La semana pasada en el taller nos fuimos al carnaval y me fue imposible apartar mi mente de mi casa y mi patio de Mar del Plata. Y ahí entró el recuerdo de mis dos juguetes más amados: el muñeco de tres caras y la valijita de lata.
El muñeco de tres caras era un engendro bastante extraño, pero eso no impedía que lo adorara. Era así: el cuerpo de trapo, forrado por una especie de cuerina finita color piel; en la cabeza una capucha de plástico rígido que escondía el artificio de las tres caras: era una sola cabeza, que giraba sobre un eje, y podía mostrar tres expresiones distintas: sonriente, llorando y durmiendo. Lo más lindo de todo fue que mi amiga Alicia Echeverría tenía un hermanito chiquito y un día me trajo un montón de ropa para el muñeco. ¡Una fiesta!
¿Quieren verlo? Lo encontré en YouTube. MIREN ACÁ .
La valijita de lata era eso. Una valijita de lata con predominio de color azul. No recuerdo sus dibujos. Solo que yo la quería tanto, tanto... ¿por qué yo amaba tanto esa vajila? ¿Acaso sospechaba que las valijas de adulta no serían tan... felices?
CONSIGNA DE ESCRITURA
Jugar, jugamos todos

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