miércoles, 10 de septiembre de 2025

24 ~ La silla (Marta Nos)

Marta Nos es una escritora argentina, injustamente poco difundida. A mí me gusta salir a estos rescates. Lo único que encontré en la web es que nació en Buenos Aires en 1937. Es narradora, autora de las siguientes novelas y libros de cuentos: A solas o casi; La silla: El trabajoso camino del agua; Caridad a reglamento; Mata, Yocasta, Mata y Los Gardeles. Después seguí mirando y encontré también algo de literatura infantil escrita por ella.

Y nada más… no sé si vive siquiera. Yo la conocí gracias a un grande entre todos los grandes, Mempo Giardinelli y su revista Puro Cuento, que tanto me ha enseñado. Esa revista tenía una sección que se llamaba “El rescate de Puro Cuento” y supongo que me viene de ahí este afán de luchar contra el olvido. Quién te dice, algún día alguien nos rescatará a nosotros.



LA SILLA

Marta Nos

 

No, Tito. Ni te pensés. Nada de que es en directo, ni que el club, ni que los muchachos, nada, ¿oíste? Vos no te llevás nada. Hoy me toca a mí. Y sacá la mano que no me vas a convencer. Sacá la mano te digo. Ya te la llevaste el otro sábado. Siempre te la llevás. Así que la silla hoy es mía. No todos los días viene una compañía ambulante. Va a ser una fiesta en el patio. Ya me planché el vestido rosa, el del casamiento de Elvirita. No me voy a sentar en el suelo, ¿no? Y sacá la mano. Una compañía ambulante, ¿te das cuenta? Como un vendedor y como ambulancia. Pero sin sirena. Con campanitas. Sí, en serio. ¿No viste la tarima y los cortinones abajo? Vinieron con unas campanitas y anunciaron lo de esta noche y dejaron todo listo. Hasta la bruja del catorce salió a ver. Clin clin que la gran compañía ambulante de no sé quién, que el gran actor no sé cuánto, y todos en el patio para ver qué pasaba. Así que hoy me la llevo yo. No pienso verme toda la obra parada. No, Tito. No, che. Que me hacés cosquillas. Dejame batir los huevos. Todo para distraerme y llevártela vos, ¿no? Decime, ¿no te canSás de mirar partidos? Todos igual los tipos. Todos igual los partidos. Llevate el banquito. O sentate vos en el suelo y basta. Eso sí. Ponete otro pantalón. Que después la que lava soy yo. Pero sentate en el suelo. O conformate con el banquito. Si lo tenemos para algo es, ¿no? No. El banquito yo, nada. El banquito, vos. El Chichín siempre anda con su banquito y que yo sepa todavía no se murió. Claro que él es mucho más flaco. Estás engordando, Tito. Vos no te das cuenta pero sí. Bueno, no me importa. Son cosas tuyas. Hoy la silla es mía. Pero, cuántas manos tenés me querés decir? Dale. Que se me quema el aceite. Correteo No. El pelo no, Tito. Bueno. Un beso y basta. Vos lo que querés es cambiarme el tema. Basta te digo. Después no chilles si hay pelos en la tortilla. Ya está. Y dejame la oreja tranquila. Ahora comé que tengo que bajar al patio. Por la silla te digo. Y vos también apurate, que tu bendito partido no te va a esperar. No y no. Nada de michi ni de tu tía. La silla nada. Soy yo la que siempre come en el banquito, ¿no? Tengo mi derecho una vez, ¿no? Sí, claro. Siempre lo mismo. ¿Por qué boludeces de mujeres? Los ambulantes son teatro, ¿no? Y el teatro es arte, ¿no? Y el arte a mí me gusta y no es ninguna boludez. Y es también de hombres. No, de maricas no. De hombres. Y dejame pasar. Sacá la mano. Dejame pasar. Que me corrés la media, Tito. Pero che, sacate la idea, ¡querés! ¿Escuchás las campanitas? Son ellos. Ya están abajo. Y yo todavía en veremos. Si no me apuro, las otras copan los mejores lugares. La del quince seguro que ya está, la turra, en primera fila y mostrando las piernas. Sí. No te hagas el mosquita muerta, que yo a ésa me la sé de memoria. Pero no te hagas tampoco ilusiones porque con todos es igual. Y ahora bajame el cierre. No. Con vos así mejor que no. Mejor no me bajes nada, yo me arreglo. Oí cómo chusmean. Ya está la del veintitrés gritándole a los pibes. Ay, este pelo, cómo me lo dejaste. No. Fijate que no me puedo callar. Estoy nerviosa. De nervios hablo, ¿sabés? Mm, mirá qué es lindo este vestido, un poco justo, pero lindo, ¿no? Che, ¿estaré engordando yo también?, ¿vos me ves más gordita? Y bueno. ¿Está rica la tortilla? ¡Viste! Te dije. Ahora no chilles. Pelo más pelo menos, ya es como un condimento. Siempre el mismo vos. ¿Yo te chillo por vivir en una pieza? ¿Yo te pido baño o cocina? Qué carácter, Tito. Tanta historia por un pelo. ¿No decís que te calienta mi pelo? Ah, ¿uno solo no? Entonces devolvémelo. A fin de cuentas es mío. Pero no. Tito. No. Que me pasé el ruye. ¿Toda te la comiste? Tanto asco no te dio. Mirá que sos bruto para tragar. Ya está el de enfrente espiando para acá. Pucha este cierre. Dale, ayudame. Hasta la mitad llego; antes subía mejor. Tirá para arriba. ¿Tenés las manos limpias? Qué silencio en el patio. Seguro que ya está por empezar. Che Tito, otra vez no. No empieces de nuevo que pierdo mi lugar en el patio. Me arrugás el vestido, Tito. Dejame la oreja. Mirá que lo de la silla va en serio. Me estás despeinando otra vez. Anda a despeinarla a la del quince. Andá. Sí, seguro, yo sola. Cualquier día te creo. El vestido, Tito. Pero che, mirá que sos porfiado. Ahí pasaron las gordas del tres bis. Algo más para que chusmeen de nosotros. Sí. Tu michi sí. Pero nada más. Quiero ver a los ambulantes. Y quiero mi silla. El viejo de enfrente no afloja. Va y viene pero no afloja. ¿Me subís el cierre o no me subís el cierre? ¿Y por qué me voy a callar? ¿Yo te digo algo a vos porque nunca hablás?, ¿que sos mudo, o algo así, te digo? ¿Entonces? Tito me hacés cosquilla. Dame la silla. El peinado, Tito. Subime el cierre, ¿querés? Sí. Tu michi. Y bueno, tu michi, y la seguimos después. Claro que me gusta. Pero primero los ambulantes, ¿oís? Ya están anunciando. Tito. Che. Mirá lo que es mi vestido. Aflojá la silla. Dámela. Pobre vestidito mío. ¿Cómo que para qué lo necesito? ¿Qué querés? ¿Que ande desnuda querés? Oí. Empezaron con la función. Y yo todavía aquí. Y toda arrugada. Mirá cómo me pusiste. El cierre, sí. Pero subilo. Y largá la silla. Che, Tito. ¡Qué hacés! Vos estás loco, Tito. ¿Por qué te sentás de nuevo? Ufa. Si no bajo ahora no voy a entender nada. ¿Y tu partido, vos? Dejate de michi. ¿Cómo? ¿En la silla? Qué ocurrencia. Mirá que te voy a creer que el partido no te importa. ¿En la silla? ¿En serio? ¿Como los italianos de abajo? La del diecisiete dice que los vio haciéndolo así. Bueno. Que le pareció. Y que estaban vestidos. Me vas a enganchar la media. Vos así no podés salir a la calle, Tito. Mirate un poco. En serio me parece que hoy no ves ningún partido. Se ríen. Debe ser cómica. Y yo que me la pierdo. Todo por tu capricho. ¿Ni el fútbol te interesa ahora? Y bueno. Entonces ya que no me lo subís, bajámelo al cierre. ¿Pero en la silla?, ¿te parece?, ¿y vestidos? Mirá que hace calor. Sí. Tu michi. Ay, Tito. ¿Los de arriba? ¿Y si se rompe? Mirá que estás medio gordito. ¿Vos creés que aguantará? ¡Qué lindo, ¿no?! Pero esperá que por lo menos cierro la puerta.



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CONSIGNA DE ESCRITURA


La consigna de hoy tiene opciones. Como siempre que las hay, podés elegir una o hacer las dos jejejeje. Ahí van:


Opción 1. En "La silla" la narradora y protagonista de la historia cuenta en primera persona y no hay otra voz presente en el texto. Sin embargo, hay un interlocutor, Tito, cuya voz, aunque no la "escuchemos", está. Y está porque los parlamentos de ella nos hacen reponer lo que él responde, lo que dice, lo que insinúa, lo que propone. 

Entonces, esta opción te propone que escribas un texto con un narrador en primera persona, donde haya otra voz pero solamente sugerida por lo que dice el narrador. 

No te quejes que no es taaaan difícil. Imaginate, si te cuesta, que estás en un lugar escuchando a una persona hablar por teléfono. Vos no sabés lo que dice la otra, pero... podés adivinar, conjeturar, sospechar. 


Opción 2. Escribir un texto donde el conflicto gire alrededor de un mueble común de una casa común. Un ropero, una alacena, una mesa, lo que quieras. Eso sí, el mueble es la excusa para desatar otros conflictos...



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LOS TEXTOS DE USTEDES


Rosana
Motoquera
 
Sí, salí… No, no la robó nadie, yo salí con la moto... ¿Desde cuándo tengo que pedirte permiso para usar nuestra moto? Vos no me decís nada cuando la querés usar y te la llevás. Sobre todo este último tiempo. Te vas de una y yo nunca te digo nada… Obvio que me puse el casco, no voy a salir a la ruta y hacer 250 kilómetros sin protegerme… Sí, estoy en la catorce camino a Gualeguaychú… Es que pensé que no ibas a volver. ¿No me habías dicho que llegabas mañana?... Sí, acabo de parar en una estación de servicio… No, no te estoy hablando con el manos libres… Me pedí un café. Ya llegué a Ceibas. Es que salí cuando te fuiste. Y vos, ¿por qué te volviste tan pronto? ¿Zafaste?... Está bien. Y sí… esta noche vas a dormir solo… No seas tonto.! Ah… yo sí podía dormir sola en mi casa, pero vos ¿no podés?... Sí, ya estoy tomando el café… No, no voy a volver. No tengo la culpa de que te hayan suspendido el viaje. Voy a seguir hasta Gualeguaychú, voy a ver a mi familia, a cenar con ellos, a dormir ahí y recién mañana voy a pegar la vuelta… ¿Por qué peligroso? Sí es día de semana... Hay poco tráfico… ¿Qué tiene que ver? ¿Por qué me decís eso?... No, no me creo la mujer maravilla. Vos me conociste así... Sí así… No, no quiero decir eso. Quiero decir aventurera. Qué tontito, ¿ya no te gusta? ¡Dale!... ¡No! No quería tomar un micro. ¿Por qué iba a tomar un micro teniendo el Yamaha?... ¿Cómo iba a venir en tu auto si te lo llevaste vos?... Ah, entendí que decías que ahora, esta vez, , viniera en tu auto… No, no podía esperar… ¡No! Tampoco quería venir con vos. Quería aprovechar que no estabas… ¿Qué? No te entendí… Se me está enfriando el café… No quiero quedarme mucho tiempo acá, ya estiré las piernas y quiero seguir el viaje… Pero gordo… ¿De verdad me lo decís? ¿Qué… no confiás en mí?... ¡Ay no, no te puedo creer!... Nada, es que acabo de ver pasar el camión que sobrepasé hace un rato. ¡Qué lo parió! Lo voy a tener de nuevo adelante... No, no me voy a pegar… Lo pasé porque no veía nada con semejante armatoste… No amor, ya estoy más cerca de Gualeguaychú que de casa. No insistas… ¿Que yo soy testaruda? Y vos, ¿te estás escuchando? No parás de pedirme que vuelva a mi casa… No me vengas con esa. Lula y los gatos no me extrañan, ellos se arreglan perfectamente sin mí. ¿No sos vos Cachirulo, el que no sabe cómo arreglarse solo en mi casa?... Bueno, es lo que vos hacés…  Cuando estás de viaje, yo soy un fantasma... No son tonterías... ¿Cuántas veces me llamás cada vez que te vas?... No. Bueno, igual no es por eso que no te avisé. Fue para ahorrarme el sermón de lo peligroso que es viajar en la ruta en moto y todo lo que me estás diciendo ahora… No Coso, no voy a volver… ¿Que por qué te digo Coso ahora? Porque hace rato que te vengo preguntando qué somos y no me contestás. Sí, ya sé que estamos juntos. Eso cuando estás, porque te lo pasás de viaje… Ya sé que es tu laburo. No. No. No sé qué somos... Sí, la moto la compramos entre los dos, pero eso no significa nada. Por eso me la llevé sin problemas... No. No me vengas con esa. La moto es una cosa, pero relación es diferente, puede ser una aventura, pero ya no estamos en el principio, pasaron dos años y no definimos nada… Bueno no... Si no ibas a estar. Esta vez no quise quedarme sola. Por eso no me hice problemas y no te esperé para venir a ver a mi familia. Además… ¿qué les voy a decir? Que no te puedo presentar todavía porque te la pasás viajando, que me quedo sola y Coso… No… son gente de campo. No, no entenderían que estabas casado… ¿Que no te vas a quedar a dormir en mi casa? ¿Por qué? ¿Y dónde vas a estar? Esperá! Esperá…Decime la verdad… ¿Vos… volviste con tu mujer?
 
 
 
Lali
... Sí, ya sé que ese roperito significaba mucho para tu madre ¡porque perteneció a tu abuela y ésta se lo trajo en el barco desde España pero yo tenía que lidiar con él, en cambio vos no le llevaste nunca el apunte!
¿Cómo que un mueble no da problemas y que hablo por hablar sin respetar la memoria de tu madre?
Para que sepas ¡sí me causaba inconvenientes! Tu madre no quiso nunca que lo cambiara de lugar y cada vez que me tocaba llevar algo al canasto de ropa sucia, sus manijas de metal enganchaban mi ropa casi siempre muy mal, porque sobresalían en ese pasillo angosto del que nunca lo quiso mover para que no estuviera a la vista... Aunque a veces por la forma en que me miraba he pensado que disfrutaba 
de mis protestas.
¡Qué novedad! Por supuesto que no estabas enterado de lo que digo y no me sorprende para nada, tantas veces pienso si cuando me contestas sobre algo estarás realmente en el tema o de casualidad ¡el señor acertó con la respuesta!
¡Qué buena pregunta la que me acabas de hacer en este momento querido mío!  Y para que veas que sí le tenía cariño a tu madre con gusto te he de responder, verás: 
Unos pocos días después de su funeral hice el recorrido de siempre para llevar algunas ropas al lavadero y me enganché el puño del pullover nuevo en el roperito y no me enojé como otras veces y por el contrario le prometí a tu madre en ese momento que nunca sacaría su mueble del lugar que ella le había asignado y que tomara eso como mi demostración de cariño hacia ella y también por el tiempo que convivimos en su casa...
El silencio creció entre ellos y apareció la pregunta... No tienes nada para decirme querido? 
Sí, que por suerte a lo de la convivencia en casa se lo agradecí en su último cumpleaños y sentí que se lo tenía que haber dicho mucho antes... pero me daba vergüenza
Después de esto el silencio creció, esta vez se prolongó por varios minutos, hasta que por fin a ella se la escuchó de nuevo diciendo:
Si prometes responder a mis besos como acabas de hacerlo amor mío, te prometo que te incentivaré a menudo...
 
 
Gladys
Pepe Grillo
 
Mi nombre es Pepe Grillo. ¿Me conocés? Sí claro, soy la conciencia de Pinocho. Y vos también sos muy conocida en el mundo de los cuentos.
¿Cómo que no sabías? Sí, Sí, desde luego sos más famosa que Blancanieves, o mejor dicho más querida.
Me preguntas porque sos más querida, porque vos podés pasear, recoger flores, en cambio Blancanieves se fue del palacio para limpiar y cocinar para siete enanitos, ¿a quién se le ocurre?
Claro, y Cenicienta, bueno, ella peor mira si el príncipe la va a reconocer por un zapato, en cambio vos, sí que sos valiente al cruzar sola el bosque. ¿Me dejás que te acompañe?
Buenísimo, ¿vamos por el camino más largo o por el camino más corto?
Seguro tu mamá te habrá dado indicaciones, pero nunca le haces mucho caso a ella, igual a veces está bien no hacer todo lo que nos dicen los demás, a veces es muy importante decidir por uno mismo.
¿No te dejan? Bueno, de todos modos, se nota que sos bastante rebelde
¡Qué lindo ir por este camino bordeado de flores naranjas! El anaranjado es mi color preferido, el tuyo debe ser el rojo.
Ah, mirá vos, el azul te gusta más, el rojo es el preferido de tu mamá, claro, ella te hace la ropa y usa los colores que quiere.
Sí, sí, no tiene en cuenta tu opinión, pero a veces las madres son así, piensan que lo que les gusta a ella debería gustarle también a sus hijos
Y si es así, no te enoje con ella, es como una realidad, sienten que ellas saben lo que es mejor para nosotros
Si claro, yo también tengo una madre se llama Grillera, yo le digo mama Grita, ella me preparó este trajecito y aunque le dije que no me gusta el sombrero, dice que tengo que usarlo porque me cuida del sol, y bueno, yo lo uso, finalmente me está gustando
¿No le tienes miedo al lobo?, es algo que me pregunto siempre, a mí me da miedo encontrarlo
¡Qué raro! Siempre pensando qué le temerías al lobo, que te lastime, o que te coma, y vos le tenés miedo a la oscuridad, y si tal cual, los miedos son diferentes para todos.
Si claro, vamos a apurarnos para llegar a la casa de tu abuelita además se está yendo el sol y va a empezar a oscurecer, no quiero que te asustes y nos perdamos en el camino y entonces, tal vez nos encontremos a mi miedo, o sea al lobo.
Si es tal cual decís Caperucita cada uno anda con sus miedos a cuestas
¿Cuál es la casa? ¿La de techo azul?, ¡que linda casita! Menos mal que llegamos de día.
Tu abuela está esperando en la puerta muy contenta, seguro se pone feliz con la cesta llena de comida y de flores que juntamos. ¿Qué no le gustan las cestas de regalos? ¿Que no te gusta visitar a tu abuelita?
¡Ay Caperucita! no me imaginaba que tu abuelita fuera mala, en el cuento parece tan dulce y amable, pero si le tenés miedo a tu abuelita, vamos a escaparnos. ¿Dónde podemos ir?
Estás segura amiga, la cueva del lobo te parece más segura que la casa de tu abuelita?
Bueno, entonces vayamos Hacia allá, y que Dios me ayude con mi miedo, si vos lo decís Caperucita te voy a hacer caso.
Bueno, no te enojes, si te creo, tu lobo es más bueno que tu abuelita, vamos, vamos rápido a la cueva, pero entonces me enseñaron todo mal.
Juguemos en el bosque mientras el lobo no está, vos me contas que con tu lobo feroz se puede jugar y con tu abuela no. Se invirtieron los papeles. Bueno, sí tenés razón, basta de charlas que empieza a oscurecer
 
 
Kari
¿Dónde dejé la…? Ah. La encontré. Te dije que mi cabeza está en cualquier lugar menos en donde tiene que estar, si la espada la usé esta mañana. Sí, sé que me estoy preocupando demasiado. O tal vez no. ¿No eres tú el que suele preocuparse más de los dos? No lo sé, no sé si en este caso hemos intercambiado papeles. ¿Que estoy exagerando? Has visto cómo se puso mi padre cuando conoció la noticia, estuviste allí. Ese golpe que dio sobre el trono… debió haberse lastimado la mano. ¡Por los cuatro elementos! ¿Dónde he dejado el paño para limpiar la espada? Gracias. ¿Que esa visita no puede ser tan importante? No, no creo que sean asuntos de la realeza, o sí pero seguro deben afectarnos a nosotros, al menos al Territorio de Agua. A mi padre le llamó la atención que quisiera hablar solo con él, que estuviera en camino de urgencia. No ha convocado a los reyes de los demás territorios. Tiene que ser algo grave. No puedo calmarme. Hazme un poco de lugar que tengo que acercarme al sector de afilado. ¿Y si nos llama a luchar? ¿Si quiere provocar una guerra? ¿Cómo que con quién? No lo sé. Quizás con alguno de sus enemigos, su intención puede ser aprovecharse de la fortaleza de nuestro ejército. Estoy teniendo cuidado, no voy a dañar la espada. Mi padre le debe favores, es probable que desee cobrarlos ahora. Por favor, no digas que me entiendes si luego vas a decir que lo que pienso no es real. Sí, estoy cansada. Muy cansada de los secretos, de que nadie sea claro. ¿De nuestro…? Sí, claro que estoy cansada de nuestro secreto, de escondernos. ¿Sabes cuántas ganas tengo de gritar a los cuatro territorios nuestro amor? Sí, sé que alguien podría entrar, es el centro de entrenamiento, lo sé. Ya solo me queda pasarle un poco de grasa a la espada y termino. Ve, espérame en nuestro sitio. ¡Por los cuatro elementos, me has despeinado!
 
 
 
Adri
Sabes de lo que te estoy hablando, no, no te gastes en dar excusas, ya sabes cómo termina todo, no hay nada que pueda hacer yo. Bueno, en eso tenés razón, por ahí si le hablo tranquila, conmigo no se enoja tanto. Pero mira que sos terco, mil veces te avise que se iba a pudrir mal si te comías todas las milanesas, y vos te las morfaste igual, ni unita le dejaste. Sabes que no hay nada que le guste más que las milanesas que yo hago, y más ahora que las hago de vez en cuando porque la guita no alcanza. ¡Sos guacho, no te rías!  Hace como un mes que tu padre estaba esperando cobrar para comprar la carne y decirme que le haga sus queridas milangas, para mí que siente como un amor de mi parte, porque tenés que ver con que ganas las come y como las disfruta. Claro, igual que vos, pero vos no compras las cosas che, morfas de arriba nomas, ¿Cómo no se va a calentar? Y para colmo vos te pones a discutirle cada cosa que dice, no, no tenés razón en todas nene, y si, si pareces un nene, haces cagadas y no te bancas, ahí venís a qué te cubra. ¡No, no y no! Ahora a tu padre te lo bancas vos. Cállate, que vas a arreglar comprando milangas hechas si parece un sabueso, se da cuenta de acá a la china que no son las mías. ¿Y qué, andas con plata? ¿Con qué pensas comprar lo que decís? Mirá que sos tremendo, le morfaste las milanesas para hacerlo rabiar nada más che. Después le dura el encule y me lo tengo que bancar yo. Pero si te pagas una muzza y una birra yo te perdono, nos tenemos que ir antes de que llegue, así capaz se le pasa un poco y cuando te vea te grita pero te no te mata.
 
 
Mirna
¿En serio? ¿De nuevo? ¿Otra vez con eso?  Ya habíamos quedado en que no. Que se va… que se regala. Ya no tenemos lugar. Este departamento es muy pequeño… Por supuesto que me duele, fueron varios años, pero ¡qué vamos a hacer… no cabe un alfiler! Ocupa espacio y no sé si sigue siendo necesaria. 
¿Te acordás cuando llegaste con tus bártulos y los 120 volúmenes de la colección en cajas?
Lo primero que pensé fue dónde meteríamos tantos libros. Sin embargo, le hice un lugar.
¿Te acordás cuando copó el sillón y el control remoto de la tele se perdió y resulta que estaba debajo de todo ese montón de peso inerte y desaprovechado?
Pero últimamente, siento que me quita el aire. Eso, me ahoga.
Además, siempre ahí, en silencio… no me aporta más que polvo en el ambiente. Los cambios de lugar nunca resultaron.
El silencio me molesta, me irrita. Pareciera que mira todo lo que hago. Revisa mis expresiones, escucha mis pensamientos, hurguetea mis movimientos.
Me molesta tanto lomo que ya no acaricio…
Imaginate lo cómodo que quedaría el sillón si no estuviera…
¿Qué decís? ¿Cómo que de qué estoy hablando?  No, mujer. No hablo de vos…
 
 
Martín
La Silla
 
Estoy sentado. La silla está lejos de las paredes e incluso de alguna mesa. Escucho a alguien dialogar en la habitación de al lado. Su puerta está cerrada.
Puedo oír todo lo que dice. No sé con quién habla. Me esfuerzo por hacer el mínimo sonido en cada movimiento. Me impaciento e intento llamarlo. Hace silencio por unos segundos. Al no suceder nada, continúa con su charla. Lo escucho hablar mal de todos, especialmente de su familia. Continúa hablando de temas menores, mencionando varios nombres de personas que no desconozco. Hubiese querido que la habitación no fuese tan fría. El olor, el olor horrible de este departamento es insoportable. Abrir la ventana con este frío no es buena idea.
Sigue su conversación, ahora hablan de dinero, no entiendo si le deben o si solo se lo está pidiendo. Se me ocurrió hacer algún ruido con la silla para llamar su atención. Apenas logré unos segundos más de silencio y la charla sigue como si nada hubiese ocurrido.
De momento el televisor me acompaña con imagen pero sin sonido. Mejor así, de otra forma no podría escuchar nada. Intento entender lo que le pasa. Me queda claro que no le importa que lo escuche.
De a ratos era una charla amistosa, hablando de lo rica que es la carne a la plancha. De a ratos se enojaba y le pedía muy groseramente que se fuera, prefería no compartir la cena.
Indignado, incómodo y con frío empiezo a hacer ruido como pude y a llamarlo con una voz inaudible. Sin parar de hablar, salió muy rápido de la habitación hablando solo y de mí. Todo este tiempo estuvo hablando solo.
Yo sin poder moverme, con las manos adormecidas por las ataduras veo que se acerca con cara desenfocada, sus ojos con gesto hambriento y yo sin poder moverme. 


Laura
La silla
Desde la primera vez que llegó y se apoyó en mí, pude sentir un peso que es más que el de su cuerpo, es el de la incertidumbre, el de las noches sin dormir, el de la frustración por un mundo que no entiende.
Siempre estoy en el mismo rincón, soy testigo silencioso de sus luchas con él mismo y con la realidad que lo supera, ya sé que vos también lo sos, cuando te aprieta en su mano, soportas que su alma grite, se libere y descargue sus sentimientos más profundos.
Recuerdo que, al principio, se sentaba con furia. Dejaba caer su cuerpo como una roca, y yo resistía bajo su enojo. Te agarraba junto con otros los pinceles y la paleta de colores con rabia, creaba lienzos caóticos, oscuros, llenos de trazos bruscos, seguramente vos lo recordarás mejor que yo.
 El estudio era el lugar donde dejaba salir a sus demonios, si habrá golpeado sus puños contra mí, y hasta una vez me estrelló contra el lienzo, cuando éste reflejaba tanta ira y dolor.
 Pero con el tiempo, algo cambió, no puedo decirte que fue exactamente.
Si puedo decirte que una tarde, en lugar de pintar, simplemente se sentó. Se reclinó en mi respaldo, con la mirada perdida en el lienzo en blanco, y a partir de ahí, solo estuvimos él y yo, el resto, inclusive vos, desaparecieron. Estuvo así por horas. En ese silencio, pude sentir lentamente su alivio, como si fuera desprendiéndose de la pesadez de su enojo, de sus debilidades e impotencia. A partir de ese día, el estudio se convirtió en su santuario.
Entendió que la realidad iba a seguir agobiando su alma y sólo podía aportar algo al mundo desde este lugar y con su talento.
Cada vez que llega, viene y se sienta un rato en busca de paz. A veces se queda un tiempo largo y solo escucha música, o lee, y de repente, veo que te busca y crea unos lienzos luminosos, y en cuanto te deja sobre el atril, vuelve a acomodarse sobre mi respaldo y contempla su creación, para mí es un mimo sentir su liviandad.
Cuando está en armonía, su peso se hace más ligero, creo que se dio cuenta que éste es su lugar en el mundo. Percibo su calma en la suavidad de sus pinceladas, imagino que eso, vos también lo habrás notado.
El estudio es su refugio y yo su confidente, el único lugar donde no tiene que ser nadie más que él mismo, siento que soy la que siempre lo sostiene, me siento muy orgullosa de mi función, aunque quizás como siempre me decís, para él, yo sólo sea una silla.


Claudia S
Las sorpresas de papá
 
   ¿Es lo que pensábamos? ¿estás segura? ¿no hay ningún error? No... quedate tranquila que los paso a buscar yo por el club. ¡Qué me van a decir sino falto nunca! Y, encima, llego casi siempre diez minutos antes que el jefe. No te preocupes que me avisó el mecánico que el arreglo no sale mucho, pero que vaya buscando un usado. Creo que se lo dejo ahí hasta fin de año o el que viene. No, no me dio ningún presupuesto. ¿Hay alguna sube en casa? Creo que tiene descuentos o promociones algún día de la semana. Vos decís que esa es la del supermercado...No, pero hay para el colectivo, el tren y también para el subte creo. Entonces puedo pagar con la de crédito... ¿no se puede pagar en efectivo? Ah, bueno, pero sale más caro ¿Cómo que en efectivo el boleto sale más caro? ¡Es que hace tanto que no tomo un colectivo! Nos vamos a tener que familiarizar con todo esto. Por lo menos por unos meses y vemos lo del arreglo. ¿Qué tome un Uber? Claro... porque con los chicos y yo nos saldría más barato y nos trae hasta la puerta. Pero... si no les cuento en algún momento se van a dar cuenta...Bueno, no decimos nada hasta que empiecen a sospechar. ¿Al viejo? También lo llevo en Uber. Ni se va a enterar si casi no ve. Nada de nada sobre lo tuyo. Bueno, bueno, eso también lo dejamos para más adelante.
    Espero...sí, responde tranquila el mensaje. ¿Qué? Llegan el fin de semana. Así, sin avisar con un poco más de tiempo por lo menos. No todos... ella sola con el perro. Y sí... de eso ni una palabra a tu vieja. Ah, va a tener que dormir en casa. ¿Y dónde la metemos? ¿Qué? ¿Para enero? Mejor voy consultando precios con algunos albañiles. Y sí, por lo menos dos cuartos más por ahora y vamos viendo. Te corto porque está sonando el timbre. Chau, chau, hablamos en casa. ¿Quién los trajo? ¿El tío Luis? Sí, se me hizo un poco tarde. No, no digo nada y me hago el sorprendido. ¿Un cero? ¿Lo vieron bien ustedes? No, si me encanta la noticia...Lucas me alcanzas un vaso de agua... bien...bien... estoy un poquito mareado nada más.
 


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LA MUSIQUITA DE HOY




"El que siga buen camino tendrá sillas / peligrosas que lo inviten a parar".

Por supuesto, la musiquita de hoy es el tema de Silvio, Historia de las sillas


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