Seguimos leyendo autobiografías y nos vamos a otra época y a otro estilo. Con ustedes, Roberto Arlt. Fue novelista, dramaturgo, cuentista, periodista e inventor argentino.
Algunas de sus obras: El juguete rabioso, Los siete locos, Los lanzallamas, El amor brujo (novelas); teatro, entre otras, La isla desierta; muy conocido por sus aguafuertes, que se publicaban semanalmente en el diario El Mundo y fueron editadas en libros: Aguafuertes porteñas, Aguafuertes cariocas, Aguafuertes patagónicas, etc.
Autobiografías humorísticas de Roberto Arlt
Originariamente en: Don Goyo, n.º 63 (14/12/1926).
Me llamo Roberto Godofredo Christophersen Arlt, y
he nacido en la noche del 26 de abril de 1900, bajo la conjunción de los
planetas Mercurio y Saturno. Esto de haber nacido bajo dicha conjunción es una
tremenda suerte, según me dice mi astrólogo, porque ganaré mucho dinero. Mas yo
creo que mi astrólogo es un solemne badulaque, dado que hasta la fecha no tan
sólo no he ganado nada, sino que me he perdido la bonita suma de diez mil
pesos.
Además, por la influencia de Saturno –aquí habla mi
astrólogo– tengo que ser melancólico y huraño, y no sé cómo hacer para estar de
acuerdo con dicho señor y mi planeta, ya que colaboro en una revista que es
humorística y no melancólica.
Ahora bien: Como el señor Director de Don
Goyo me ha asegurado que hasta que Kublatrán y la Nigricia recibe
cartas pidiéndole detalles de mi maravillosa existencia, no tengo inconveniente
en complacer a tantas lectoras lejanas.
He sido un enfant terrible.
A los nueve años me habían expulsado de tres
escuelas, y ya tenía en mi haber estupendas aventuras que no ocultaré. Estas
cuatro aventuras pintan mi personalidad política, criminal, donjuanesca y
poética de los nueve años, de los preciosos nueve años que no volverán.
Yo y Ferrer
Aunque parezca mentira, ya tenía un concepto profundo de lo que
era política internacional y derecho privado y social.
En esa época fue cuando en Montjuich (España)
fusilaron a Ferrer, el fundador de la Escuela Moderna. Este hecho, comentado
por mis padres, me indignó de tal forma que, fabricando con papel barrilete una
bandera española, resolví vengarlo a Ferrer. Al efecto, colocándole un asta a
la bandera, seguido de todos los vagos del barrio, me coloqué frente al almacén
de un asturiano bruto, y en medio de la gritería de los muchachos incendié el
símbolo español. Luego, de una pedrada, le rompí al comerciante un vidrio del
escaparate, y huí contento, seguro de que Ferrer, desde el cielo, aplaudía mi
desagravio
Jefe de la
Mano Negra
En aquellos días se hablaba mucho de los procedimientos de la
Mano Negra para extorsionar a los que amenazaba. El asunto me interesó de tal
forma que resolví hacer la prueba, y escogiendo como víctima a una señora
vecina que sufría terribles ataques de epilepsia, le escribí una carta en la
cual la informaba que si no ponía mil pesos en un árbol de su jardín, una noche
de esas la degollarían. Al final de la esquela había impreso con betún una
descomunal mano negra, y eso ya no parecía una carta, sino el mensaje de un carbonero
con oficial residencia en el infierno.
Cuando la pobre señora leyó el brulote, fue tal el
susto que recibió, que le sobrevino un ataque del que casi se muere. Su esposo,
que averiguó que yo era el autor del desaguisado, me hizo dar por mi padre una
formidable paliza, y desde aquel día las comadres del barrio murmuraron que yo
moriría en la cárcel porque tenía madera de futuro ladrón.
Mi primer
amor
Era pecosa y bizca, pero yo la creía más hermosa que la luna, y
por eso le escribí esta carta:
Señorita:
Escapémonos al mar. Vestido de terciopelo negro la voy a llevar a mi barco
pirata. Juro por el cadáver de mi padre ahorcado que la amo. Suyo hasta la muerte:
Roberto Godofredo, caballero de Ventimiglia, señor de Rocabruna, capitán del
ballenero «El Taciturno».
Todos estos nombres los había tomado de una novela de Salgari. Pues,
¿creerán ustedes?, la madre de esta pelandusquita, habiendo secuestrado la
carta, casi me hace procesar por corruptor de menores.
Mi
personalidad literaria
Yo soy el primer escritor argentino que a los ocho años de edad
ha vendido los cuentos que escribió.
En aquella época visitaba la librería de los
hermanos Pellerano. Allí conocí, entre otros, a don Joaquín Costa, distinguido
vecino de Flores. El señor Costa, que conocía mis aficiones estrambóticas, me
dijo cierto día:
–Si traes un cuento te lo pago.
Al siguiente domingo fui a verlo a don Joaquín, ¡y
con un cuento!
Recuerdo que en una parte de dicho esperpento, un
protagonista, el alcalde de Berlín, le decía a un ladrón que, escondido debajo
de un ropero, no podía moverse:
–¡Infame, levanta los brazos al aire o te fusilo!
A don Joaquín lo impresionó de tal forma mi cuento
que, emocionado, me lo arrebató de las manos, y prometiéndome leerlo después me
regaló cinco pesos.
Y ese fue el primer dinero que gané con la
literatura.
Lo que he hecho después de los diez años de edad
ocuparía, sin exagerar, diez volúmenes. Y mejor es terminar aquí.
Autobiografía
Originariamente en: Crítica (28/12/1926).
Me llamo Roberto Christophersen Arlt, y nací en una
noche del año 1900, bajo la conjunción de los planetas Saturno y Mercurio. Me
he hecho solo. Mis valores intelectuales son relativos, porque no tuve tiempo
para formarme. Tuve siempre que trabajar y en consecuencia soy un improvisado o
advenedizo de la literatura. Esta improvisación es la que hace tan interesante
la figura de todos los ambiciosos que de una forma u otra tienen la necesidad
instintiva de afirmar su yo.
Creo que la vida es hermosa. Solo hay que
afrontarla con sinceridad, desentendiéndose en absoluto de todo lo que no nos
hace mejores, pero no por amor a la virtud, sino por egoísmo, por orgullo y
porque los mejores son los que mejores cosas dan.
Actualmente trabajo una novela que se
titulará Los siete locos, un índice psicológico de caracteres
fuertes, crueles y torcidos por el desequilibrio del siglo.
Mis ideas políticas son sencillas. Creo que los
hombres necesitan tiranos. Lo lamentable es que no existan tiranos geniales.
Quizá se deba a que para ser tirano hay que ser político y para ser político,
un solemne burro o un estupendo cínico.
En literatura leo solo a Flaubert y a Dostoyevski,
y socialmente me interesa más el trato de los canallas y los charlatanes que el
de las personas decentes.
Autobiografía
Originariamente en: José Guillermo Miranda Klix
(comp.), Cuentistas argentinos (1921-1928), Buenos Aires, Claridad,
1929.
He nacido el 7 de abril del año 1900.
He cursado las escuelas primarias hasta el tercer
grado. Luego me echaron por inútil.
Fui alumno de la Escuela de Mecánicos de la Armada.
Me echaron por inútil.
De los 15 a los 20 años practiqué todos los
oficios. Me echaron por inútil de todas partes.
A los 22 años escribí El juguete rabioso,
novela. Durante cuatro años fue rechazada por todas las editoriales. Luego
encontré un editor inexperto.
Actualmente tengo casi terminada la novela Los
siete locos. Me sobran editores.
Lecturas actuales: Quevedo, Dickens, Dostoyevski y
Proust.
Curiosidades cínicas: Me interesan entre las
mujeres deshonestas, las vírgenes, y entre el gremio de los canallas, los
charlatanes, los hipócritas y los hombres honrados.
Certidumbres dolorosas: Creo que jamás será
superado el feroz servilismo y la inexorable crueldad de los hombres de este
siglo.
Creo que a nosotros nos ha tocado la horrible
misión de asistir al crepúsculo de la piedad, y que no nos queda otro remedio
que escribir deshechos de pena, para no salir a la calle a tirar bombas o a
instalar prostíbulos. Pero la gente nos agradecería más esto último. El hombre
en general me da asco, y tengo como única virtud el no creer en mi posible
valor literario sino cinco minutos por día.
Autobiografía
Originariamente en:
Mundo Argentino (26/8/1931).
Filiación: Edad, 31 años, estatura 1,73 m. Cabello castaño. Ojos negros. Sabe
leer y escribir. Signos particulares: algunas faltas de ortografía.
Obra realizada: 3 novelas, 20 volúmenes de impresiones porteñas
en el diario El Mundo. Premio Municipal.
Instrucción: Tercer grado de las escuelas primarias.
Oficios: varios.
Filiación psíquica: Humor
cambiante.
Necesidades: reducidísimas.
Ideales: ninguno.
Convicciones: ninguna.
Cosas que le interesan: los
hombres cuando tienen historia, las mujeres cuando se dejan leer, los libros
cuando están bien escritos.
Defectos: Vanidoso como todos los autores. Susceptible,
desconfiado, a veces injusto. Egoísta.
Virtudes: Sinceridad absoluta. Fe en sí mismo. Aceptación
tranquila de todo fracaso y desilusión. Voluntad desarrollada.
Posibilidades: Si trabaja con asiduidad y no se deja marear por
el éxito fácil, será un escritor de alcances sociales estimables.
Juicios externos: Según algunos, un cínico, para otros un amargado:
y para mí mismo, un individuo en camino a la serenidad interior definitiva.
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CONSIGNA DE ESCRITURA
Vas a escribir humorísticamente una parte de tu autobiografía, usando alguno de los estilos que leímos en Arlt.
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LOS TEXTOS DE USTEDES
Andrea
Mi universo
Fui
una niña muy soñadora. Recuerdo tener mi mundo propio. Creo que comenzó gracias
al limonero que teníamos en mi casa. Fue un maravilloso descubrimiento. Al
mudarnos del departamento a la casa, el jardín era mi refugio. Y en las ramas
del limonero construía mis historias. Me trepaba hasta la rama más alta en la que me podía recostar. Aprendí
a no tenerle miedo a las alturas y así poder observar todo desde otro lugar. Me
fascinaba ver el trabajo laborioso de las hormigas. Para mi eran muy felices,
iban juntas en fila. Recuerdo como las seguía desde el árbol hasta su cueva. Me
preguntaba si eran una sola familia o varias familias amigas. Tan alegres las
sentía que me imaginé que no verían noticieros por la televisión. Eran tan
aburridos, pero en casa la hora de las noticias se respetaba. Eso no me gustaba
para nada, por eso intuí que el papá hormiga no obligaba a su familia a ver
esos programas.
Cuando
fui un poco más grande mi universo se amplió en la plaza Plate. Era un
verdadero mundo, además de las hamacas, toboganes y sube y baja había un sector
que exploré totalmente. Empezaba con una escalera que no era fija, cada escalón
estaba enganchado por dos cadenas una a cada lado, o sea que al subir se movía.
Fue desafiante, porque el aprendizaje en el limonero era estático. Descubrí que
me fascinaba ese vaivén, el cual tuve que dominar para pasar a los caños de al
lado que formaban una “hache”. Pasaba primero una pierna y luego la otra para
quedar sentada en el caño paralelo al piso. Ahí sujetada por las rodillas
dejaba caer mi tronco y mis pelos largos, junto con mis brazos extendidos
tocaban la arena. Luego me incorporaba con mis brazos y dejaba caer el tronco,
como parada y daba una vuelta hacia adelante y otra hacia atrás. Increíble como
la articulación del hombro rotaba. Me volvía a sentar en el caño y me
desplazaba hacia el trapecio. Me hamacaba y cuando lograba una velocidad media
me dejaba deslizar y vuelta la cabeza hacia el suelo y me sujetaba por las
rodilla, pero ahora iba y venía. Cuanta libertad, y que maravilloso ver el
mundo patas para arriba. Me volvía a incorporar y me pasaba a las argollas. Una
para cada pierna y vuelta a hamacarme sentada y otra vez boca abajo. Era más difícil
que con el trapecio, porque si las piernas no iban igual y se separaban, no era
muy cómodo. Luego bajaba y daba por terminada mi rutina de …TRAPECISTA.
Recuerdo que a veces la gente me miraba y al terminar me aplaudían. ¿Qué vas a
ser cuando seas grande? Trapecista, contestaba sin lugar a dudas.
Pero
no solo era el circo mi universo. En el comedor de mi casa había, hay, aún hoy
un tocadiscos Ranser estéreo. Mi mamá compraba laos discos de Alta tensión y Música
en libertad. Y yo imitando a las chicas del programa de televisión bailaba y
bailaba, un disco, otro, hasta que me llamaban para cenar. Esas chicas de la
tele con mini shorts y botas me fascinaban. Yo, con mis siete años recién
cumplidos pedí de regalo esa ropa. Mi padre se río a carcajadas y solo dijo “estás
loca, vos sos una nena”. ¡Que bronca! Pero duró poco esa rabia porque para el
acto de fin de año, la señorita llama a mi madre para decirle que segundo grado
iba a bailar el RACATACATACA de Donald, coreografía que me sabía a la perfección.
Por lo tanto yo estaba en primera fila y tenía que llevar un mini short rojo y
botas blancas hasta las rodillas. Y así fuimos a comprar la ropa, a la que le
agregué una vincha blanca y un cinturón blanco con argollas doradas y flecos,
ante la mirada vencida de mi padre. Y lo mejor fue que no se hizo el acto en el
patio del colegio. La escuela secundaria que estaba al lado nos prestó su salón
de actos. Así que actuamos en el escenario con luces y todo. Jamás me olvidaré
de ese día, mi compañero de baile era el chico más lindo, que ni me miraba,
pero si me dijo “Que bien que bailas”. Nuestra pareja era la primera y luego
las otras se abrían en V hacia atrás. Sentí que brillamos, la gente aplaudió de
pie, a estos niñitos que parecían adolescentes. Hasta mi papá me felicito y lo
mejor que yo ya tenía la ropa para usarla cuando quisiera.
Claudia
S.
Me llamo Claudia Graciela Sánchez,
pero me dicen la Sandoval, será porque ambos apellidos son artísticos. El
primero de modelo publicitaria y el otro de actriz de televisión. Participé a
los diez años en un programa de entretenimiento desfilando con vestidos
antiguos. Luego, en el secundario lo hice en una sociedad de fomento.
El paso por la fama fue breve.
Había que seguir estudiando y al mismo tiempo trabajar. Mi primer trabajo fue
como vendedora de zapatos, una Pepa Argenta de esos años. Duré lo que duró el
comercio ya que tuvo que cerrar en menos de tres años.
En los horarios libres estudiaba
Inglés de manera individual o grupal. De adulta, descubrí la literatura y
empecé a escribir textos en español.
Me gustan los programas de
concursos, especialmente los españoles. Pero, si tuviera que participar me
costaría más caro el pasaje a España, que el dinero que ganaría.
Tengo como red social solo
Facebook y mi grupo familiar ni siquiera eso.
No miro noticieros y si tengo que
sentarme en un café o restaurante me aseguro de no tener que soportarlos.
Soy bastante antisocial. No puede
faltar en mi cartera un libro, los auriculares y el celular cuando viajo en
colectivo. La lectura funciona como placer e impedimento de cualquier intento
de alguien en mantener una conversación. La música como recurso aislante de
comentarios nocivos. Los textos de Schweblin y Enriquez son mis favoritos y los
uso como separadores del mundo real. Aunque debo reconocer que entre sus ficciones
y el presente, la diferencia es escasa.
Adri
¿Contradictoria yo?
¿Qué puedo decir de mí misma que
no caiga en lugar común, que no suene pedante, cursi, o demasiado indulgente?
Soy amiga de la contradicción,
aunque a veces la odio. También siento
que soy equilibrada, o que tengo habilidad para hacer equilibrio entre el
pesimismo que me grita en la cara que este mundo es una mierda y un optimismo
que me permite tener cierta fe en la vida.
Soy fácil, soy tan fácil que me
complico la vida, tengo la manía de ser complaciente, lo que termina haciendo
para mi cualquier cosa menos placentero el momento en el que me la paso
complaciendo.
Soy paciente, hay quien dice que
tengo una paciencia china. Pero todo tiene un límite, la cagada es que lo
entiendo tarde, entonces vuela todo por el aire y me convierto en el monstruo
de tres cabezas, el temible Cancerbero. Ahí es cuando dicen que tengo la mecha
corta.
Soy introvertida, mi mundo
interior es infinitamente divertido, lleno de reflexiones y pensamientos
profundos, tan profundos que se convierten en sarcásticos en un santiamén. Lo
que más me divierte es la gente que habla y habla mientras yo parezco escuchar
con atención, pero lo que estoy pensando va por vías que, si mis pensamientos
se oyeran en voz alta, terminarían ofendidas.
Cuando era chica tenía una timidez
que dolía, hasta que de joven encontré el teatro y la actuación me cambió la
vida. ahora estoy bastante vieja y cada vez más desfachatada, me rio de mí
misma con facilidad, si me cuesta decidirme a veces utilizo una frase que no sé
dónde escuche, pero la hice mía: si a mí me gusta y al otro no le duele, ¡vamos
con el bambi!
Claudia V.
¿AUTOBIOGRAFÍA?
Me
llamo Claudia Cecilia. Cecilia por mi madre, Claudia por acuerdos paternos.
¡Gracias a Dios! Porque la otra opción era PAMELA que suena más a nombre de
guerra…
Bueno…
quizás no hubiera sido tan terrible guerrear un poco. A mis casi 70 puedo
decirlo. ¿Estaré a tiempo?
Nací
un día domingo, día descanso, aunque no dejé de descansar a nadie y menos a mi
madre.
A
los nacidos en domingo, deberían darle descanso extra en la semana, teniendo en
cuenta el trabajo que tuvieron ese día. Preferentemente, que sea el día lunes,
así no existe y lo podemos borrar del almanaque. No hay nada más deprimente que
un día lunes.
(¡Menos
mal que no me llamaron Dominga!)
La
fecha: un 29. Día de los ñoquis. La verdad que de eso también tardé en darme en
cuenta. ¡Qué bien hubiera pasado la vida descansando!... y… al mismo tiempo…
cobrando. Pero no, ¡no me avivé y trabajé! Hay cosas que se mantienen ocultas
para no avivar giles. Y yo fui una gila, creí que los ñoquis sólo se
amasaban
El
planeta que me rige según el zodíaco es Venus. ¡¡Epa!! ¡¡Venus! Como la diosa
del amor y la belleza.
¿Vos decís?
Además, me representa una balanza. ¿Enserio
que soy equilibrada?
En
el horóscopo chino, soy GALLO; pero no cualquier gallo, ¡¡GALLO
DE FUEGO!! No sólo te picotea, sino que también te quema. ¡Mmmmm! Será
por eso que soy una poco cocorita, aunque creo que más que gallo soy apenas una
bataraza.
Y
como si todo esto fuera poco, tengo veleidades de artista. Me gusta bailar y me
siento Norma Viola en el Teatro Colón, donde ella nunca bailó y después de
varias vueltas me doy cuenta que el Chúcaro me dejó sola con mi ilusión.
También
quiero escribir y me imagino con el sombrerito de Alfonsina y los lentes de
Victoria, pero las musas no se sientan a tomar el té.
Soy
lo que parezco y no parezco lo que soy.
Martín
El
origen de lo que soy
Soy
porteño por nacimiento. Bien porteño. Aunque no soy canchero y mucho menos
tengo el acento de Gardel o uso un lunfardo promiscuo, tampoco ando acelerado
por ahí, soy más bien tranquilo.
También
soy tano, por herencia materna, recontra tano. Me gusta la pasta amasada en
casa y la salsa fileto. Pero no creo que sea tan tano: cuando hablo lo hago en
un tono bajo y de temperamental tengo poco o nada.
Me
siento gaucho, re gaucho, super gaucho. Gaucho de cimarrón y de la tierra.
Pero
no tan gaucho: los caballos y las vacas no me gustan. Mi habilidad nula para la
guitarra y las payadas me delatan.
Parte
de mí se autoproclama aborigen, es la parte que no se ve, está en mi sangre. El
origen incierto de una parte de mi familia está en el noroeste y las facciones
de mi abuelo me dan la razón. Igualmente dudo que algo me haya llegado, mis
alergias no me dejarían sobrevivir en la naturaleza.
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LA MUSIQUITA DE HOY