Karina - Cómo me volví serpiente
Nací inflexible
con una incapacidad para adaptarme
no y no puedo fueron mis primeras palabras.
No me gustaba lo que
estuviera fuera de mi estructura
Cayó el cielo y no pude
más que ver
Los ojos, mis ojos, se abrieron
para mí
y a su debido tiempo me
rendí
De grande creé
una pasión por el contorsionismo mental
y me llenaba de júbilo pensar
que podía moverme de otra forma
Me volví arte, y
empecé a tener miedo
Toda mi vida creí que tenía
que seguir las reglas de los otros
Un día leí lo que había
escrito años antes
Me di cuenta de que me estaba volviendo una serpiente cambiando su piel
y de que verdaderamente un día se haría realidad.
Claudia S
Algo se
volvió posible
Nací con poca capacidad para dedicarme a
las plantas. A pesar de haber comprado muchas y poner todo mi empeño en ellas,
mi incapacidad perdura a través de los años.
Cuando era joven, mirar películas o
cualquier programa de televisión significaba una pérdida de tiempo. Ese tiempo
tenía que consistir en estar haciendo cosas útiles como un trabajo remunerado o
tareas domésticas. La tecnología no fue mi mejor amiga y aún no lo sigue
siendo. Su avance me producía cierto miedo al principio, hasta que la consideré
como una herramienta de trabajo.
Además, pensaba que no tenía espacio para
una mascota hasta que apareció mi gatita y se escondió debajo del tanque de
agua y se adueñó de toda la casa y me llenó de júbilo.
Y especialmente, creía que nunca me iba a
poder mudar a otra casa y ver a las personas caminar o correr en un día de
lluvia a través de una ventana. Ahora, me doy cuenta que estaba equivocada y
que algo tan simple como eso, muy pronto se podría hacer realidad.
Mirna
Nací entre risas y burbujas con una
incapacidad para festejar.
Un gruñido involuntario, cargado de ironía y
ternura, mezcla de decepción y alegría fueron mis primeras palabras.
No me gustaba desperdiciar el tiempo en
reuniones obligadas y charlas exigidas, pero debía asistir.
Cayó a fin de año y puntual la fecha de mi nacimiento.
Un día cayó el castillo de naipes en el que estaba viviendo; sus cimientos
estaban en la arena.
Los ojos no podían contener tanto líquido
De grande se me despertó una pasión asombrosa por las aves
Me volví loca, y empecé a replantear mi existencia.
Nací solitaria, con una incapacidad para
Cayó una lluvia torrencial cada vez que quise ir a un picnic.
Los ojos querían asombrarse, pero no me animaba a mirar
De grande descubrí una pasión por la actuación,
Me volví fanática, casi adicta al teatro y empecé a sentir
y de que verdaderamente un día se haría realidad.
Cayó para que lo mezcle, un mazo de cartas en un gesto claro, medido, detenido
muy cerca de mí.
Los ojos, como un esquema rectangular, numerológico me mostraron la vía del
tarot. Arcano, decimal, sin aparente sentido común.
Los ojos aprendieron rápidamente a
entornarse creando en mí un gesto de dureza adusta,
y a su debido tiempo supieron relajarse y
gozar de las luces de colores parpadeantes.
De grande y aun niña, armé una pasión
por los cielos encendidos
y me llenaba de júbilo que llegara
diciembre.
Me volví refulgente, y empecé a
construirme.
Toda mi vida creí que brillar era
indispensable para ser reconocido.
Un día leí que estar cerca de las luces
puede hacer que desaparezcas a los ojos de los otros.
Me di cuenta de que me estaba volviendo
invisible,
y de que verdaderamente un día se haría
realidad.
Claudia V.
Nací batalladora y curiosa, con una
incapacidad para hablar sin emoción ni para florear cualquier discurso.
Fueron mis primeras palabras: ¿estuve linda?
Como una necesidad imperiosa de reafirmar mi autoestima.
No me gustaba la leche
Cayeron más lágrimas que gotas en el mar.
¡Una exageración!
Los ojos
nunca se aclararon pese a la genética y creí que la vida iba en una sola
dirección.
Y a su debido tiempo aprendí que no era
importante
De grande
entendí a mi madre
una pasión por sólo por vivir lo que la vida
me ofrecía.
Me volví
altiva y empecé a ser incapaz de
entender los sentimientos y emociones de los demás
Toda mi vida creí que la verdad era una sola,
irrebatible, objetiva
Un día leí que la realidad no es una
Me di cuenta que me estaba volviendo un poco
más humana y por qué no, un poco más sabia
Y de que verdaderamente un día de se haría
realidad.
--------------------------------------------------------------------------
Nací muy fea, decía mi madre y
ante esas palabras, nacía en mí la incapacidad por florear cualquier expresión,
ante cualquier cosa que quisiera decir. A veces, más allá de la intención, las
palabras encierran mucha crueldad que desconocemos y pueden hacer mucho daño.
Creía que la verdad debía estar
ante todo y que esa verdad era una sola, irrebatible y objetiva y que, si yo
podía verla, todos lo harían. También creía que la vida iba en una sola
dirección. Me volví altiva, ignorando la existencia de sentimientos y emociones
ajenas.
No me gustaba la leche, el
símbolo más grande de amor, que podía entregar mi abuela.
Mis ojos siempre fueron oscuros
pese a la genética y a su debido tiempo aprendí que no era importante, como
tampoco lo era ser dueña de esa verdad que no es una, sino que depende de la
realidad de cada uno.
De grande entendí a mi madre y
todo aquello que escondían sus lágrimas. Aprendí a perdonarme y fue que me di
cuenta que me estaba volviendo un poco más humana y, porque no, un poco más
sabia.
Sabri
Cómo
me volví irreconocible
Nací
seria, con la incapacidad de falsificar sonrisas.
No
me gusta, fueron mis primeras palabras. No me gustaba
nada el mundo al que me habían traído.
Un día cayó el castillo de naipes en el que estaba viviendo; sus cimientos
estaban en la arena.
Los ojos no podían contener tanto líquido
y
a su debido tiempo terminé cosas que nunca había empezado.
De grande se me despertó una pasión asombrosa por las aves
y
me llenaba de orgullo descubrir una especie que nunca había visto u oído.
Me volví loca, y empecé a replantear mi existencia.
Toda
mi vida creí que las cosas se rompían si se las golpeaba. Un día leí que a veces amanecen rotas, así, porque sí.
Me
di cuenta de que me estaba volviendo irreconocible, yo no me reconocía en las
fotos ni en los espejos y de que verdaderamente debía hacer algo para volver a
ser yo.
Adri
Nací solitaria, con una incapacidad para
tener
amigos, para reírme fuerte, para hablar sin ponerme colorada.
¿Qué
hago acá? fueron mis primeras palabras.
No
me gustaba el día de la primavera
Cayó una lluvia torrencial cada vez que quise ir a un picnic.
Los ojos querían asombrarse, pero no me animaba a mirar
más
allá del muro del patio de mi casa, entonces me empeciné
en
aprender a andar en bici y a su debido tiempo
pude
alejarme un poco y disfrutar el viento en la cara.
De grande descubrí una pasión por la actuación,
moverme
en el escenario me daba libertad total
y
me llenaba de júbilo.
Me volví fanática, casi adicta al teatro y empecé a sentir
que
era posible tener amigos.
Toda
mi vida creí que me quedaría sola, sin embargo,
encontré
la llave para salir del encierro.
Un
día leí que quien gasta un par de zapatos
en
el escenario, no se baja más.
Me
di cuenta de que me estaba volviendo capaz de tener un sueño
y de que verdaderamente un día se haría realidad.
Lauri
Nací sin llanto, crecí con
el silencio de “ser”, con una incapacidad para entender para que
llegué a este planeta.
¿Quién
soy? fueron
mis primeras palabras cuando descubrí que con el sonido que sale de mi
garganta podía llegar a otros, pero no tuve respuesta.
No me gustaba que me
vean como un bicho raro, nunca me pude mirar en el espejo.
Cayó la luna entre mis
manos y no supe que hacer con ella, la invite a jugar pero no quiso.
Los ojos del único
animal que había cerca me miraban atentos y a su debido tiempo se
acercó hasta mi, primero sus patas rozaron mi cuerpo, al rato se acomodó entre
mis brazos y descubrí por primera vez como se siente cuando se siente cariño.
De grande,
entendí que no importa quien sos sino
como te ven, sentí una pasión desmedida por gritar todos los
silencios, míos y ajenos, me llenaba de
júbilo pensar que sería escuchado, pero no sucedió...
Me volví el loco
de la calle, y empecé a recibir miradas despectivas, insultos y hasta algún
golpe.
Toda mi vida creí que
el silencio me alejó del mundo, pero ahora me doy cuenta que los gritos alejan
mucho más.
Un día leí que en el
silencio se encuentran todas las verdades.
Me di cuenta que me estaba volviendo sabio y
a lo mejor, podría demostrarle al resto de la humanidad que también existo y
lograr que hasta me miren diferente.
Quizás
alguna vez, me llamarían con un nombre (porque debo tener alguno), aunque sea
lo último que escuche, reconocerme en él y sonreír.
Estoy
seguro
de que verdaderamente algún día se hará realidad.
Ro
Nací río, con una
incapacidad para llegar a someterme a mi mínima expresión.
Incapaz de aproximarme a
la figura que danza dentro del óvalo, sin volverme extremadamente receptivo.
Busqué desde pequeño,
incontables significados. Navegué entre las plantas del jardín como una oruga
que solo piensa en su próximo paso, en llegar a crisálida.
Quiénes son esas dos
florecillas cortadas? fueron mis primeras palabras.
No me gustaba estar
dividido en dos. Ni rojo, ni azul. En la mirada avezada, un blanco de entidad
angélica o un niño saliendo de la tumba.
Cayó para que lo mezcle, un mazo de cartas en un gesto claro, medido, detenido
muy cerca de mí.
Los ojos, como un esquema rectangular, numerológico me mostraron la vía del
tarot. Arcano, decimal, sin aparente sentido común.
Y a su debido tiempo, el
Fénix pudo renacer de sus propias cenizas. Una leyenda de eternidad, en esa
perpetuidad cíclica del Cristo resucitado, una espiral que por azar me atrevo a
calificar de milagrosa, me reveló otras vidas.
Yo, como un río, o el
trazo de un dibujo, tragado literalmente por una tormenta alquímica y sagrada.
De grande, las
posibilidades. El arribo del amor, una pasión, la exploración profunda por la
arquitectura interior. De la conciencia como obra común, de la ambigüedad que
incita a preguntarse sobre la delicadeza sublime de un ángel que estalla.
Disuelto en mi cuerpo,
desprendido de la dictadura de los espejos, del dolor de las comparaciones,
asumiendo la luz y la belleza, me llené de júbilo. Todo contribuyó a aumentar
mi alegría, ni azul, ni roja. Blanca, conteniendo la totalidad de los colores,
en lo que había sido una soledad sin domicilio fijo.
Me volví uno de los
primeros esotéricos, sin reticencias intelectuales, ni timidez. Lejos de mí la
víctima, ningún sufrimiento del pasado, ni educación con falsas leyes. Y fui un
ejército, un sol, las estrellas y la galaxia.
Toda mi vida creí que
viviría inmerso en el agua, tal vez flotando en su superficie, pero como
cangrejo que sale cargando lunas en sus pinzas, ascendí como satélite y fui más
allá de este río.
Un día leí sobre la carta
del siete de bastos. Sobre esta energía gloriosa, resplandeciente, como un
fuego que pasa por las articulaciones. Una energía, que se ofrece al mundo, a
quién tenga la habilidad de saber emplearla, como un estallido creativo de
acción sin trabas.
Me di cuenta de que me
estaba volviendo un hombre, que escribe, con una mirada intensa, capaz de
desintegrar un rayo, una pluma, un cometa, una torre, y de que verdaderamente
un día se haría realidad.