miércoles, 12 de noviembre de 2025

31 ~ Juguemos en el bosque





Esta es una carta del mazo El tarot de los cuentos de hadas. Es la primera, corresponde al 0 (cero) y es La inocencia.



















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CONSIGNA DE ESCRITURA


Escribí sobre lo que ves, primero describiendo y de a poco entrando en todo lo que te sugiere esta imagen, hasta llegar a... quién sabe...


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LOS TEXTOS DE USTEDES


Claudia S.
Sin miedo
 
Una niña de capa roja recorre caminos y
 un espejo de fondo con árboles secos
la protegen.
Con un vestido veraniego y un calzado cómodo
 se mueve segura en un lugar que conoce de memoria.
Reconoce los yuyales y el tipo de flores y
es capaz de describirlos, solo con palpar la textura.
Con una canasta de mimbre y una flor en la mano
disfruta cada paso inocente.
 Un sonido aterrador interrumpe la calma pero
ella no mira hacia atrás.
El miedo no paraliza su marcha, no lo conoce.
El lugar es una pintura fresca cuyo pintor observa
una y otra vez.
Pintó ramas en marrones claros e imaginó máscaras.
Tejió historias en su mente y
 soñó que la niña sacaba un mantel y
se acomodaba en el suelo.
Pensó también que desarmaba su canasta
a orillas de un lago escondido.
Pensó tantas cosas que sus pinceles
olvidaron sacar a la niña para no lastimar su inocencia.
 
 
Silvia
Muchas veces el pasado es un globo
que nos explota en la cara.
Entonces,
caen de a una
las partículas de un recuerdo:
caramelos, que juntamos como a espuma.
          El aroma filoso
        de una foto 
        se nos pega a la garganta.
        Nos envuelve
       para tragar la savia                                     
        de las ramas.
       Se aferra para no caer de nuevo
       en su sepulcro.
     Después,
      abrimos el papel dorado de una voz,
que se escucha desde el barco,
pero los tritones no cantan,
solo quieren controlar las olas.
 
Podemos levantar
también
un envoltorio vacío,
         una flor al viento delicada.
Mostrar la capa del lado rojo,
 y agitarla del lado verdadero:
“nada por aquí,
nada por allá”.
Un “casi”,
feroz como la ausencia,
la memoria
 que flota en el río seco.
 
Al final,
cuando miramos atrás
y apilamos los
restos estrujados,
la senda que no se volvió a pisar
se transforma en avalancha.
 
 
Morena
Gesto bebé
 
Veo por primera vez
las lineas del tiempo dibujarse por tu mano 
Que al sol brilla dorada
Teñida con el tinte del arduo trabajo.
Amable en cuanto a la caricia
Cálida, del alma habla.
Y yo
Pequeño ser que aún nada lo entiende 
Tomo con toda mi mano
Un trozo de vos
Inocentemente lo sujeto fuerte 
Porque siento
Que sos la guía de una vida que recién comienza
 
 
Claudia V
Caperucita camina por el bosque desnudo por el otoño. Va primorosamente vestida por su madre, con un vestido en color marfil del cual se asoma una enagua en color azulino, que combina con la pechera del mismo color, al igual que sus zapatos. Lleva sobre sus hombros una capa de lanilla bermellón para protegerse del frío, con una caperuza que cubre su cabeza, dejando asomar sus gruesas trenzas doradas y que da cuenta del simpático apodo con que la conocen en todos lados.
En una de sus manos lleva una canasta con pasteles y en la otra, una flor roja que la envuelve con su aroma.
A su paso los viejos árboles parecen saludarla con una inclinación, empujados por el viento. Ella corretea alegremente rodeándolos. Ríe con una risa plena de frescura, sonora, contagiosa y suave a la vez. Tantas veces va ella al bosque que logra identificar a cada uno, nombrándolos y acariciando su rugosa piel.
Una sombra la acompaña sin que se dé cuenta. Una sombra que se esconde entre las sombras y la acecha. Los animales del bosque no le temen; tampoco ella les teme. La sombra va tomando forma, hasta que Caperucita lo descubre en alguno de sus juegos.
Lo mira atentamente. Es alto, fuerte y un pelaje plateado lo cubre. Parece tan suave que se atreve a tocarlo. Sus manitas, lo acarician casi sin tocarlo sintiendo la sedosidad de su manto.
La ternura de Caperucita lo paraliza. Sus oscuras intenciones se desarman ante la ingenuidad de esa niña que parece desconocer el embrujo de sus manos. Tantas veces temido, despreciado, calumniado. Su fama infame, siempre le ha precedido. Sin embargo, ella parece no enterarse de nada. Lo mira con curiosidad, pero sin desconfianza. Lo toma de una de sus manos y lo invita sin hablar, a acompañarla en el paseo.
Conversan largamente, hasta que Caperucita hace un alto a la sombra de un árbol, extiende un mantel y dispone los pasteles para compartir. Mientras saborean las exquisiteces preparadas por la mamá de Caperucita, la sombra comienza a desdibujarse, se oscurece, se vuelve inexpresiva, sospechosa, gélida… y fiel a su instinto, se abalanza sobre ella.
 
Martín
La inocencia
 
Se va a dormir. Su abuela le pide paciencia hasta que la comida sea más abundante; más que alguna rebanada de pan y un queso. No le alcanza, pero lo acepta. Sabe que su abuela hace lo mejor que puede. Sobrevivir al invierno siempre fue difícil; este invierno no será diferente a los anteriores. Su abuela le cuenta sobre muchos inviernos anteriores a este, ella puede recordar muy pocos. Desde su cama, alcanza a escuchar las profundas inspiraciones que su abuela suele hacer al dormir; ella no se demoró mucho más.
 
La luz del sol la despertó, traspasando sus párpados.
 
En ningún momento recordó el frío o el hambre. Se incorporó y contempló el bosque que la rodeaba, lo vio tal cual le gustaba verlo, verde y frondoso. Sin poder resistirse, decidió acercarse. No le extrañó estar descalza ni sentir la tierra cálida y amable. Algunas pocas zonas del suelo estaban pobladas de hierba muy verde; solo allí donde el sol lograba llegar con fuerza. ¡Y las flores! ¡Cuántas flores encontró mientras caminaba! Podría no entenderlo, pero así le gusta el bosque y así lo dejó. No se cansó de oler la fragancia de cada flor ni de caminar sin rumbo. El tiempo parecía no pasar. El sol seguía en el mismo lugar y ella nunca se cansó de caminar. En algún momento, y solo por casualidad, comprendió que había caminado mucho y decidió que sería mejor detenerse, descansar, saber dónde estaba. Le preguntó al árbol más próximo; no le contestó, pero le sonrió. Eso significó mucho para ella, aunque no resolviera nada. Seguía perdida. Imaginó a alguien cerca, alguien con quien pudiera conversar y que le diera alguna dirección que seguir. Igual que sucede en los sueños, ese ser apareció: enorme, peludo y hambriento. Ella lo imaginó ronroneando.
 
 
Laura
 
Rayos de ramas que
señalan
ojos añosos que miran
inquisidores
solo el árbol viejo
sonríe
 
¿la niña está en peligro?
¿la rosa está en peligro?
¿o solo su canasta?
 
En una tierra blanda
pasea la inocencia
la belleza en pétalos
La circunda
la protege
 
El estigma de ser feroz
no otorga maldad
a veces el hambre confunde
y se pide a zarpazos
un poco de cariño.
 
***
 
Su belleza impacta
a la madera, al animal y hasta a la tierra
 
La naturaleza olvida por un momento
que puede hacer destrozos
antes que un pétalo toque el suelo
 
Un ser puro contempla la rosa
y un aura verde se expande,
 
Entre helechos y flores
la inocencia pasea distraída
árbol y lobo la miran
con una mueca cómplice
 
 
Guada
Inocencia
 
Uno cree
que nunca le va a pasar 
nada malo en la vida, 
pero siempre hay un lobo
acechando a tus espaldas. 
 
Habrá que saber mantenerlo lejos
y esconderse detrás
de un amable árbol, 
o llenarlo de piedras
y tirarlo al río.
 

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LA MUSIQUITA DE HOY



Dije Caperucita, dije bosque, dije árbol, dije RAÍZ, de Cerati. 





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