jueves, 27 de noviembre de 2025

33 ~ Cómo me volví imposible





Hoy les traigo un poema de esta escritora que recientemente descubrí: Mary Ruefle.
Veamos...

















Cómo me volví imposible
Mary Ruefle (EEUU, 1952)
Trad. Ezequiel Zaidenwerg-Dib
 
Nací tímida, con una incapacidad congénita para hacer nada
lucrativo, para ver nada en colores, para que me gustaran las ciruelas,
con una marcada aversión a viajar alrededor del cuarto,
lo que es absolutamente normal en los bebés.
¿Quién escribió esto? fueron mis primeras palabras.
No me gustaba estar prendida fuego.
Cayó más nieve de la que fui capaz de derretir.
Los ojos se me pusieron verdes y a su debido tiempo viajé
a otros países donde me formé opiniones
sobre objetos duros, fríos, relucientes y cosas suaves, cálidas,
peludas. De grande, se me suscitó
una pasión por los caquis y me llenaba de júbilo
cuando llegaba una postal para los recientemente fallecidos.
Me volví reacia, y empecé a pasar cada vez más tiempo
en mi bote de remos. Toda mi vida creí que los osos polares
y los pingüinos se criaban jugando juntos
sobre el hielo, compartiendo la vista, los bocados de grasa de ballena
y los refranes inocentes. Un día leí una revista científica:
en un polo no hay pingüinos, en el otro
no hay osos. Estos dos, que por tanto tiempo habían sido íntimos
en mi imaginación, empezaron a alejarse, cada uno en su témpano,
hasta perderse en los mares de hielo. Me di cuenta de que me estaba volviendo
imposible, cada vez más imposible,
y de que verdaderamente un día se haría realidad.


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CONSIGNA DE ESCRITURA

Me resultó interesante la selección de episodios para narrar una vida, hasta derivar en "volverse imposible". Ninguna de las elecciones / versos es trivial, ni parece responder al azar. Por eso, les propongo este ejercicio, como alguna vez hicimos con un poema de Laura Devetach. Vamos a tomar algunas partes del poema para copiar la estructura.  Ustedes van a completar y recién cuando terminen, tendrán el título de sus poemas: Cómo me volví...

Estos son los fragmentos/puntos de partida/comienzos de versos/ de estrofas (podés usar uno, algunos, todos, parafrasear, modificar, descartar, etc):

Nací ........................... con una incapacidad para 
............................. fueron mis primeras palabras.
No me gustaba .............................................
Cayó ...............................................
Los ojos ....................................... 
y a su debido tiempo ...........................................
De grande.......................una pasión por...........................
y me llenaba de júbilo...................................
Me volví ..........., y empecé ............................................
Toda mi vida creí que .................................................
Un día leí ........................................
Me di cuenta de que me estaba volviendo..................................................
y de que verdaderamente un día se haría realidad.

Por supuesto pueden hacer una segunda versión, en la que modifiquen todo lo que necesiten de esa estructura: lo que no les convence, lo que suena mejor de otra forma o en otro orden, un sinónimo, lo que deseen. Pero el primer borrador que sea con este molde. ¿Si?


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LOS TEXTOS DE USTEDES

Karina - Cómo me volví serpiente
 
Nací inflexible con una incapacidad para adaptarme 
no y no puedo fueron mis primeras palabras.
No me gustaba lo que estuviera fuera de mi estructura
Cayó el cielo y no pude más que ver
Los ojos, mis ojos, se abrieron para mí 
y a su debido tiempo me rendí
De grande creé una pasión por el contorsionismo mental
y me llenaba de júbilo pensar que podía moverme de otra forma
Me volví arte, y empecé a tener miedo
Toda mi vida creí que tenía que seguir las reglas de los otros
Un día leí lo que había escrito años antes
Me di cuenta de que me estaba volviendo una serpiente cambiando su piel
y de que verdaderamente un día se haría realidad.
 
 
Claudia S
Algo se volvió posible
 
    Nací con poca capacidad para dedicarme a las plantas. A pesar de haber comprado muchas y poner todo mi empeño en ellas, mi incapacidad perdura a través de los años.
     Cuando era joven, mirar películas o cualquier programa de televisión significaba una pérdida de tiempo. Ese tiempo tenía que consistir en estar haciendo cosas útiles como un trabajo remunerado o tareas domésticas. La tecnología no fue mi mejor amiga y aún no lo sigue siendo. Su avance me producía cierto miedo al principio, hasta que la consideré como una herramienta de trabajo.
   Además, pensaba que no tenía espacio para una mascota hasta que apareció mi gatita y se escondió debajo del tanque de agua y se adueñó de toda la casa y me llenó de júbilo.
   Y especialmente, creía que nunca me iba a poder mudar a otra casa y ver a las personas caminar o correr en un día de lluvia a través de una ventana. Ahora, me doy cuenta que estaba equivocada y que algo tan simple como eso, muy pronto se podría hacer realidad.
 
Mirna
Nací entre risas y burbujas con una incapacidad para festejar.
Un gruñido involuntario, cargado de ironía y ternura, mezcla de decepción y alegría fueron mis primeras palabras.
No me gustaba desperdiciar el tiempo en reuniones obligadas y charlas exigidas, pero debía asistir.
Cayó a fin de año y puntual la fecha de mi nacimiento.
Un día cayó el castillo de naipes en el que estaba viviendo; sus cimientos estaban en la arena.
Los ojos no podían contener tanto líquido 
De grande se me despertó una pasión asombrosa por las aves
Me volví loca, y empecé a replantear mi existencia.
Nací solitaria, con una incapacidad para 
Cayó una lluvia torrencial cada vez que quise ir a un picnic.
Los ojos querían asombrarse, pero no me animaba a mirar
De grande descubrí una pasión por la actuación,
Me volví fanática, casi adicta al teatro y empecé a sentir
y de que verdaderamente un día se haría realidad.
Cayó para que lo mezcle, un mazo de cartas en un gesto claro, medido, detenido muy cerca de mí.
Los ojos, como un esquema rectangular, numerológico me mostraron la vía del tarot. Arcano, decimal, sin aparente sentido común. 
Los ojos aprendieron rápidamente a entornarse creando en mí un gesto de dureza adusta,
y a su debido tiempo supieron relajarse y gozar de las luces de colores parpadeantes.
De grande y aun niña, armé una pasión por los cielos encendidos
y me llenaba de júbilo que llegara diciembre.
Me volví refulgente, y empecé a construirme.
Toda mi vida creí que brillar era indispensable para ser reconocido.
Un día leí que estar cerca de las luces puede hacer que desaparezcas a los ojos de los otros.
Me di cuenta de que me estaba volviendo invisible,
y de que verdaderamente un día se haría realidad.
 


Claudia V.
 
Nací batalladora y curiosa, con una incapacidad para hablar sin emoción ni para florear cualquier discurso. 
Fueron mis primeras palabras: ¿estuve linda? Como una necesidad imperiosa de reafirmar mi autoestima.
No me gustaba la leche                                   
Cayeron más lágrimas que gotas en el mar. ¡Una exageración!                         
Los ojos    nunca se aclararon pese a la genética y creí que la vida iba en una sola dirección.                                                                                                       
Y a su debido tiempo aprendí que no era importante                        
De grande    entendí a mi madre
una pasión por sólo por vivir lo que la vida me ofrecía.                    
Me volví   altiva y empecé   a ser incapaz de entender los sentimientos y emociones de los demás                                                          
Toda mi vida creí que la verdad era una sola, irrebatible, objetiva                                               
Un día leí que la realidad no es una                                                                               
Me di cuenta que me estaba volviendo un poco más humana y por qué no, un poco más sabia                                                                
Y de que verdaderamente un día de se haría realidad.
 

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Nací muy fea, decía mi madre y ante esas palabras, nacía en mí la incapacidad por florear cualquier expresión, ante cualquier cosa que quisiera decir. A veces, más allá de la intención, las palabras encierran mucha crueldad que desconocemos y pueden hacer mucho daño.
Creía que la verdad debía estar ante todo y que esa verdad era una sola, irrebatible y objetiva y que, si yo podía verla, todos lo harían. También creía que la vida iba en una sola dirección. Me volví altiva, ignorando la existencia de sentimientos y emociones ajenas.
No me gustaba la leche, el símbolo más grande de amor, que podía entregar mi abuela.
Mis ojos siempre fueron oscuros pese a la genética y a su debido tiempo aprendí que no era importante, como tampoco lo era ser dueña de esa verdad que no es una, sino que depende de la realidad de cada uno.
De grande entendí a mi madre y todo aquello que escondían sus lágrimas. Aprendí a perdonarme y fue que me di cuenta que me estaba volviendo un poco más humana y, porque no, un poco más sabia.
 
 

Sabri

Cómo me volví irreconocible

Nací seria, con la incapacidad de falsificar sonrisas.
No me gusta, fueron mis primeras palabras. No me gustaba nada el mundo al que me habían traído.
Un día cayó el castillo de naipes en el que estaba viviendo; sus cimientos estaban en la arena.
Los ojos no podían contener tanto líquido 
y a su debido tiempo terminé cosas que nunca había empezado.
De grande se me despertó una pasión asombrosa por las aves
y me llenaba de orgullo descubrir una especie que nunca había visto u oído.
Me volví loca, y empecé a replantear mi existencia.
Toda mi vida creí que las cosas se rompían si se las golpeaba. Un día leí que a veces amanecen rotas, así, porque sí.
Me di cuenta de que me estaba volviendo irreconocible, yo no me reconocía en las fotos ni en los espejos y de que verdaderamente debía hacer algo para volver a ser yo.
 

 

Adri
Nací solitaria, con una incapacidad para 
tener amigos, para reírme fuerte, para hablar sin ponerme colorada.
¿Qué hago acá? fueron mis primeras palabras.
No me gustaba el día de la primavera
Cayó una lluvia torrencial cada vez que quise ir a un picnic.
Los ojos querían asombrarse, pero no me animaba a mirar
más allá del muro del patio de mi casa, entonces me empeciné
en aprender a andar en bici y a su debido tiempo
pude alejarme un poco y disfrutar el viento en la cara.
De grande descubrí una pasión por la actuación,
moverme en el escenario me daba libertad total
y me llenaba de júbilo.
Me volví fanática, casi adicta al teatro y empecé a sentir
que era posible tener amigos.
Toda mi vida creí que me quedaría sola, sin embargo,
encontré la llave para salir del encierro.
Un día leí que quien gasta un par de zapatos
en el escenario, no se baja más.
Me di cuenta de que me estaba volviendo capaz de tener un sueño
y de que verdaderamente un día se haría realidad.

 
 
Lauri
 
Nací sin llanto, crecí con el silencio de “ser”, con una incapacidad para entender para que llegué a este planeta.
¿Quién soy? fueron mis primeras palabras cuando descubrí que con el sonido que sale de mi garganta podía llegar a otros, pero no tuve respuesta.
No me gustaba que me vean como un bicho raro, nunca me pude mirar en el espejo.
Cayó la luna entre mis manos y no supe que hacer con ella, la invite a jugar pero no quiso.
Los ojos del único animal que había cerca me miraban atentos y a su debido tiempo se acercó hasta mi, primero sus patas rozaron mi cuerpo, al rato se acomodó entre mis brazos y descubrí por primera vez como se siente cuando se siente cariño.
De grande, entendí  que no importa quien sos sino como te ven, sentí una pasión desmedida por gritar todos los silencios, míos y ajenos,  me llenaba de júbilo pensar que sería escuchado, pero no sucedió...
Me volví el loco de la calle, y empecé a recibir miradas despectivas, insultos y hasta algún golpe.
Toda mi vida creí que el silencio me alejó del mundo, pero ahora me doy cuenta que los gritos alejan mucho más.
Un día leí que en el silencio se encuentran todas las verdades.
Me di cuenta que me estaba volviendo sabio y a lo mejor, podría demostrarle al resto de la humanidad que también existo y lograr que hasta me miren diferente.
Quizás alguna vez, me llamarían con un nombre (porque debo tener alguno), aunque sea lo último que escuche, reconocerme en él y sonreír.
Estoy seguro de que verdaderamente algún día se hará realidad.
 


Ro

Nací río, con una incapacidad para llegar a someterme a mi mínima expresión.

Incapaz de aproximarme a la figura que danza dentro del óvalo, sin volverme extremadamente receptivo.

Busqué desde pequeño, incontables significados. Navegué entre las plantas del jardín como una oruga que solo piensa en su próximo paso, en llegar a crisálida.

Quiénes son esas dos florecillas cortadas? fueron mis primeras palabras.

No me gustaba estar dividido en dos. Ni rojo, ni azul. En la mirada avezada, un blanco de entidad angélica o un niño saliendo de la tumba.
Cayó para que lo mezcle, un mazo de cartas en un gesto claro, medido, detenido muy cerca de mí.
Los ojos, como un esquema rectangular, numerológico me mostraron la vía del tarot. Arcano, decimal, sin aparente sentido común. 

Y a su debido tiempo, el Fénix pudo renacer de sus propias cenizas. Una leyenda de eternidad, en esa perpetuidad cíclica del Cristo resucitado, una espiral que por azar me atrevo a calificar de milagrosa, me reveló otras vidas.

Yo, como un río, o el trazo de un dibujo, tragado literalmente por una tormenta alquímica y sagrada.

De grande, las posibilidades. El arribo del amor, una pasión, la exploración profunda por la arquitectura interior. De la conciencia como obra común, de la ambigüedad que incita a preguntarse sobre la delicadeza sublime de un ángel que estalla.

Disuelto en mi cuerpo, desprendido de la dictadura de los espejos, del dolor de las comparaciones, asumiendo la luz y la belleza, me llené de júbilo. Todo contribuyó a aumentar mi alegría, ni azul, ni roja. Blanca, conteniendo la totalidad de los colores, en lo que había sido una soledad sin domicilio fijo.

Me volví uno de los primeros esotéricos, sin reticencias intelectuales, ni timidez. Lejos de mí la víctima, ningún sufrimiento del pasado, ni educación con falsas leyes. Y fui un ejército, un sol, las estrellas y la galaxia.

Toda mi vida creí que viviría inmerso en el agua, tal vez flotando en su superficie, pero como cangrejo que sale cargando lunas en sus pinzas, ascendí como satélite y fui más allá de este río.

Un día leí sobre la carta del siete de bastos. Sobre esta energía gloriosa, resplandeciente, como un fuego que pasa por las articulaciones. Una energía, que se ofrece al mundo, a quién tenga la habilidad de saber emplearla, como un estallido creativo de acción sin trabas.

Me di cuenta de que me estaba volviendo un hombre, que escribe, con una mirada intensa, capaz de desintegrar un rayo, una pluma, un cometa, una torre, y de que verdaderamente un día se haría realidad.

 

 


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LA MUSIQUITA DE HOY



"Tengo que aprender a volar 
entre tanta gente de pie".

jueves, 20 de noviembre de 2025

32 ~ Algo que dejé de hacer

 

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LOS TEXTOS DE USTEDES


Mirna
Lo que fui
 
Mi vida siempre fue escuela. Mi libro guía, la Agenda Escolar. 
Uno de los primeros recuerdos que tengo apropiados… esos que uno recupera por verse en fotos, es sentada cual mascota en medio de un numeroso grupo de personas y atrás, en el reverso, con letra cursiva dibujada: “Alumnos del taller de cerámica. Ricardito Lencinas, cuidándola”.  Y luciendo un simpático bombachudo que cubre los pañales y apenas pudiendo sostenerse sentada, aparezco yo. El promedio de edad del grupo actualmente debe estar rondando los 80 y pico a juzgar por la fecha de la foto.
 
 El siguiente recuerdo que tengo de mí misma, es caminando de frente, con guardapolvo almidonado, moños en el cabello, medias zoquetes blancas con puntillas, zapatos al tono y unas rodillas que parecían más de carbón que de alumna. Atrás, la puerta de la Esc. Normal.
Mi vida entera es escuela. Y no sólo por lo que estoy contando. También porque cada día de mi vida, desde que la recuerdo, giró alrededor de la escuela. Las fechas de cumpleaños y las efemérides son datos imprescindibles en mi memoria.  Los turnos médicos: después de las 17 hs para poder llegar. Compras del super: los sábados.
Semana Santa era sinónimo de planificaciones y más tarde, de Proyecto Escuela. Esa era la fecha tentativa… y siempre y cuando la primera luna llena de primavera estuviera de nuestro lado.
 Si de gastos hablamos, los costosos: en julio o diciembre, con los aguinaldos.
Si se podía, vacaciones en enero y bronquitis en el receso de invierno. No había chance de otras fechas.
Y mientras muchos dimensionan el paso del tiempo según las estaciones del año, para mí el año se divide así: 1° y 2° Cuatrimestre. Si necesito algo más ajustado al corto plazo, son 4 bimestres.
La escuela me atravesó la vida…y como debí quitarla, siento que estaré desangrándome de a poco… hasta volver a encontrar otra pasión.
 
 
Karina
Dejé de volar en soledad
Dejé de seguir otros instintos
Dejé de perderme entre las corrientes
Dejé de odiarme a mí mismo
Dejé de escuchar a quienes no quieren problemas
Dejé de buscar mi hogar
Dejé de adorar a las coronas
Dejé de añorar el amor
 
 
Laura
ALGO QUE DEJÉ DE HACER
 
En algún momento de mi vida dejé de hacer cosas y no se porqué o no lo recuerdo...
Aprendí de todo un poco, la curiosidad tiene esas cosas, querer aprender todo y en cuanto pasa la novedad, aburrirse muy rápido. Podría hacer una lista de todo lo que hice desde chica, no es que a mis padres les sobrara el dinero, sino que les faltaba paciencia.
 Aprendí a leer a los tres años, y por ende a los cuatro ya sabía escribir, a los siete, tejía al crochet, mi abuela Lola me enseñó los primeros puntos con los que hice un chaleco azul, luego aprendí un poco más con mi tía Chola, quien además, me enseñó a tejer en dos agujas y hasta con la máquina knitax. Antes de los diez aprendí a bordar (a mano y a máquina), a hacer macramé. Para los doce, ya había hecho unas clases de acordeón a piano, mecanografía y taquigrafía, corte y confección, folklore y también, dibujo y pintura. Donde más duré fueron en las clases de dibujo, donde era evidente mi falta de talento, pero igual fui durante unos tres años por obligación de mi mamá, (parece que necesitaba los sábados a la mañana libre).
A lo largo de mi vida hice cursos muy variados:  velas, reiki, yoga, masajes, oratoria, artesanías, repostería, depilación, maquillaje social y artístico, entre otros, con la aparición de internet, incursioné como autodidacta. Terminé algunos, otros no, muchos de ellos me dieron trabajo en épocas de vacas flacas y siempre voy a estar agradecida por ello.
También hice deportes, sobre todo atletismo en mi adolescencia, natación unos años después pero no me destaqué en nada y también quedaron en el camino. Estudié industrial con miras no muy seguras de seguir una ingeniería pero en el último año de secundaria, un cachetazo de la vida, lo dejó en el olvido. Tuve varios emprendimientos, que me permitieron salir del paso y hasta pagar algún gusto, tampoco ninguno fue “el gran negocio” pero me permitió criar mis hijos y seguir adelante. Tuve ideas solidarias que me dieron muchísimas satisfacciones, que por distintos motivos se truncaron... igual, siempre de algún modo, despunto esas ganas de ayudar.
En fin deje muchísimas cosas en el camino, pero como dice el tango, siempre se vuelve al primer amor, a la pasión primigenia, a la que me salva de mis silencios, mis dolores más profundos y mis alegrías más inmensas. La que estuvo siempre, un poco escondida a veces, y mas expuestas en otras ocasiones. La que me invita a saciar esa latente curiosidad con un libro entre mis manos, y con una hoja en blanco para escribir y encontrar el sentido a lo que me hace sentir viva .
 
 
 
 
Dejé la jaula
y apareció el bosque
Dejé de ser victima
aunque lo fuera
 
Dejé de ser de otros
Dejé la ira
 
Trato de despegar
de la frustración
pero a veces
me agarra distraída
 
Dejé de culpar
menos a mí
cambié carcajadas
por una sonrisa
 
Dejé de ser yo
y fuimos familia
 
Dejé que se fueran
algunas personas
y me sentí mejor
a otras aún hoy
las extraño
 
Dejé de estar en guardia
algunos golpes recibí
pero también
muchas caricias
 
Dejé el orgullo
y apareció la ayuda
Dejé la puerta entornada
y alguien encendió la luz.
 
 
 
Sabri
Algo que dejé
 
Dejé de querer agradar
y de estar en lugares en los que no estoy cómoda;
de tener relaciones de amistad unilaterales
y de “tener que” con quienes no quiero tener nada.
 
Dejé de poner excusas para sentirme mejor,
de pesarme todos los días
y de examinarme en el espejo;
dejé de verme como alguien que no llega nunca a donde quiere.
 
Dejé a algún que otro decepcionado,
a alguien plantado, con y sin motivo.
Dejé de dar mi número a desconocidos con un nombre falso.
 
Dejé, poco a poco, de soportar ruidos fuertes.
Dejé de fumar,
de tomar una copa cada noche
y de llegar tarde a propósito.
 
Dejé la queja sin proponer un cambio.
Dejé de dar consejos que no me piden
y de mirar al mundo desde mi ombligo.
 
Dejé a mis padres,
trabajos, novios y amigas.
Dejé estudios, profesiones,
malos y buenos hábitos.
Dejé mis prejuicios
y de perseguir estándares
imposibles.


Silvia

Todos tenemos esos
espacios interiores que
visitamos normalmente.
Como aquel edificio
nacido a orillas de un jardín,
donde hoy las
plantas mesozoicas
invaden su estructura y
el plumaje vetusto de la cal
se desintegra.
Tantas  veces invita a los ojos a
colarse por el
costado del vacío y
rozar los mosaicos de ajedrez.
Tantas veces el insomnio
acaricia el
tallo de la piel…
Y en su núcleo
la oscuridad es
un río
 donde pena el alma.


Martín
Dedos en fa

 
–Quisiera saber tocar el piano para poder interpretar “Piano Man”.
 
Nací desgraciado. Me tomó muchos años entenderlo y luego aceptarlo. Natación, inglés, guitarra, dibujo y más. No es que mis padres quisieran que me dedique a todo eso o a algunas de esas cosas. Teniendo la tarde libre y la calle tan accesible: 
–¡Algo tenés que hacer!
Y así fue, algo hice. También aprendí a armar y reparar barriletes, aviones de madera balsa y bicicletas.
Todo sirve, ahora sé que supe hacer muchas cosas. Me fanaticé con muchas cosas. Así fue con la bicicleta, el gimnasio, la televisión de aire y los cassettes piratas.
Muchas cosas me resultaron imposibles: jugar al fútbol o cualquier otro deporte con pelota, bailar y cantar. Pero con la guitarra pasaron cosas. Rendí algunos niveles en la cultural y aprendí de memoria muchas notas y partituras. Llegué a cantar alguna zamba pero nunca reconocí ninguna nota. El oído musical faltó a la cita del reparto de habilidades cuando nací.
Ahora, ya no uso bicicletas ni las arreglo, no hago aviones de madera ni barriletes, no miro televisión ni tengo una. Deportes, ninguno. Pero si agarro una guitarra pongo los dedos en fa.
 
Lali
Algo que dejé de hacer fue resignarme a seguir viviendo en el lugar donde estábamos radicados, debido al asma de mi padre. La experiencia vivida fue buena para nosotros pero, desbordada de soledad en cuanto a la presencia de familiares. Mi madre y yo -siendo niña y adolecente luego- pasábamos casi todos los años el mes de enero en Buenos Aires, en el resto del año vivíamos en una de las provincias andinas de la Argentina, absolutamente solos los cinco, es decir mis dos hermanos, mis padres y yo. 
 
Así fue que pasó la vida para nuestros mayores y  como los hijos estábamos acostumbrados a los paisajes maravillosos que eran parte de nuestro hacer no pensamos para nada en salir de allí dejando nuestras vivencias, al igual que nuestras amistades. El imaginario de mis hermanos y el mío no congeniaban con esa posibilidad.
 
Allí crecimos, nos educamos, y ya mayores quedamos huérfanos de padre y dos años más tarde de madre también, ya que la pobre no pudo más con el cáncer que la estaba devorando desde hacía unos pocos años -la soledad era mucho más fuerte que el hecho de decir que habíamos quedado solos- porque esa palabra tenía eco, y retumbaba cuando la pronunciábamos... soolooosss...  Los tres habíamos fracasado en nuestros intentos de formar familia hasta cerca de los 30 años, en que tomamos conciencia del tema que se repetía entre nosotros... los tres hermanos. 
 
Sin convicción alguna les dije a ambos reunidos en mi departamento que había decidido irme de allí. José -el mayor de los tres- agrandó los ojos por un  instante y abandonó la expresión preguntando si tenía agua fresca en la heladera. No le contesté y me sentí lastimada por su apatía. Sin decir nada él se puso de pie y ya en la cocina se sirvió lo que buscaba, regresó con dos vasos en las manos y preguntó quién quería mostrando uno de ellos y como no hubo respuesta lo dejó sobre la mesita del living a pasos de los sillones en donde estábamos.
 
El pronunciado bache se hizo notar y Edgardo sacudió su voz preguntándome ¿Y esto qué significa? ¿Nos llamaste para discutir? Si es así te informo que no estoy con ganas. Me parece bien que te tomes unos días de vacaciones y viajes, ¿adónde tenés pensado ir? ¿Vas con alguien conocido o será incógnita para nosotros dos? 
 
!Nada de todo eso! respondí. De verdad -dije en un susurro- quiero salir de aquí, me siento presa del asma de papá. Él ya no está. ¿Porqué diablos tenemos que seguir aquí... ¿Para cuidar los recuerdos que quizás se hayan escapado de él y estén dando vueltas aquí nomás porque tienen saudades? ¿Ése es el motivo? Ya no quiero estar más aquí, quiero vivir en algún otro lugar para fabricar nuevas expectativas, conocer otra gente, ver otras realidades...
 
La voz de Edgardo socarrona y sonriente se dejó oír: "Ver otras realidades incluye a un novio nuevo" ¡quiero creer! Intervino José diciendo: ¿por qué no? Yo sería muy feliz si eso ocurriera... Es más, quiero que suceda algo así y que te haga feliz hermana ¡Que aunque sea 
uno de los tres sea feliz por favor! 
 
Las risas se estrecharon y los deseos se hermanaron como siempre haciéndolos fuertes para seguir adelante, sin embargo dos de los hermanos no vieron que en la mirada de Edgardo algo no estaba bien.


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LA MUSIQUITA DE HOY


¿Seguimos haciendo aviones, comecocos, abanicos plegados, barquitos de papel? Yo probaría volver a jugar por jugar, sin un porqué, en serio como solo se juega una vez.

Les dejo acá esta canción preciosa, Barquito de papel

miércoles, 12 de noviembre de 2025

31 ~ Juguemos en el bosque





Esta es una carta del mazo El tarot de los cuentos de hadas. Es la primera, corresponde al 0 (cero) y es La inocencia.



















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CONSIGNA DE ESCRITURA


Escribí sobre lo que ves, primero describiendo y de a poco entrando en todo lo que te sugiere esta imagen, hasta llegar a... quién sabe...


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LOS TEXTOS DE USTEDES


Claudia S.
Sin miedo
 
Una niña de capa roja recorre caminos y
 un espejo de fondo con árboles secos
la protegen.
Con un vestido veraniego y un calzado cómodo
 se mueve segura en un lugar que conoce de memoria.
Reconoce los yuyales y el tipo de flores y
es capaz de describirlos, solo con palpar la textura.
Con una canasta de mimbre y una flor en la mano
disfruta cada paso inocente.
 Un sonido aterrador interrumpe la calma pero
ella no mira hacia atrás.
El miedo no paraliza su marcha, no lo conoce.
El lugar es una pintura fresca cuyo pintor observa
una y otra vez.
Pintó ramas en marrones claros e imaginó máscaras.
Tejió historias en su mente y
 soñó que la niña sacaba un mantel y
se acomodaba en el suelo.
Pensó también que desarmaba su canasta
a orillas de un lago escondido.
Pensó tantas cosas que sus pinceles
olvidaron sacar a la niña para no lastimar su inocencia.
 
 
Silvia
Muchas veces el pasado es un globo
que nos explota en la cara.
Entonces,
caen de a una
las partículas de un recuerdo:
caramelos, que juntamos como a espuma.
          El aroma filoso
        de una foto 
        se nos pega a la garganta.
        Nos envuelve
       para tragar la savia                                     
        de las ramas.
       Se aferra para no caer de nuevo
       en su sepulcro.
     Después,
      abrimos el papel dorado de una voz,
que se escucha desde el barco,
pero los tritones no cantan,
solo quieren controlar las olas.
 
Podemos levantar
también
un envoltorio vacío,
         una flor al viento delicada.
Mostrar la capa del lado rojo,
 y agitarla del lado verdadero:
“nada por aquí,
nada por allá”.
Un “casi”,
feroz como la ausencia,
la memoria
 que flota en el río seco.
 
Al final,
cuando miramos atrás
y apilamos los
restos estrujados,
la senda que no se volvió a pisar
se transforma en avalancha.
 
 
Morena
Gesto bebé
 
Veo por primera vez
las lineas del tiempo dibujarse por tu mano 
Que al sol brilla dorada
Teñida con el tinte del arduo trabajo.
Amable en cuanto a la caricia
Cálida, del alma habla.
Y yo
Pequeño ser que aún nada lo entiende 
Tomo con toda mi mano
Un trozo de vos
Inocentemente lo sujeto fuerte 
Porque siento
Que sos la guía de una vida que recién comienza
 
 
Claudia V
Caperucita camina por el bosque desnudo por el otoño. Va primorosamente vestida por su madre, con un vestido en color marfil del cual se asoma una enagua en color azulino, que combina con la pechera del mismo color, al igual que sus zapatos. Lleva sobre sus hombros una capa de lanilla bermellón para protegerse del frío, con una caperuza que cubre su cabeza, dejando asomar sus gruesas trenzas doradas y que da cuenta del simpático apodo con que la conocen en todos lados.
En una de sus manos lleva una canasta con pasteles y en la otra, una flor roja que la envuelve con su aroma.
A su paso los viejos árboles parecen saludarla con una inclinación, empujados por el viento. Ella corretea alegremente rodeándolos. Ríe con una risa plena de frescura, sonora, contagiosa y suave a la vez. Tantas veces va ella al bosque que logra identificar a cada uno, nombrándolos y acariciando su rugosa piel.
Una sombra la acompaña sin que se dé cuenta. Una sombra que se esconde entre las sombras y la acecha. Los animales del bosque no le temen; tampoco ella les teme. La sombra va tomando forma, hasta que Caperucita lo descubre en alguno de sus juegos.
Lo mira atentamente. Es alto, fuerte y un pelaje plateado lo cubre. Parece tan suave que se atreve a tocarlo. Sus manitas, lo acarician casi sin tocarlo sintiendo la sedosidad de su manto.
La ternura de Caperucita lo paraliza. Sus oscuras intenciones se desarman ante la ingenuidad de esa niña que parece desconocer el embrujo de sus manos. Tantas veces temido, despreciado, calumniado. Su fama infame, siempre le ha precedido. Sin embargo, ella parece no enterarse de nada. Lo mira con curiosidad, pero sin desconfianza. Lo toma de una de sus manos y lo invita sin hablar, a acompañarla en el paseo.
Conversan largamente, hasta que Caperucita hace un alto a la sombra de un árbol, extiende un mantel y dispone los pasteles para compartir. Mientras saborean las exquisiteces preparadas por la mamá de Caperucita, la sombra comienza a desdibujarse, se oscurece, se vuelve inexpresiva, sospechosa, gélida… y fiel a su instinto, se abalanza sobre ella.
 
Martín
La inocencia
 
Se va a dormir. Su abuela le pide paciencia hasta que la comida sea más abundante; más que alguna rebanada de pan y un queso. No le alcanza, pero lo acepta. Sabe que su abuela hace lo mejor que puede. Sobrevivir al invierno siempre fue difícil; este invierno no será diferente a los anteriores. Su abuela le cuenta sobre muchos inviernos anteriores a este, ella puede recordar muy pocos. Desde su cama, alcanza a escuchar las profundas inspiraciones que su abuela suele hacer al dormir; ella no se demoró mucho más.
 
La luz del sol la despertó, traspasando sus párpados.
 
En ningún momento recordó el frío o el hambre. Se incorporó y contempló el bosque que la rodeaba, lo vio tal cual le gustaba verlo, verde y frondoso. Sin poder resistirse, decidió acercarse. No le extrañó estar descalza ni sentir la tierra cálida y amable. Algunas pocas zonas del suelo estaban pobladas de hierba muy verde; solo allí donde el sol lograba llegar con fuerza. ¡Y las flores! ¡Cuántas flores encontró mientras caminaba! Podría no entenderlo, pero así le gusta el bosque y así lo dejó. No se cansó de oler la fragancia de cada flor ni de caminar sin rumbo. El tiempo parecía no pasar. El sol seguía en el mismo lugar y ella nunca se cansó de caminar. En algún momento, y solo por casualidad, comprendió que había caminado mucho y decidió que sería mejor detenerse, descansar, saber dónde estaba. Le preguntó al árbol más próximo; no le contestó, pero le sonrió. Eso significó mucho para ella, aunque no resolviera nada. Seguía perdida. Imaginó a alguien cerca, alguien con quien pudiera conversar y que le diera alguna dirección que seguir. Igual que sucede en los sueños, ese ser apareció: enorme, peludo y hambriento. Ella lo imaginó ronroneando.
 
 
Laura
 
Rayos de ramas que
señalan
ojos añosos que miran
inquisidores
solo el árbol viejo
sonríe
 
¿la niña está en peligro?
¿la rosa está en peligro?
¿o solo su canasta?
 
En una tierra blanda
pasea la inocencia
la belleza en pétalos
La circunda
la protege
 
El estigma de ser feroz
no otorga maldad
a veces el hambre confunde
y se pide a zarpazos
un poco de cariño.
 
***
 
Su belleza impacta
a la madera, al animal y hasta a la tierra
 
La naturaleza olvida por un momento
que puede hacer destrozos
antes que un pétalo toque el suelo
 
Un ser puro contempla la rosa
y un aura verde se expande,
 
Entre helechos y flores
la inocencia pasea distraída
árbol y lobo la miran
con una mueca cómplice
 
 
Guada
Inocencia
 
Uno cree
que nunca le va a pasar 
nada malo en la vida, 
pero siempre hay un lobo
acechando a tus espaldas. 
 
Habrá que saber mantenerlo lejos
y esconderse detrás
de un amable árbol, 
o llenarlo de piedras
y tirarlo al río.
 

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LA MUSIQUITA DE HOY



Dije Caperucita, dije bosque, dije árbol, dije RAÍZ, de Cerati.