietarme por el contenido con el que está hecha la salchicha. Jugar al ludo matic, sin que me persiga la idea que es un juego frívolo y que en su lugar tendría que estar jugando al ajedrez.

Mi amigo Manolito me dijo una vez: ¿Justo a mí me tenía que tocar ser yo? Y es exactamente eso  lo que me pasa. Quizas cuando crezca consiga la inmadurez necesaria para no cuestionarme y vivir como un verdadero adulto informándome solo por las redes que son las que tienen la última verdad. Estaré en lo cierto?

 

Claudia S

Yo, Mary S

   Yo, Mary S, amaba los cuentos tradicionales para niños. Nunca me gustaron los vestidos con escotes llamativos. Fui abogada de las familias parisienses. Profesión que me ayudó a sobrellevar penurias económicas. Siempre soñé con ser reconocida por mis casos judiciales, pero no lo fui. Nunca me casé y no tuve hijos. Viví con mi madre hasta casi los treinta años. A dicha edad me fui a vivir a una cabaña con mis amigas. Me desvivía por encontrar en la naturaleza, la inspiración para algún tipo de arte. Carecía de las herramientas para la escritura y nadie en mi familia se había dedicado a las Letras.

    Años después, cuando cumplí sesenta, alguien me confesó una verdad. Ese ser tan diminuto y de extremada belleza decía ser mi hijo literario y venía a rescatarme. Mi madre, con la que compartimos el mismo nombre, reconoció en él, su odisea por encontrarme.

 

Sabri

Yo, Steve Jobs

O como me conocen en habla hispana “Esteban trabajos”. Desde que nací tuve el estigma de ser un trabajador. Toda mi familia en realidad siempre ha sido perseguida por ese prejuicio. No nos podemos desligar del apellido así no más. entonces hemos tenido que demostrarle al mundo que los Jobs somos trabajadores. No podía haber entre nosotros un pintor, un filósofo, un comediante, ni un informático. Todos estábamos obligados a tener trabajos formales, que dejen dinero y que la gente nos vea ocupados en múltiples tareas. Por eso cuando me quise dedicar a la informática en mi casa pusieron el grito en el cielo. ¿Cómo iban a tener un hijo que lo único que hiciera fuera jugar con una máquina de escribir con pantalla? No era bien visto que con mis amigos nos juntáramos todos los días en el garage de mi casa a hacer cosas de tecnológicos. “Este necesita una novia” escuché decirles a mis padres. Por eso empezamos a fingir que arreglábamos autos y motos.

Cada día, al llegar mis amigos a casa, con mucho asco, nos pasábamos por la cara y el dorso de las manos un trapo sucio que habíamos conseguido del cobertizo de un vecino trabajador. Para que no nos vieran salir del garage limpitos, también teníamos el recaudo de despeinarnos y de usar siempre las mismas camisas a cuadros previamente manchadas en una estación de servicio (habíamos aprovechado lamparones de gasoil del piso para tal fin). Para coronar nuestra puesta escena, habíamos logrado grabar, con nuestros dotes tecnológicos, el audio del motor de un auto regulando y acelerando y otro de una moto. Así, reproducíamos los audios a todo volumen intercalando moto, moto, auto, moto, auto, moto, auto, auto. Nadie sospechaba que dentro de ese garage no había ni una llave cruz, ni un crique, ni una sola gota de aceite.

Esos ruidos de motores fueron lo más molesto de nuestra farsa porque no nos dejaban pensar. Hasta que se me ocurrió que nos pusiéramos tapones en los oídos; pero no nos escuchábamos entre nosotros. Entonces ideé un sistema de señas para cuando habláramos de frente y para cuando hiciéramos la puesta en común en nuestra pizarra de brainstorming. Y para poder hablarnos mientras mirábamos nuestros monitores, creé un sistema en donde cada uno podía enviarle al otro un mensaje en tiempo real, el cual aparecería en el costado inferior derecho de la pantalla y desde allí respondería sin sacar los ojos del monitor. Fue altamente aceptado por mis compañeros de garage, entonces decidí ponerle un nombre. Para eso me gustaba la idea de usar otro idioma que no sea el inglés, para no parecer tan estadounidencecentrista. Entonces usé el español para llamar a este sistema “ABLEMOS POR PANTALLA LIBRE de ESTRUENDOS”. Después de un tiempo, unas amigas con las que hablaba medio borracho en un bar y a las que les estaba contando mi más reciente creación, me dijeron que “ablemos” estaba mal escrito, que en español se escribe “hablemos”, con hache. Pero como ya había mandado a hacer carteles y stickers decidí bautizar a mi compañía como Apple, aprovechando que significa manzana en mi idioma y listo.

Cuando mi negocio creció y mi familia se enteró a lo que me dedicaba realmente, agradecieron que ya no pusiera a todo volumen los audios de los motores. Al tiempo mi fama fue tal que hasta me vi en posters con frases motivacionales que jamás dije. Fue ahí que pensé en que debía cambiar la historia del nombre Apple, que no se supiera jamás de ese bochornoso error idiomático. Entonces empecé a decir en entrevistas que había elegido ese nombre por la manzana mordida, porque es el símbolo del conocimiento, la sabiduría, el descubrimiento, la rebeldía... y todos se la creyeron.

 

Adri

Por el ojo de la cerradura

Ella miraba por la ventana con un binocular y se le dilataban las pupilas cuando veía al morocho de anteojos que vivía en el tercero D del edificio cruzando la calle. Él parecía no ver nada de nada, porque achinaba los ojos para mirar la pantalla de la computadora aún con los lentes puestos, y se movía con indiferencia, aunque a veces a mí me parecía que miraba de reojo hacia el departamento de ella, como si supiera que lo espiaba y le gustara el juego de la espía y el espiado. Yo por mi lado, espiando por el ojo de la cerradura podía relojear a mi antojo lo que pasaba del otro lado, y disfrutaba doble sabiendo que ninguno de los dos veía la posibilidad de que alguien más los estuviera viendo, mucho menos alguien como yo.

La rutina se repetía, me acomodaba para mirar por la cerradura a esa mujer, que miraba con binoculares a ese hombre de anteojos, que la miraba de reojo simulando no verla, y ella terminaba con los ojitos brillantes y unas ojeras cada vez más azules.

Hasta que una tarde de verano el salió al balcón, dirigió la mirada directamente hacia ella, giñó un ojo y tiró un beso al aire. A ella se le cayeron los binoculares, se tapó los ojos con las manos, corrió hasta la cama, se puso anteojeras como si la luz del sol la cegara y por un rato se le nublaron la vista y las ideas. Yo también me asusté y corrí a esconderme como si hubiera sido visto robando.

Al día siguiente dudé, pero la curiosidad me ganó y volví a espiar. Esta vez por un agujero que había en la puerta que estaba rota, y se podía ver cómodamente hacia adentro de la habitación. No había nadie, los binoculares estaban sobre la cama y había ropa desparramada por el suelo. Junté coraje, abrí la puerta y entré sigilosamente, atravesé el cuarto, salí al balcón y ahí estaban los dos, mirándose tiernamente, ella entornando los parpados como si los ojazos de él la encandilaran y él con su mirada seductora y su mejor gesto de ganador. Quedé embobado y un poco celoso ante tan empalagosa escena, hasta que por el rabillo del ojo alcancé a ver una sombra que se acercaba y al girar sobre mis pies me encontré de frente con la felina mirada amenazante. El maldito gato me corrió por todo el departamento, pero por suerte fui más veloz y llegué a meterme otra vez al ropero por el agujero de la puerta, a la vez que ella salía de su ensoñación romántica y le gritaba al gato ¡TOM, quédate quieto, vas a romper todo! A mí ni siquiera me vio.

Desde ese día tengo pesadillas, sueño que me quedo ciego y soy atravesado por un rayo que sale de los ojos del gato. Estoy buscando nuevo departamento para mudarme, éste ya me aburrió. A simple vista me gustó el noveno B, tiene alacenas vidriadas dispuestas en panóptico, desde donde se ven todos los rincones de la casa.

Claro que antes de salir tendré que mirar por el ojo de la cerradura para asegurarme de que el gato esté bien dormido.   

 

Amor imposible

Esa criatura pequeña y frágil, con sus tonos dorados, su vos de soprano y sus ojitos inocentes es realmente el amor de mi vida. Se que puede sonar confuso lo que digo, porque tantas veces lo perseguí, hasta hacerlo sentir en riesgo, y lo peor es que muchas personas me vieron acosándolo.

Acoso es una palabra muy fuerte, aunque debo admitir que me cuesta mucho controlar mis impulsos y que mis acciones descontroladas, hicieron pensar a quien me veía abriendo la boca como un loco cerca de él, que quería comérmelo. Pero juro que nunca jamás quise lastimarlo, de hecho, al sol de hoy él está radiante como siempre, sin un solo rasguño. 

Realmente no sé qué hacer con este amor, tampoco sé que quiere él. A veces parece esperar que me acerque, lo escucho cantar y siento que sus hermosas armonías son para mí. Esos son los momentos en los que siento que vale la pena estar vivo. Los prejuicios no me importan, ni que seamos del mismo género, ni que pertenezcamos a diferentes razas, clase social o religión.

Entonces comienzo a acercarme, tratando de doblegar mi temperamento pasional, lo más suavemente posible, mientras el me mira con ternura, con esa inocencia que me hace desearlo más, y cuando casi puedo rosarlo, abre más grandes los ojos, me mira de frente, y con su vocecita aflautada grita: “me parece que vi un lindo gatito” y se acaba el idilio. En un instante estoy corriendo por la casa escapando de los escobazos de ella, que me corre hasta la calle para evitar que me lo coma, y esa noche duermo afuera.



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LA MUSIQUITA DE HOY
 



En la lista de ejemplos puse a Cleopatra y... sí, aparecieron en mi memora los Twist y "cuál es tu tumba, tu tumba..." Supongo que se tratará de una fasa autobiografía, no me la imagino bailando twist... 
Así que aquí está, Cleopatra, la reina del twist
 

jueves, 13 de agosto de 2026

24 ~ Autobiografías: Roberto Arlt







Seguimos leyendo autobiografías y nos vamos a otra época y a otro estilo. Con ustedes, Roberto Arlt. Fue novelista, dramaturgo, cuentista, periodista e inventor argentino.
Algunas de sus obras: El juguete rabioso, Los siete locos, Los lanzallamas, El amor brujo (novelas); teatro, entre otras, La isla desierta; muy conocido por sus aguafuertes, que se publicaban semanalmente en el diario El Mundo y fueron editadas en libros: Aguafuertes porteñas, Aguafuertes cariocas, Aguafuertes patagónicas, etc.



Autobiografías humorísticas de Roberto Arlt

Originariamente en: Don Goyo, n.º 63 (14/12/1926).

 

Me llamo Roberto Godofredo Christophersen Arlt, y he nacido en la noche del 26 de abril de 1900, bajo la conjunción de los planetas Mercurio y Saturno. Esto de haber nacido bajo dicha conjunción es una tremenda suerte, según me dice mi astrólogo, porque ganaré mucho dinero. Mas yo creo que mi astrólogo es un solemne badulaque, dado que hasta la fecha no tan sólo no he ganado nada, sino que me he perdido la bonita suma de diez mil pesos.

Además, por la influencia de Saturno aquí habla mi astrólogo tengo que ser melancólico y huraño, y no sé cómo hacer para estar de acuerdo con dicho señor y mi planeta, ya que colaboro en una revista que es humorística y no melancólica.

Ahora bien: Como el señor Director de Don Goyo me ha asegurado que hasta que Kublatrán y la Nigricia recibe cartas pidiéndole detalles de mi maravillosa existencia, no tengo inconveniente en complacer a tantas lectoras lejanas.

He sido un enfant terrible.

A los nueve años me habían expulsado de tres escuelas, y ya tenía en mi haber estupendas aventuras que no ocultaré. Estas cuatro aventuras pintan mi personalidad política, criminal, donjuanesca y poética de los nueve años, de los preciosos nueve años que no volverán.


Yo y Ferrer

Aunque parezca mentira, ya tenía un concepto profundo de lo que era política internacional y derecho privado y social.

En esa época fue cuando en Montjuich (España) fusilaron a Ferrer, el fundador de la Escuela Moderna. Este hecho, comentado por mis padres, me indignó de tal forma que, fabricando con papel barrilete una bandera española, resolví vengarlo a Ferrer. Al efecto, colocándole un asta a la bandera, seguido de todos los vagos del barrio, me coloqué frente al almacén de un asturiano bruto, y en medio de la gritería de los muchachos incendié el símbolo español. Luego, de una pedrada, le rompí al comerciante un vidrio del escaparate, y huí contento, seguro de que Ferrer, desde el cielo, aplaudía mi desagravio


Jefe de la Mano Negra
En aquellos días se hablaba mucho de los procedimientos de la Mano Negra para extorsionar a los que amenazaba. El asunto me interesó de tal forma que resolví hacer la prueba, y escogiendo como víctima a una señora vecina que sufría terribles ataques de epilepsia, le escribí una carta en la cual la informaba que si no ponía mil pesos en un árbol de su jardín, una noche de esas la degollarían. Al final de la esquela había impreso con betún una descomunal mano negra, y eso ya no parecía una carta, sino el mensaje de un carbonero con oficial residencia en el infierno.

Cuando la pobre señora leyó el brulote, fue tal el susto que recibió, que le sobrevino un ataque del que casi se muere. Su esposo, que averiguó que yo era el autor del desaguisado, me hizo dar por mi padre una formidable paliza, y desde aquel día las comadres del barrio murmuraron que yo moriría en la cárcel porque tenía madera de futuro ladrón.


Mi primer amor
Era pecosa y bizca, pero yo la creía más hermosa que la luna, y por eso le escribí esta carta:

Señorita: Escapémonos al mar. Vestido de terciopelo negro la voy a llevar a mi barco pirata. Juro por el cadáver de mi padre ahorcado que la amo. Suyo hasta la muerte: Roberto Godofredo, caballero de Ventimiglia, señor de Rocabruna, capitán del ballenero «El Taciturno».

Todos estos nombres los había tomado de una novela de Salgari. Pues, ¿creerán ustedes?, la madre de esta pelandusquita, habiendo secuestrado la carta, casi me hace procesar por corruptor de menores.


Mi personalidad literaria
Yo soy el primer escritor argentino que a los ocho años de edad ha vendido los cuentos que escribió.

En aquella época visitaba la librería de los hermanos Pellerano. Allí conocí, entre otros, a don Joaquín Costa, distinguido vecino de Flores. El señor Costa, que conocía mis aficiones estrambóticas, me dijo cierto día:

Si traes un cuento te lo pago.

Al siguiente domingo fui a verlo a don Joaquín, ¡y con un cuento!

Recuerdo que en una parte de dicho esperpento, un protagonista, el alcalde de Berlín, le decía a un ladrón que, escondido debajo de un ropero, no podía moverse:

–¡Infame, levanta los brazos al aire o te fusilo!

A don Joaquín lo impresionó de tal forma mi cuento que, emocionado, me lo arrebató de las manos, y prometiéndome leerlo después me regaló cinco pesos.

Y ese fue el primer dinero que gané con la literatura.

Lo que he hecho después de los diez años de edad ocuparía, sin exagerar, diez volúmenes. Y mejor es terminar aquí.



Autobiografía

Originariamente en: Crítica (28/12/1926).

Me llamo Roberto Christophersen Arlt, y nací en una noche del año 1900, bajo la conjunción de los planetas Saturno y Mercurio. Me he hecho solo. Mis valores intelectuales son relativos, porque no tuve tiempo para formarme. Tuve siempre que trabajar y en consecuencia soy un improvisado o advenedizo de la literatura. Esta improvisación es la que hace tan interesante la figura de todos los ambiciosos que de una forma u otra tienen la necesidad instintiva de afirmar su yo.

Creo que la vida es hermosa. Solo hay que afrontarla con sinceridad, desentendiéndose en absoluto de todo lo que no nos hace mejores, pero no por amor a la virtud, sino por egoísmo, por orgullo y porque los mejores son los que mejores cosas dan.

Actualmente trabajo una novela que se titulará Los siete locos, un índice psicológico de caracteres fuertes, crueles y torcidos por el desequilibrio del siglo.

Mis ideas políticas son sencillas. Creo que los hombres necesitan tiranos. Lo lamentable es que no existan tiranos geniales. Quizá se deba a que para ser tirano hay que ser político y para ser político, un solemne burro o un estupendo cínico.

En literatura leo solo a Flaubert y a Dostoyevski, y socialmente me interesa más el trato de los canallas y los charlatanes que el de las personas decentes.



Autobiografía

Originariamente en: José Guillermo Miranda Klix (comp.), Cuentistas argentinos (1921-1928), Buenos Aires, Claridad, 1929.

 

He nacido el 7 de abril del año 1900.

He cursado las escuelas primarias hasta el tercer grado. Luego me echaron por inútil.

Fui alumno de la Escuela de Mecánicos de la Armada. Me echaron por inútil.

De los 15 a los 20 años practiqué todos los oficios. Me echaron por inútil de todas partes.

A los 22 años escribí El juguete rabioso, novela. Durante cuatro años fue rechazada por todas las editoriales. Luego encontré un editor inexperto.

Actualmente tengo casi terminada la novela Los siete locos. Me sobran editores.

Lecturas actuales: Quevedo, Dickens, Dostoyevski y Proust.

Curiosidades cínicas: Me interesan entre las mujeres deshonestas, las vírgenes, y entre el gremio de los canallas, los charlatanes, los hipócritas y los hombres honrados.

Certidumbres dolorosas: Creo que jamás será superado el feroz servilismo y la inexorable crueldad de los hombres de este siglo.

Creo que a nosotros nos ha tocado la horrible misión de asistir al crepúsculo de la piedad, y que no nos queda otro remedio que escribir deshechos de pena, para no salir a la calle a tirar bombas o a instalar prostíbulos. Pero la gente nos agradecería más esto último. El hombre en general me da asco, y tengo como única virtud el no creer en mi posible valor literario sino cinco minutos por día.




Autobiografía

Originariamente en: 
Mundo Argentino (26/8/1931).

 

Filiación: Edad, 31 años, estatura 1,73 m. Cabello castaño. Ojos negros. Sabe leer y escribir. Signos particulares: algunas faltas de ortografía.

Obra realizada: 3 novelas, 20 volúmenes de impresiones porteñas en el diario El Mundo. Premio Municipal.

Instrucción: Tercer grado de las escuelas primarias.

Oficios: varios.

Filiación psíquica: Humor cambiante.

Necesidades: reducidísimas.

Ideales: ninguno.

Convicciones: ninguna.

Cosas que le interesan: los hombres cuando tienen historia, las mujeres cuando se dejan leer, los libros cuando están bien escritos.

Defectos: Vanidoso como todos los autores. Susceptible, desconfiado, a veces injusto. Egoísta.

Virtudes: Sinceridad absoluta. Fe en sí mismo. Aceptación tranquila de todo fracaso y desilusión. Voluntad desarrollada.

Posibilidades: Si trabaja con asiduidad y no se deja marear por el éxito fácil, será un escritor de alcances sociales estimables.

Juicios externos: Según algunos, un cínico, para otros un amargado: y para mí mismo, un individuo en camino a la serenidad interior definitiva.


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CONSIGNA DE ESCRITURA

Vas a escribir humorísticamente una parte de tu autobiografía, usando alguno de los estilos que leímos en Arlt.


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LOS TEXTOS DE USTEDES



Andrea
Mi universo

Fui una niña muy soñadora. Recuerdo tener mi mundo propio. Creo que comenzó gracias al limonero que teníamos en mi casa. Fue un maravilloso descubrimiento. Al mudarnos del departamento a la casa, el jardín era mi refugio. Y en las ramas del limonero construía mis historias. Me trepaba hasta la  rama más alta en la que me podía recostar. Aprendí a no tenerle miedo a las alturas y así poder observar todo desde otro lugar. Me fascinaba ver el trabajo laborioso de las hormigas. Para mi eran muy felices, iban juntas en fila. Recuerdo como las seguía desde el árbol hasta su cueva. Me preguntaba si eran una sola familia o varias familias amigas. Tan alegres las sentía que me imaginé que no verían noticieros por la televisión. Eran tan aburridos, pero en casa la hora de las noticias se respetaba. Eso no me gustaba para nada, por eso intuí que el papá hormiga no obligaba a su familia a ver esos programas.
Cuando fui un poco más grande mi universo se amplió en la plaza Plate. Era un verdadero mundo, además de las hamacas, toboganes y sube y baja había un sector que exploré totalmente. Empezaba con una escalera que no era fija, cada escalón estaba enganchado por dos cadenas una a cada lado, o sea que al subir se movía. Fue desafiante, porque el aprendizaje en el limonero era estático. Descubrí que me fascinaba ese vaivén, el cual tuve que dominar para pasar a los caños de al lado que formaban una “hache”. Pasaba primero una pierna y luego la otra para quedar sentada en el caño paralelo al piso. Ahí sujetada por las rodillas dejaba caer mi tronco y mis pelos largos, junto con mis brazos extendidos tocaban la arena. Luego me incorporaba con mis brazos y dejaba caer el tronco, como parada y daba una vuelta hacia adelante y otra hacia atrás. Increíble como la articulación del hombro rotaba. Me volvía a sentar en el caño y me desplazaba hacia el trapecio. Me hamacaba y cuando lograba una velocidad media me dejaba deslizar y vuelta la cabeza hacia el suelo y me sujetaba por las rodilla, pero ahora iba y venía. Cuanta libertad, y que maravilloso ver el mundo patas para arriba. Me volvía a incorporar y me pasaba a las argollas. Una para cada pierna y vuelta a hamacarme sentada y otra vez boca abajo. Era más difícil que con el trapecio, porque si las piernas no iban igual y se separaban, no era muy cómodo. Luego bajaba y daba por terminada mi rutina de …TRAPECISTA. Recuerdo que a veces la gente me miraba y al terminar me aplaudían. ¿Qué vas a ser cuando seas grande? Trapecista, contestaba sin lugar a dudas.
Pero no solo era el circo mi universo. En el comedor de mi casa había, hay, aún hoy un tocadiscos Ranser estéreo. Mi mamá compraba laos discos de Alta tensión y Música en libertad. Y yo imitando a las chicas del programa de televisión bailaba y bailaba, un disco, otro, hasta que me llamaban para cenar. Esas chicas de la tele con mini shorts y botas me fascinaban. Yo, con mis siete años recién cumplidos pedí de regalo esa ropa. Mi padre se río a carcajadas y solo dijo “estás loca, vos sos una nena”. ¡Que bronca! Pero duró poco esa rabia porque para el acto de fin de año, la señorita llama a mi madre para decirle que segundo grado iba a bailar el RACATACATACA de Donald, coreografía que me sabía a la perfección. Por lo tanto yo estaba en primera fila y tenía que llevar un mini short rojo y botas blancas hasta las rodillas. Y así fuimos a comprar la ropa, a la que le agregué una vincha blanca y un cinturón blanco con argollas doradas y flecos, ante la mirada vencida de mi padre. Y lo mejor fue que no se hizo el acto en el patio del colegio. La escuela secundaria que estaba al lado nos prestó su salón de actos. Así que actuamos en el escenario con luces y todo. Jamás me olvidaré de ese día, mi compañero de baile era el chico más lindo, que ni me miraba, pero si me dijo “Que bien que bailas”. Nuestra pareja era la primera y luego las otras se abrían en V hacia atrás. Sentí que brillamos, la gente aplaudió de pie, a estos niñitos que parecían adolescentes. Hasta mi papá me felicito y lo mejor que yo ya tenía la ropa para usarla cuando quisiera.  
 

Claudia S.

Me llamo Claudia Graciela Sánchez, pero me dicen la Sandoval, será porque ambos apellidos son artísticos. El primero de modelo publicitaria y el otro de actriz de televisión. Participé a los diez años en un programa de entretenimiento desfilando con vestidos antiguos. Luego, en el secundario lo hice en una sociedad de fomento.
El paso por la fama fue breve. Había que seguir estudiando y al mismo tiempo trabajar. Mi primer trabajo fue como vendedora de zapatos, una Pepa Argenta de esos años. Duré lo que duró el comercio ya que tuvo que cerrar en menos de tres años.
En los horarios libres estudiaba Inglés de manera individual o grupal. De adulta, descubrí la literatura y empecé a escribir textos en español.
Me gustan los programas de concursos, especialmente los españoles. Pero, si tuviera que participar me costaría más caro el pasaje a España, que el dinero que ganaría.
Tengo como red social solo Facebook y mi grupo familiar ni siquiera eso.
No miro noticieros y si tengo que sentarme en un café o restaurante me aseguro de no tener que soportarlos.
Soy bastante antisocial. No puede faltar en mi cartera un libro, los auriculares y el celular cuando viajo en colectivo. La lectura funciona como placer e impedimento de cualquier intento de alguien en mantener una conversación. La música como recurso aislante de comentarios nocivos. Los textos de Schweblin y Enriquez son mis favoritos y los uso como separadores del mundo real. Aunque debo reconocer que entre sus ficciones y el presente, la diferencia es escasa.
 

Adri
¿Contradictoria yo?
 
¿Qué puedo decir de mí misma que no caiga en lugar común, que no suene pedante, cursi, o demasiado indulgente?
Soy amiga de la contradicción, aunque a veces la odio.  También siento que soy equilibrada, o que tengo habilidad para hacer equilibrio entre el pesimismo que me grita en la cara que este mundo es una mierda y un optimismo que me permite tener cierta fe en la vida.
Soy fácil, soy tan fácil que me complico la vida, tengo la manía de ser complaciente, lo que termina haciendo para mi cualquier cosa menos placentero el momento en el que me la paso complaciendo.
Soy paciente, hay quien dice que tengo una paciencia china. Pero todo tiene un límite, la cagada es que lo entiendo tarde, entonces vuela todo por el aire y me convierto en el monstruo de tres cabezas, el temible Cancerbero. Ahí es cuando dicen que tengo la mecha corta.
Soy introvertida, mi mundo interior es infinitamente divertido, lleno de reflexiones y pensamientos profundos, tan profundos que se convierten en sarcásticos en un santiamén. Lo que más me divierte es la gente que habla y habla mientras yo parezco escuchar con atención, pero lo que estoy pensando va por vías que, si mis pensamientos se oyeran en voz alta, terminarían ofendidas.
Cuando era chica tenía una timidez que dolía, hasta que de joven encontré el teatro y la actuación me cambió la vida. ahora estoy bastante vieja y cada vez más desfachatada, me rio de mí misma con facilidad, si me cuesta decidirme a veces utilizo una frase que no sé dónde escuche, pero la hice mía: si a mí me gusta y al otro no le duele, ¡vamos con el bambi!
 

 Claudia V.
¿AUTOBIOGRAFÍA?
 
Me llamo Claudia Cecilia. Cecilia por mi madre, Claudia por acuerdos paternos. ¡Gracias a Dios! Porque la otra opción era PAMELA que suena más a nombre de guerra
Bueno… quizás no hubiera sido tan terrible guerrear un poco. A mis casi 70 puedo decirlo. ¿Estaré a tiempo?
Nací un día domingo, día descanso, aunque no dejé de descansar a nadie y menos a mi madre.
A los nacidos en domingo, deberían darle descanso extra en la semana, teniendo en cuenta el trabajo que tuvieron ese día. Preferentemente, que sea el día lunes, así no existe y lo podemos borrar del almanaque. No hay nada más deprimente que un día lunes.
(¡Menos mal que no me llamaron Dominga!)
La fecha: un 29. Día de los ñoquis. La verdad que de eso también tardé en darme en cuenta. ¡Qué bien hubiera pasado la vida descansando!... y… al mismo tiempo… cobrando. Pero no, ¡no me avivé y trabajé! Hay cosas que se mantienen ocultas para no avivar giles. Y yo fui una gila, creí que los ñoquis sólo se amasaban
El planeta que me rige según el zodíaco es Venus. ¡¡Epa!! ¡¡Venus! Como la diosa del amor y la belleza.
 ¿Vos decís?
 Además, me representa una balanza. ¿Enserio que soy equilibrada?
En el horóscopo chino, soy GALLO; pero no cualquier gallo, ¡¡GALLO DE FUEGO!! No sólo te picotea, sino que también te quema. ¡Mmmmm! Será por eso que soy una poco cocorita, aunque creo que más que gallo soy apenas una bataraza.
Y como si todo esto fuera poco, tengo veleidades de artista. Me gusta bailar y me siento Norma Viola en el Teatro Colón, donde ella nunca bailó y después de varias vueltas me doy cuenta que el Chúcaro me dejó sola con mi ilusión.
También quiero escribir y me imagino con el sombrerito de Alfonsina y los lentes de Victoria, pero las musas no se sientan a tomar el té.
Soy lo que parezco y no parezco lo que soy.
 
 
Martín
El origen de lo que soy
 
Soy porteño por nacimiento. Bien porteño. Aunque no soy canchero y mucho menos tengo el acento de Gardel o uso un lunfardo promiscuo, tampoco ando acelerado por ahí, soy más bien tranquilo.
También soy tano, por herencia materna, recontra tano. Me gusta la pasta amasada en casa y la salsa fileto. Pero no creo que sea tan tano: cuando hablo lo hago en un tono bajo y de temperamental tengo poco o nada. 
Me siento gaucho, re gaucho, super gaucho. Gaucho de cimarrón y de la tierra.
Pero no tan gaucho: los caballos y las vacas no me gustan. Mi habilidad nula para la guitarra y las payadas me delatan.
Parte de mí se autoproclama aborigen, es la parte que no se ve, está en mi sangre. El origen incierto de una parte de mi familia está en el noroeste y las facciones de mi abuelo me dan la razón. Igualmente dudo que algo me haya llegado, mis alergias no me dejarían sobrevivir en la naturaleza.



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LA MUSIQUITA DE HOY


Un Serrat cada día no hace mal y da alegría. Hoy: De vez en cuando la vida