Marta Nos es una escritora argentina, injustamente poco
difundida. A mí me gusta salir a estos rescates. Lo único que encontré en la web es que nació en Buenos Aires en 1937. Es
narradora, autora de las siguientes novelas y libros de cuentos: A
solas o casi; La silla: El trabajoso camino del agua; Caridad a reglamento;
Mata, Yocasta, Mata y Los Gardeles. Después seguí mirando y encontré también
algo de literatura infantil escrita por ella.
Y nada más… no sé si vive siquiera.
Yo la conocí gracias a un grande entre todos los grandes, Mempo Giardinelli y
su revista Puro Cuento, que tanto me ha enseñado. Esa revista tenía una
sección que se llamaba “El rescate de Puro Cuento” y supongo que me viene de
ahí este afán de luchar contra el olvido. Quién te dice, algún día alguien nos
rescatará a nosotros.
LA SILLA
Marta Nos
No, Tito. Ni te pensés. Nada de que es en directo, ni que el club,
ni que los muchachos, nada, ¿oíste? Vos no te llevás nada. Hoy me toca a mí. Y
sacá la mano que no me vas a convencer. Sacá la mano te digo. Ya te la llevaste
el otro sábado. Siempre te la llevás. Así que la silla hoy es mía. No todos los
días viene una compañía ambulante. Va a ser una fiesta en el patio. Ya me
planché el vestido rosa, el del casamiento de Elvirita. No me voy a sentar en
el suelo, ¿no? Y sacá la mano. Una compañía ambulante, ¿te das cuenta? Como un
vendedor y como ambulancia. Pero sin sirena. Con campanitas. Sí, en serio. ¿No
viste la tarima y los cortinones abajo? Vinieron con unas campanitas y
anunciaron lo de esta noche y dejaron todo listo. Hasta la bruja del catorce salió
a ver. Clin clin que la gran compañía ambulante de no sé quién, que el gran
actor no sé cuánto, y todos en el patio para ver qué pasaba. Así que hoy me la
llevo yo. No pienso verme toda la obra parada. No, Tito. No, che. Que me hacés
cosquillas. Dejame batir los huevos. Todo para distraerme y llevártela vos,
¿no? Decime, ¿no te canSás de mirar partidos? Todos igual los tipos. Todos
igual los partidos. Llevate el banquito. O sentate vos en el suelo y basta. Eso
sí. Ponete otro pantalón. Que después la que lava soy yo. Pero sentate en el
suelo. O conformate con el banquito. Si lo tenemos para algo es, ¿no? No. El
banquito yo, nada. El banquito, vos. El Chichín siempre anda con su banquito y
que yo sepa todavía no se murió. Claro que él es mucho más flaco. Estás
engordando, Tito. Vos no te das cuenta pero sí. Bueno, no me importa. Son cosas
tuyas. Hoy la silla es mía. Pero, cuántas manos tenés me querés decir? Dale.
Que se me quema el aceite. Correteo No. El pelo no, Tito. Bueno. Un beso y
basta. Vos lo que querés es cambiarme el tema. Basta te digo. Después no
chilles si hay pelos en la tortilla. Ya está. Y dejame la oreja tranquila.
Ahora comé que tengo que bajar al patio. Por la silla te digo. Y vos también
apurate, que tu bendito partido no te va a esperar. No y no. Nada de michi ni
de tu tía. La silla nada. Soy yo la que siempre come en el banquito, ¿no? Tengo
mi derecho una vez, ¿no? Sí, claro. Siempre lo mismo. ¿Por qué boludeces de
mujeres? Los ambulantes son teatro, ¿no? Y el teatro es arte, ¿no? Y el arte a
mí me gusta y no es ninguna boludez. Y es también de hombres. No, de maricas
no. De hombres. Y dejame pasar. Sacá la mano. Dejame pasar. Que me corrés la
media, Tito. Pero che, sacate la idea, ¡querés! ¿Escuchás las campanitas? Son
ellos. Ya están abajo. Y yo todavía en veremos. Si no me apuro, las otras copan
los mejores lugares. La del quince seguro que ya está, la turra, en primera
fila y mostrando las piernas. Sí. No te hagas el mosquita muerta, que yo a ésa
me la sé de memoria. Pero no te hagas tampoco ilusiones porque con todos es
igual. Y ahora bajame el cierre. No. Con vos así mejor que no. Mejor no me
bajes nada, yo me arreglo. Oí cómo chusmean. Ya está la del veintitrés
gritándole a los pibes. Ay, este pelo, cómo me lo dejaste. No. Fijate que no me
puedo callar. Estoy nerviosa. De nervios hablo, ¿sabés? Mm, mirá qué es lindo
este vestido, un poco justo, pero lindo, ¿no? Che, ¿estaré engordando yo
también?, ¿vos me ves más gordita? Y bueno. ¿Está rica la tortilla? ¡Viste! Te
dije. Ahora no chilles. Pelo más pelo menos, ya es como un condimento. Siempre
el mismo vos. ¿Yo te chillo por vivir en una pieza? ¿Yo te pido baño o cocina?
Qué carácter, Tito. Tanta historia por un pelo. ¿No decís que te calienta mi
pelo? Ah, ¿uno solo no? Entonces devolvémelo. A fin de cuentas es mío. Pero no.
Tito. No. Que me pasé el ruye. ¿Toda te la comiste? Tanto asco no te dio. Mirá
que sos bruto para tragar. Ya está el de enfrente espiando para acá. Pucha este
cierre. Dale, ayudame. Hasta la mitad llego; antes subía mejor. Tirá para
arriba. ¿Tenés las manos limpias? Qué silencio en el patio. Seguro que ya está
por empezar. Che Tito, otra vez no. No empieces de nuevo que pierdo mi lugar en
el patio. Me arrugás el vestido, Tito. Dejame la oreja. Mirá que lo de la silla
va en serio. Me estás despeinando otra vez. Anda a despeinarla a la del quince.
Andá. Sí, seguro, yo sola. Cualquier día te creo. El vestido, Tito. Pero che,
mirá que sos porfiado. Ahí pasaron las gordas del tres bis. Algo más para que
chusmeen de nosotros. Sí. Tu michi sí. Pero nada más. Quiero ver a los
ambulantes. Y quiero mi silla. El viejo de enfrente no afloja. Va y viene pero
no afloja. ¿Me subís el cierre o no me subís el cierre? ¿Y por qué me voy a
callar? ¿Yo te digo algo a vos porque nunca hablás?, ¿que sos mudo, o algo así,
te digo? ¿Entonces? Tito me hacés cosquilla. Dame la silla. El peinado, Tito.
Subime el cierre, ¿querés? Sí. Tu michi. Y bueno, tu michi, y la seguimos
después. Claro que me gusta. Pero primero los ambulantes, ¿oís? Ya están anunciando.
Tito. Che. Mirá lo que es mi vestido. Aflojá la silla. Dámela. Pobre vestidito
mío. ¿Cómo que para qué lo necesito? ¿Qué querés? ¿Que ande desnuda querés? Oí.
Empezaron con la función. Y yo todavía aquí. Y toda arrugada. Mirá cómo me
pusiste. El cierre, sí. Pero subilo. Y largá la silla. Che, Tito. ¡Qué hacés!
Vos estás loco, Tito. ¿Por qué te sentás de nuevo? Ufa. Si no bajo ahora no voy
a entender nada. ¿Y tu partido, vos? Dejate de michi. ¿Cómo? ¿En la silla? Qué
ocurrencia. Mirá que te voy a creer que el partido no te importa. ¿En la silla?
¿En serio? ¿Como los italianos de abajo? La del diecisiete dice que los vio
haciéndolo así. Bueno. Que le pareció. Y que estaban vestidos. Me vas a
enganchar la media. Vos así no podés salir a la calle, Tito. Mirate un poco. En
serio me parece que hoy no ves ningún partido. Se ríen. Debe ser cómica. Y yo
que me la pierdo. Todo por tu capricho. ¿Ni el fútbol te interesa ahora? Y
bueno. Entonces ya que no me lo subís, bajámelo al cierre. ¿Pero en la silla?, ¿te
parece?, ¿y vestidos? Mirá que hace calor. Sí. Tu michi. Ay, Tito. ¿Los de
arriba? ¿Y si se rompe? Mirá que estás medio gordito. ¿Vos creés que aguantará?
¡Qué lindo, ¿no?! Pero esperá que por lo menos cierro la puerta.
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CONSIGNA DE ESCRITURA
La consigna de hoy tiene opciones. Como siempre que las hay, podés elegir una o hacer las dos jejejeje. Ahí van:
Opción 1. En "La silla" la narradora y protagonista de la historia cuenta en primera persona y no hay otra voz presente en el texto. Sin embargo, hay un interlocutor, Tito, cuya voz, aunque no la "escuchemos", está. Y está porque los parlamentos de ella nos hacen reponer lo que él responde, lo que dice, lo que insinúa, lo que propone.
Entonces, esta opción te propone que escribas un texto con un narrador en primera persona, donde haya otra voz pero solamente sugerida por lo que dice el narrador.
No te quejes que no es taaaan difícil. Imaginate, si te cuesta, que estás en un lugar escuchando a una persona hablar por teléfono. Vos no sabés lo que dice la otra, pero... podés adivinar, conjeturar, sospechar.
Opción 2. Escribir un texto donde el conflicto gire alrededor de un mueble común de una casa común. Un ropero, una alacena, una mesa, lo que quieras. Eso sí, el mueble es la excusa para desatar otros conflictos...
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LOS TEXTOS DE USTEDES
Rosana
Motoquera
Sí, salí… No, no la robó nadie, yo salí con la moto...
¿Desde cuándo tengo que pedirte permiso para usar nuestra moto? Vos no me decís
nada cuando la querés usar y te la llevás. Sobre todo este último tiempo. Te
vas de una y yo nunca te digo nada… Obvio que me puse el casco, no voy a salir
a la ruta y hacer 250 kilómetros sin protegerme… Sí, estoy en la catorce camino
a Gualeguaychú… Es que pensé que no ibas a volver. ¿No me habías dicho que
llegabas mañana?... Sí, acabo de parar en una estación de servicio… No, no te
estoy hablando con el manos libres… Me pedí un café. Ya llegué a Ceibas. Es que
salí cuando te fuiste. Y vos, ¿por qué te volviste tan pronto? ¿Zafaste?... Está
bien. Y sí… esta noche vas a dormir solo… No seas tonto.! Ah… yo sí podía
dormir sola en mi casa, pero vos ¿no podés?... Sí, ya estoy tomando el café… No,
no voy a volver. No tengo la culpa de que te hayan suspendido el viaje. Voy a
seguir hasta Gualeguaychú, voy a ver a mi familia, a cenar con ellos, a dormir
ahí y recién mañana voy a pegar la vuelta… ¿Por qué peligroso? Sí es día de semana...
Hay poco tráfico… ¿Qué tiene que ver? ¿Por qué me decís eso?... No, no me creo
la mujer maravilla. Vos me conociste así... Sí así… No, no quiero decir eso. Quiero
decir aventurera. Qué tontito, ¿ya no te gusta? ¡Dale!... ¡No! No quería tomar
un micro. ¿Por qué iba a tomar un micro teniendo el Yamaha?... ¿Cómo iba a
venir en tu auto si te lo llevaste vos?... Ah, entendí que decías que ahora, esta
vez, , viniera en tu auto… No, no podía esperar… ¡No! Tampoco quería venir con
vos. Quería aprovechar que no estabas… ¿Qué? No te entendí… Se me está
enfriando el café… No quiero quedarme mucho tiempo acá, ya estiré las piernas y
quiero seguir el viaje… Pero gordo… ¿De verdad me lo decís? ¿Qué… no confiás en
mí?... ¡Ay no, no te puedo creer!... Nada, es que acabo de ver pasar el camión
que sobrepasé hace un rato. ¡Qué lo parió! Lo voy a tener de nuevo adelante...
No, no me voy a pegar… Lo pasé porque no veía nada con semejante armatoste… No
amor, ya estoy más cerca de Gualeguaychú que de casa. No insistas… ¿Que yo soy
testaruda? Y vos, ¿te estás escuchando? No parás de pedirme que vuelva a mi
casa… No me vengas con esa. Lula y los gatos no me extrañan, ellos se arreglan
perfectamente sin mí. ¿No sos vos Cachirulo, el que no sabe cómo arreglarse
solo en mi casa?... Bueno, es lo que vos hacés… Cuando estás de viaje, yo soy un fantasma... No
son tonterías... ¿Cuántas veces me llamás cada vez que te vas?... No. Bueno, igual
no es por eso que no te avisé. Fue para ahorrarme el sermón de lo peligroso que
es viajar en la ruta en moto y todo lo que me estás diciendo ahora… No Coso, no
voy a volver… ¿Que por qué te digo Coso ahora? Porque hace rato que te vengo
preguntando qué somos y no me contestás. Sí, ya sé que estamos juntos. Eso
cuando estás, porque te lo pasás de viaje… Ya sé que es tu laburo. No. No. No
sé qué somos... Sí, la moto la compramos entre los dos, pero eso no significa
nada. Por eso me la llevé sin problemas... No. No me vengas con esa. La moto es
una cosa, pero relación es diferente, puede ser una aventura, pero ya no
estamos en el principio, pasaron dos años y no definimos nada… Bueno no... Si
no ibas a estar. Esta vez no quise quedarme sola. Por eso no me hice problemas
y no te esperé para venir a ver a mi familia. Además… ¿qué les voy a decir? Que
no te puedo presentar todavía porque te la pasás viajando, que me quedo sola y
Coso… No… son gente de campo. No, no entenderían que estabas casado… ¿Que no te
vas a quedar a dormir en mi casa? ¿Por qué? ¿Y dónde vas a estar? Esperá! Esperá…Decime
la verdad… ¿Vos… volviste con tu mujer?
Lali
... Sí, ya sé que ese roperito significaba mucho para tu madre ¡porque
perteneció a tu abuela y ésta se lo trajo en el barco desde España pero yo
tenía que lidiar con él, en cambio vos no le llevaste nunca el apunte!
¿Cómo que un mueble no da problemas y que hablo por hablar sin respetar
la memoria de tu madre?
Para que sepas ¡sí me causaba inconvenientes! Tu madre no quiso nunca
que lo cambiara de lugar y cada vez que me tocaba llevar algo al canasto
de ropa sucia, sus manijas de metal enganchaban mi ropa casi siempre muy mal,
porque sobresalían en ese pasillo angosto del que nunca lo quiso
mover para que no estuviera a la vista... Aunque a veces por la forma en que me
miraba he pensado que disfrutaba
de mis protestas.
¡Qué novedad! Por supuesto que no estabas enterado de lo que digo y no
me sorprende para nada, tantas veces pienso si cuando me contestas sobre
algo estarás realmente en el tema o de casualidad ¡el señor acertó con la
respuesta!
¡Qué buena pregunta la que me acabas de hacer en este momento querido
mío! Y para que veas que sí le tenía cariño a tu madre con gusto te
he de responder, verás:
Unos pocos días después de su funeral hice el recorrido de siempre para
llevar algunas ropas al lavadero y me enganché el puño del pullover nuevo
en el roperito y no me enojé como otras veces y por el contrario le prometí a
tu madre en ese momento que nunca sacaría su mueble del lugar que ella le
había asignado y que tomara eso como mi demostración de cariño hacia ella
y también por el tiempo que convivimos en su casa...
El silencio creció entre ellos y apareció la pregunta... No tienes
nada para decirme querido?
Sí, que por suerte a lo de la convivencia en casa se lo agradecí en su
último cumpleaños y sentí que se lo tenía que haber dicho mucho antes...
pero me daba vergüenza
Después de esto el silencio creció, esta vez se prolongó por varios
minutos, hasta que por fin a ella se la escuchó de nuevo diciendo:
Si prometes responder a mis besos como acabas de hacerlo amor mío, te
prometo que te incentivaré a menudo...
Gladys
Pepe Grillo
Mi nombre es Pepe Grillo. ¿Me conocés? Sí claro, soy
la conciencia de Pinocho. Y vos también sos muy conocida en el mundo de los
cuentos.
¿Cómo que no sabías? Sí, Sí, desde luego sos más
famosa que Blancanieves, o mejor dicho más querida.
Me preguntas porque sos más querida, porque vos podés
pasear, recoger flores, en cambio Blancanieves se fue del palacio para limpiar
y cocinar para siete enanitos, ¿a quién se le ocurre?
Claro, y Cenicienta, bueno, ella peor mira si el
príncipe la va a reconocer por un zapato, en cambio vos, sí que sos valiente al
cruzar sola el bosque. ¿Me dejás que te acompañe?
Buenísimo, ¿vamos por el camino más largo o por el
camino más corto?
Seguro tu mamá te habrá dado indicaciones, pero nunca
le haces mucho caso a ella, igual a veces está bien no hacer todo lo que nos
dicen los demás, a veces es muy importante decidir por uno mismo.
¿No te dejan? Bueno, de todos modos, se nota que sos
bastante rebelde
¡Qué lindo ir por este camino bordeado de flores
naranjas! El anaranjado es mi color preferido, el tuyo debe ser el rojo.
Ah, mirá vos, el azul te gusta más, el rojo es el
preferido de tu mamá, claro, ella te hace la ropa y usa los colores que quiere.
Sí, sí, no tiene en cuenta tu opinión, pero a veces
las madres son así, piensan que lo que les gusta a ella debería gustarle
también a sus hijos
Y si es así, no te enoje con ella, es como una
realidad, sienten que ellas saben lo que es mejor para nosotros
Si claro, yo también tengo una madre se llama
Grillera, yo le digo mama Grita, ella me preparó este trajecito y aunque le
dije que no me gusta el sombrero, dice que tengo que usarlo porque me cuida del
sol, y bueno, yo lo uso, finalmente me está gustando
¿No le tienes miedo al lobo?, es algo que me pregunto
siempre, a mí me da miedo encontrarlo
¡Qué raro! Siempre pensando qué le temerías al lobo,
que te lastime, o que te coma, y vos le tenés miedo a la oscuridad, y si tal
cual, los miedos son diferentes para todos.
Si claro, vamos a apurarnos para llegar a la casa de
tu abuelita además se está yendo el sol y va a empezar a oscurecer, no quiero
que te asustes y nos perdamos en el camino y entonces, tal vez nos encontremos
a mi miedo, o sea al lobo.
Si es tal cual decís Caperucita cada uno anda con sus
miedos a cuestas
¿Cuál es la casa? ¿La de techo azul?, ¡que linda
casita! Menos mal que llegamos de día.
Tu abuela está esperando en la puerta muy contenta,
seguro se pone feliz con la cesta llena de comida y de flores que juntamos.
¿Qué no le gustan las cestas de regalos? ¿Que no te gusta visitar a tu
abuelita?
¡Ay Caperucita! no me imaginaba que tu abuelita fuera
mala, en el cuento parece tan dulce y amable, pero si le tenés miedo a tu
abuelita, vamos a escaparnos. ¿Dónde podemos ir?
Estás segura amiga, la cueva del lobo te parece más
segura que la casa de tu abuelita?
Bueno, entonces vayamos Hacia allá, y que Dios me
ayude con mi miedo, si vos lo decís Caperucita te voy a hacer caso.
Bueno, no te enojes, si te creo, tu lobo es más bueno
que tu abuelita, vamos, vamos rápido a la cueva, pero entonces me enseñaron
todo mal.
Juguemos en el bosque mientras el lobo no está, vos me
contas que con tu lobo feroz se puede jugar y con tu abuela no. Se invirtieron
los papeles. Bueno, sí tenés razón, basta de charlas que empieza a oscurecer
Kari
¿Dónde dejé la…? Ah. La
encontré. Te dije que mi cabeza está en cualquier lugar menos en donde tiene
que estar, si la espada la usé esta mañana. Sí, sé que me estoy preocupando
demasiado. O tal vez no. ¿No eres tú el que suele preocuparse más de los dos? No
lo sé, no sé si en este caso hemos intercambiado papeles. ¿Que estoy
exagerando? Has visto cómo se puso mi padre cuando conoció la noticia,
estuviste allí. Ese golpe que dio sobre el trono… debió haberse lastimado la
mano. ¡Por los cuatro elementos! ¿Dónde he dejado el paño para limpiar la
espada? Gracias. ¿Que esa visita no puede ser tan importante? No, no creo que
sean asuntos de la realeza, o sí pero seguro deben afectarnos a nosotros, al
menos al Territorio de Agua. A mi padre le llamó la atención que quisiera
hablar solo con él, que estuviera en camino de urgencia. No ha convocado a los
reyes de los demás territorios. Tiene que ser algo grave. No puedo calmarme.
Hazme un poco de lugar que tengo que acercarme al sector de afilado. ¿Y si nos
llama a luchar? ¿Si quiere provocar una guerra? ¿Cómo que con quién? No lo sé.
Quizás con alguno de sus enemigos, su intención puede ser aprovecharse de la
fortaleza de nuestro ejército. Estoy teniendo cuidado, no voy a dañar la
espada. Mi padre le debe favores, es probable que desee cobrarlos ahora. Por
favor, no digas que me entiendes si luego vas a decir que lo que pienso no es
real. Sí, estoy cansada. Muy cansada de los secretos, de que nadie sea claro.
¿De nuestro…? Sí, claro que estoy cansada de nuestro secreto, de escondernos.
¿Sabes cuántas ganas tengo de gritar a los cuatro territorios nuestro amor? Sí,
sé que alguien podría entrar, es el centro de entrenamiento, lo sé. Ya solo me
queda pasarle un poco de grasa a la espada y termino. Ve, espérame en nuestro sitio.
¡Por los cuatro elementos, me has despeinado!
Adri
Sabes de lo que te estoy hablando, no, no te gastes en
dar excusas, ya sabes cómo termina todo, no hay nada que pueda hacer yo. Bueno,
en eso tenés razón, por ahí si le hablo tranquila, conmigo no se enoja tanto.
Pero mira que sos terco, mil veces te avise que se iba a pudrir mal si te
comías todas las milanesas, y vos te las morfaste igual, ni unita le dejaste.
Sabes que no hay nada que le guste más que las milanesas que yo hago, y más
ahora que las hago de vez en cuando porque la guita no alcanza. ¡Sos guacho, no
te rías! Hace como un mes que tu padre
estaba esperando cobrar para comprar la carne y decirme que le haga sus
queridas milangas, para mí que siente como un amor de mi parte, porque tenés
que ver con que ganas las come y como las disfruta. Claro, igual que vos, pero
vos no compras las cosas che, morfas de arriba nomas, ¿Cómo no se va a
calentar? Y para colmo vos te pones a discutirle cada cosa que dice, no, no
tenés razón en todas nene, y si, si pareces un nene, haces cagadas y no te
bancas, ahí venís a qué te cubra. ¡No, no y no! Ahora a tu padre te lo bancas
vos. Cállate, que vas a arreglar comprando milangas hechas si parece un
sabueso, se da cuenta de acá a la china que no son las mías. ¿Y qué, andas con
plata? ¿Con qué pensas comprar lo que decís? Mirá que sos tremendo, le morfaste
las milanesas para hacerlo rabiar nada más che. Después le dura el encule y me
lo tengo que bancar yo. Pero si te pagas una muzza y una birra yo te perdono,
nos tenemos que ir antes de que llegue, así capaz se le pasa un poco y cuando
te vea te grita pero te no te mata.
Mirna
¿En serio? ¿De nuevo? ¿Otra vez con eso? Ya habíamos quedado en que no. Que se va… que se
regala. Ya no tenemos lugar. Este departamento es muy pequeño… Por supuesto que
me duele, fueron varios años, pero ¡qué vamos a hacer… no cabe un alfiler! Ocupa
espacio y no sé si sigue siendo necesaria.
¿Te acordás cuando llegaste con tus bártulos y los 120
volúmenes de la colección en cajas?
Lo primero que pensé fue dónde meteríamos tantos
libros. Sin embargo, le hice un lugar.
¿Te acordás cuando copó el sillón y el control remoto
de la tele se perdió y resulta que estaba debajo de todo ese montón de peso
inerte y desaprovechado?
Pero últimamente, siento que me quita el aire. Eso, me
ahoga.
Además, siempre ahí, en silencio… no me aporta más que
polvo en el ambiente. Los cambios de lugar nunca resultaron.
El silencio me molesta, me irrita. Pareciera que mira
todo lo que hago. Revisa mis expresiones, escucha mis pensamientos, hurguetea
mis movimientos.
Me molesta tanto lomo que ya no acaricio…
Imaginate lo cómodo que quedaría el sillón si no
estuviera…
¿Qué decís? ¿Cómo que de qué estoy hablando? No, mujer. No hablo de vos…
Martín
La Silla
Estoy sentado. La silla está lejos de las paredes e
incluso de alguna mesa. Escucho a alguien dialogar en la habitación de al lado.
Su puerta está cerrada.
Puedo oír todo lo que dice. No sé con quién habla. Me
esfuerzo por hacer el mínimo sonido en cada movimiento. Me impaciento e intento
llamarlo. Hace silencio por unos segundos. Al no suceder nada, continúa con su
charla. Lo escucho hablar mal de todos, especialmente de su familia. Continúa
hablando de temas menores, mencionando varios nombres de personas que no
desconozco. Hubiese querido que la habitación no fuese tan fría. El olor, el
olor horrible de este departamento es insoportable. Abrir la ventana con este
frío no es buena idea.
Sigue su conversación, ahora hablan de dinero, no
entiendo si le deben o si solo se lo está pidiendo. Se me ocurrió hacer algún
ruido con la silla para llamar su atención. Apenas logré unos segundos más de
silencio y la charla sigue como si nada hubiese ocurrido.
De momento el televisor me acompaña con imagen pero
sin sonido. Mejor así, de otra forma no podría escuchar nada. Intento entender
lo que le pasa. Me queda claro que no le importa que lo escuche.
De a ratos era una charla amistosa, hablando de lo
rica que es la carne a la plancha. De a ratos se enojaba y le pedía muy
groseramente que se fuera, prefería no compartir la cena.
Indignado, incómodo y con frío empiezo a hacer ruido
como pude y a llamarlo con una voz inaudible. Sin parar de hablar, salió muy
rápido de la habitación hablando solo y de mí. Todo este tiempo estuvo hablando
solo.
Yo sin poder moverme, con las manos adormecidas por
las ataduras veo que se acerca con cara desenfocada, sus ojos con gesto
hambriento y yo sin poder moverme.
Laura
La silla
Desde la primera vez que llegó y se apoyó en mí, pude sentir un peso que
es más que el de su cuerpo, es el de la incertidumbre, el de las noches sin
dormir, el de la frustración por un mundo que no entiende.
Siempre estoy en el mismo rincón, soy testigo silencioso de sus luchas
con él mismo y con la realidad que lo supera, ya sé que vos también lo sos,
cuando te aprieta en su mano, soportas que su alma grite, se libere y descargue
sus sentimientos más profundos.
Recuerdo que, al principio, se sentaba con furia. Dejaba caer su cuerpo
como una roca, y yo resistía bajo su enojo. Te agarraba junto con otros los
pinceles y la paleta de colores con rabia, creaba lienzos caóticos, oscuros,
llenos de trazos bruscos, seguramente vos lo recordarás mejor que yo.
El estudio era el lugar donde
dejaba salir a sus demonios, si habrá golpeado sus puños contra mí, y hasta una
vez me estrelló contra el lienzo, cuando éste reflejaba tanta ira y dolor.
Pero con el tiempo, algo cambió,
no puedo decirte que fue exactamente.
Si puedo decirte que una tarde, en lugar de pintar, simplemente se
sentó. Se reclinó en mi respaldo, con la mirada perdida en el lienzo en blanco,
y a partir de ahí, solo estuvimos él y yo, el resto, inclusive vos,
desaparecieron. Estuvo así por horas. En ese silencio, pude sentir lentamente su
alivio, como si fuera desprendiéndose de la pesadez de su enojo, de sus
debilidades e impotencia. A partir de ese día, el estudio se convirtió en su
santuario.
Entendió que la realidad iba a seguir agobiando su alma y sólo podía
aportar algo al mundo desde este lugar y con su talento.
Cada vez que llega, viene y se sienta un rato en busca de paz. A veces
se queda un tiempo largo y solo escucha música, o lee, y de repente, veo que te
busca y crea unos lienzos luminosos, y en cuanto te deja sobre el atril, vuelve
a acomodarse sobre mi respaldo y contempla su creación, para mí es un mimo
sentir su liviandad.
Cuando está en armonía, su peso se hace más ligero, creo que se dio
cuenta que éste es su lugar en el mundo. Percibo su calma en la suavidad de sus
pinceladas, imagino que eso, vos también lo habrás notado.
El estudio es su refugio y yo su confidente, el único lugar donde no
tiene que ser nadie más que él mismo, siento que soy la que siempre lo
sostiene, me siento muy orgullosa de mi función, aunque quizás como siempre me
decís, para él, yo sólo sea una silla.
Claudia S
Las sorpresas de papá
¿Es lo que
pensábamos? ¿estás segura? ¿no hay ningún error? No... quedate tranquila que
los paso a buscar yo por el club. ¡Qué me van a decir sino falto nunca! Y,
encima, llego casi siempre diez minutos antes que el jefe. No te preocupes que
me avisó el mecánico que el arreglo no sale mucho, pero que vaya buscando un
usado. Creo que se lo dejo ahí hasta fin de año o el que viene. No, no me dio
ningún presupuesto. ¿Hay alguna sube en casa? Creo que tiene descuentos o
promociones algún día de la semana. Vos decís que esa es la del
supermercado...No, pero hay para el colectivo, el tren y también para el subte
creo. Entonces puedo pagar con la de crédito... ¿no se puede pagar en efectivo?
Ah, bueno, pero sale más caro ¿Cómo que en efectivo el boleto sale más caro?
¡Es que hace tanto que no tomo un colectivo! Nos vamos a tener que familiarizar
con todo esto. Por lo menos por unos meses y vemos lo del arreglo. ¿Qué tome un
Uber? Claro... porque con los chicos y yo nos saldría más barato y nos trae
hasta la puerta. Pero... si no les cuento en algún momento se van a dar
cuenta...Bueno, no decimos nada hasta que empiecen a sospechar. ¿Al viejo?
También lo llevo en Uber. Ni se va a enterar si casi no ve. Nada de nada sobre
lo tuyo. Bueno, bueno, eso también lo dejamos para más adelante.
Espero...sí,
responde tranquila el mensaje. ¿Qué? Llegan el fin de semana. Así, sin avisar
con un poco más de tiempo por lo menos. No todos... ella sola con el perro. Y
sí... de eso ni una palabra a tu vieja. Ah, va a tener que dormir en casa. ¿Y
dónde la metemos? ¿Qué? ¿Para enero? Mejor voy consultando precios con algunos
albañiles. Y sí, por lo menos dos cuartos más por ahora y vamos viendo. Te
corto porque está sonando el timbre. Chau, chau, hablamos en casa. ¿Quién los
trajo? ¿El tío Luis? Sí, se me hizo un poco tarde. No, no digo nada y me hago
el sorprendido. ¿Un cero? ¿Lo vieron bien ustedes? No, si me encanta la
noticia...Lucas me alcanzas un vaso de agua... bien...bien... estoy un poquito
mareado nada más.
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LA MUSIQUITA DE HOY
"El que siga buen camino tendrá sillas / peligrosas que lo inviten a parar".Por supuesto, la musiquita de hoy es el tema de Silvio, Historia de las sillas