jueves, 27 de noviembre de 2025

33 ~ Cómo me volví imposible





Hoy les traigo un poema de esta escritora que recientemente descubrí: Mary Ruefle.
Veamos...

















Cómo me volví imposible
Mary Ruefle (EEUU, 1952)
Trad. Ezequiel Zaidenwerg-Dib
 
Nací tímida, con una incapacidad congénita para hacer nada
lucrativo, para ver nada en colores, para que me gustaran las ciruelas,
con una marcada aversión a viajar alrededor del cuarto,
lo que es absolutamente normal en los bebés.
¿Quién escribió esto? fueron mis primeras palabras.
No me gustaba estar prendida fuego.
Cayó más nieve de la que fui capaz de derretir.
Los ojos se me pusieron verdes y a su debido tiempo viajé
a otros países donde me formé opiniones
sobre objetos duros, fríos, relucientes y cosas suaves, cálidas,
peludas. De grande, se me suscitó
una pasión por los caquis y me llenaba de júbilo
cuando llegaba una postal para los recientemente fallecidos.
Me volví reacia, y empecé a pasar cada vez más tiempo
en mi bote de remos. Toda mi vida creí que los osos polares
y los pingüinos se criaban jugando juntos
sobre el hielo, compartiendo la vista, los bocados de grasa de ballena
y los refranes inocentes. Un día leí una revista científica:
en un polo no hay pingüinos, en el otro
no hay osos. Estos dos, que por tanto tiempo habían sido íntimos
en mi imaginación, empezaron a alejarse, cada uno en su témpano,
hasta perderse en los mares de hielo. Me di cuenta de que me estaba volviendo
imposible, cada vez más imposible,
y de que verdaderamente un día se haría realidad.


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CONSIGNA DE ESCRITURA

Me resultó interesante la selección de episodios para narrar una vida, hasta derivar en "volverse imposible". Ninguna de las elecciones / versos es trivial, ni parece responder al azar. Por eso, les propongo este ejercicio, como alguna vez hicimos con un poema de Laura Devetach. Vamos a tomar algunas partes del poema para copiar la estructura.  Ustedes van a completar y recién cuando terminen, tendrán el título de sus poemas: Cómo me volví...

Estos son los fragmentos/puntos de partida/comienzos de versos/ de estrofas (podés usar uno, algunos, todos, parafrasear, modificar, descartar, etc):

Nací ........................... con una incapacidad para 
............................. fueron mis primeras palabras.
No me gustaba .............................................
Cayó ...............................................
Los ojos ....................................... 
y a su debido tiempo ...........................................
De grande.......................una pasión por...........................
y me llenaba de júbilo...................................
Me volví ..........., y empecé ............................................
Toda mi vida creí que .................................................
Un día leí ........................................
Me di cuenta de que me estaba volviendo..................................................
y de que verdaderamente un día se haría realidad.

Por supuesto pueden hacer una segunda versión, en la que modifiquen todo lo que necesiten de esa estructura: lo que no les convence, lo que suena mejor de otra forma o en otro orden, un sinónimo, lo que deseen. Pero el primer borrador que sea con este molde. ¿Si?


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LOS TEXTOS DE USTEDES

Karina - Cómo me volví serpiente
 
Nací inflexible con una incapacidad para adaptarme 
no y no puedo fueron mis primeras palabras.
No me gustaba lo que estuviera fuera de mi estructura
Cayó el cielo y no pude más que ver
Los ojos, mis ojos, se abrieron para mí 
y a su debido tiempo me rendí
De grande creé una pasión por el contorsionismo mental
y me llenaba de júbilo pensar que podía moverme de otra forma
Me volví arte, y empecé a tener miedo
Toda mi vida creí que tenía que seguir las reglas de los otros
Un día leí lo que había escrito años antes
Me di cuenta de que me estaba volviendo una serpiente cambiando su piel
y de que verdaderamente un día se haría realidad.
 
 
Claudia S
Algo se volvió posible
 
    Nací con poca capacidad para dedicarme a las plantas. A pesar de haber comprado muchas y poner todo mi empeño en ellas, mi incapacidad perdura a través de los años.
     Cuando era joven, mirar películas o cualquier programa de televisión significaba una pérdida de tiempo. Ese tiempo tenía que consistir en estar haciendo cosas útiles como un trabajo remunerado o tareas domésticas. La tecnología no fue mi mejor amiga y aún no lo sigue siendo. Su avance me producía cierto miedo al principio, hasta que la consideré como una herramienta de trabajo.
   Además, pensaba que no tenía espacio para una mascota hasta que apareció mi gatita y se escondió debajo del tanque de agua y se adueñó de toda la casa y me llenó de júbilo.
   Y especialmente, creía que nunca me iba a poder mudar a otra casa y ver a las personas caminar o correr en un día de lluvia a través de una ventana. Ahora, me doy cuenta que estaba equivocada y que algo tan simple como eso, muy pronto se podría hacer realidad.
 
Mirna
Nací entre risas y burbujas con una incapacidad para festejar.
Un gruñido involuntario, cargado de ironía y ternura, mezcla de decepción y alegría fueron mis primeras palabras.
No me gustaba desperdiciar el tiempo en reuniones obligadas y charlas exigidas, pero debía asistir.
Cayó a fin de año y puntual la fecha de mi nacimiento.
Un día cayó el castillo de naipes en el que estaba viviendo; sus cimientos estaban en la arena.
Los ojos no podían contener tanto líquido 
De grande se me despertó una pasión asombrosa por las aves
Me volví loca, y empecé a replantear mi existencia.
Nací solitaria, con una incapacidad para 
Cayó una lluvia torrencial cada vez que quise ir a un picnic.
Los ojos querían asombrarse, pero no me animaba a mirar
De grande descubrí una pasión por la actuación,
Me volví fanática, casi adicta al teatro y empecé a sentir
y de que verdaderamente un día se haría realidad.
Cayó para que lo mezcle, un mazo de cartas en un gesto claro, medido, detenido muy cerca de mí.
Los ojos, como un esquema rectangular, numerológico me mostraron la vía del tarot. Arcano, decimal, sin aparente sentido común. 
Los ojos aprendieron rápidamente a entornarse creando en mí un gesto de dureza adusta,
y a su debido tiempo supieron relajarse y gozar de las luces de colores parpadeantes.
De grande y aun niña, armé una pasión por los cielos encendidos
y me llenaba de júbilo que llegara diciembre.
Me volví refulgente, y empecé a construirme.
Toda mi vida creí que brillar era indispensable para ser reconocido.
Un día leí que estar cerca de las luces puede hacer que desaparezcas a los ojos de los otros.
Me di cuenta de que me estaba volviendo invisible,
y de que verdaderamente un día se haría realidad.
 


Claudia V.
 
Nací batalladora y curiosa, con una incapacidad para hablar sin emoción ni para florear cualquier discurso. 
Fueron mis primeras palabras: ¿estuve linda? Como una necesidad imperiosa de reafirmar mi autoestima.
No me gustaba la leche                                   
Cayeron más lágrimas que gotas en el mar. ¡Una exageración!                         
Los ojos    nunca se aclararon pese a la genética y creí que la vida iba en una sola dirección.                                                                                                       
Y a su debido tiempo aprendí que no era importante                        
De grande    entendí a mi madre
una pasión por sólo por vivir lo que la vida me ofrecía.                    
Me volví   altiva y empecé   a ser incapaz de entender los sentimientos y emociones de los demás                                                          
Toda mi vida creí que la verdad era una sola, irrebatible, objetiva                                               
Un día leí que la realidad no es una                                                                               
Me di cuenta que me estaba volviendo un poco más humana y por qué no, un poco más sabia                                                                
Y de que verdaderamente un día de se haría realidad.
 

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Nací muy fea, decía mi madre y ante esas palabras, nacía en mí la incapacidad por florear cualquier expresión, ante cualquier cosa que quisiera decir. A veces, más allá de la intención, las palabras encierran mucha crueldad que desconocemos y pueden hacer mucho daño.
Creía que la verdad debía estar ante todo y que esa verdad era una sola, irrebatible y objetiva y que, si yo podía verla, todos lo harían. También creía que la vida iba en una sola dirección. Me volví altiva, ignorando la existencia de sentimientos y emociones ajenas.
No me gustaba la leche, el símbolo más grande de amor, que podía entregar mi abuela.
Mis ojos siempre fueron oscuros pese a la genética y a su debido tiempo aprendí que no era importante, como tampoco lo era ser dueña de esa verdad que no es una, sino que depende de la realidad de cada uno.
De grande entendí a mi madre y todo aquello que escondían sus lágrimas. Aprendí a perdonarme y fue que me di cuenta que me estaba volviendo un poco más humana y, porque no, un poco más sabia.
 
 

Sabri

Cómo me volví irreconocible

Nací seria, con la incapacidad de falsificar sonrisas.
No me gusta, fueron mis primeras palabras. No me gustaba nada el mundo al que me habían traído.
Un día cayó el castillo de naipes en el que estaba viviendo; sus cimientos estaban en la arena.
Los ojos no podían contener tanto líquido 
y a su debido tiempo terminé cosas que nunca había empezado.
De grande se me despertó una pasión asombrosa por las aves
y me llenaba de orgullo descubrir una especie que nunca había visto u oído.
Me volví loca, y empecé a replantear mi existencia.
Toda mi vida creí que las cosas se rompían si se las golpeaba. Un día leí que a veces amanecen rotas, así, porque sí.
Me di cuenta de que me estaba volviendo irreconocible, yo no me reconocía en las fotos ni en los espejos y de que verdaderamente debía hacer algo para volver a ser yo.
 

 

Adri
Nací solitaria, con una incapacidad para 
tener amigos, para reírme fuerte, para hablar sin ponerme colorada.
¿Qué hago acá? fueron mis primeras palabras.
No me gustaba el día de la primavera
Cayó una lluvia torrencial cada vez que quise ir a un picnic.
Los ojos querían asombrarse, pero no me animaba a mirar
más allá del muro del patio de mi casa, entonces me empeciné
en aprender a andar en bici y a su debido tiempo
pude alejarme un poco y disfrutar el viento en la cara.
De grande descubrí una pasión por la actuación,
moverme en el escenario me daba libertad total
y me llenaba de júbilo.
Me volví fanática, casi adicta al teatro y empecé a sentir
que era posible tener amigos.
Toda mi vida creí que me quedaría sola, sin embargo,
encontré la llave para salir del encierro.
Un día leí que quien gasta un par de zapatos
en el escenario, no se baja más.
Me di cuenta de que me estaba volviendo capaz de tener un sueño
y de que verdaderamente un día se haría realidad.

 
 
Lauri
 
Nací sin llanto, crecí con el silencio de “ser”, con una incapacidad para entender para que llegué a este planeta.
¿Quién soy? fueron mis primeras palabras cuando descubrí que con el sonido que sale de mi garganta podía llegar a otros, pero no tuve respuesta.
No me gustaba que me vean como un bicho raro, nunca me pude mirar en el espejo.
Cayó la luna entre mis manos y no supe que hacer con ella, la invite a jugar pero no quiso.
Los ojos del único animal que había cerca me miraban atentos y a su debido tiempo se acercó hasta mi, primero sus patas rozaron mi cuerpo, al rato se acomodó entre mis brazos y descubrí por primera vez como se siente cuando se siente cariño.
De grande, entendí  que no importa quien sos sino como te ven, sentí una pasión desmedida por gritar todos los silencios, míos y ajenos,  me llenaba de júbilo pensar que sería escuchado, pero no sucedió...
Me volví el loco de la calle, y empecé a recibir miradas despectivas, insultos y hasta algún golpe.
Toda mi vida creí que el silencio me alejó del mundo, pero ahora me doy cuenta que los gritos alejan mucho más.
Un día leí que en el silencio se encuentran todas las verdades.
Me di cuenta que me estaba volviendo sabio y a lo mejor, podría demostrarle al resto de la humanidad que también existo y lograr que hasta me miren diferente.
Quizás alguna vez, me llamarían con un nombre (porque debo tener alguno), aunque sea lo último que escuche, reconocerme en él y sonreír.
Estoy seguro de que verdaderamente algún día se hará realidad.
 


Ro

Nací río, con una incapacidad para llegar a someterme a mi mínima expresión.

Incapaz de aproximarme a la figura que danza dentro del óvalo, sin volverme extremadamente receptivo.

Busqué desde pequeño, incontables significados. Navegué entre las plantas del jardín como una oruga que solo piensa en su próximo paso, en llegar a crisálida.

Quiénes son esas dos florecillas cortadas? fueron mis primeras palabras.

No me gustaba estar dividido en dos. Ni rojo, ni azul. En la mirada avezada, un blanco de entidad angélica o un niño saliendo de la tumba.
Cayó para que lo mezcle, un mazo de cartas en un gesto claro, medido, detenido muy cerca de mí.
Los ojos, como un esquema rectangular, numerológico me mostraron la vía del tarot. Arcano, decimal, sin aparente sentido común. 

Y a su debido tiempo, el Fénix pudo renacer de sus propias cenizas. Una leyenda de eternidad, en esa perpetuidad cíclica del Cristo resucitado, una espiral que por azar me atrevo a calificar de milagrosa, me reveló otras vidas.

Yo, como un río, o el trazo de un dibujo, tragado literalmente por una tormenta alquímica y sagrada.

De grande, las posibilidades. El arribo del amor, una pasión, la exploración profunda por la arquitectura interior. De la conciencia como obra común, de la ambigüedad que incita a preguntarse sobre la delicadeza sublime de un ángel que estalla.

Disuelto en mi cuerpo, desprendido de la dictadura de los espejos, del dolor de las comparaciones, asumiendo la luz y la belleza, me llené de júbilo. Todo contribuyó a aumentar mi alegría, ni azul, ni roja. Blanca, conteniendo la totalidad de los colores, en lo que había sido una soledad sin domicilio fijo.

Me volví uno de los primeros esotéricos, sin reticencias intelectuales, ni timidez. Lejos de mí la víctima, ningún sufrimiento del pasado, ni educación con falsas leyes. Y fui un ejército, un sol, las estrellas y la galaxia.

Toda mi vida creí que viviría inmerso en el agua, tal vez flotando en su superficie, pero como cangrejo que sale cargando lunas en sus pinzas, ascendí como satélite y fui más allá de este río.

Un día leí sobre la carta del siete de bastos. Sobre esta energía gloriosa, resplandeciente, como un fuego que pasa por las articulaciones. Una energía, que se ofrece al mundo, a quién tenga la habilidad de saber emplearla, como un estallido creativo de acción sin trabas.

Me di cuenta de que me estaba volviendo un hombre, que escribe, con una mirada intensa, capaz de desintegrar un rayo, una pluma, un cometa, una torre, y de que verdaderamente un día se haría realidad.

 

 


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LA MUSIQUITA DE HOY



"Tengo que aprender a volar 
entre tanta gente de pie".

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