jueves, 28 de agosto de 2025

22 ~ El mar


Seguimos habitando espacios. Hoy se me ocurrió esto: 
por qué no el mar.










Un poema de César Fernández Moreno:


al mar hay que decirlo

el mar es un hecho que el hombre no puede pasar por alto

hay que volverlo palabras

hay que hacer del mar un sonido que te salga de la boca

un dibujo de letras que te parta el corazón

ahora van a ver qué fácil

yo les voy a decir

el mar

 

parece la pampa pero con alambrados de espuma

una palma de mano que sostiene las nubes

una almohada para la cabeza de dios

el ojo de buey por donde mira dios desde su camarote

el ojo de la tierra

una rueda con cámara de horizonte

la línea de flotación de todos los buques

la tumbadora que golpean los nadadores

el refugio subterráneo de las playas

una bailarina deshecha

el ruido líquido la parte más baja del cielo

o el verdadero cielo y estamos al revés las estrellas se cayeron arriba

o el verdadero continente y aquí nos ahogamos

 

Un poema de Marianne Moore


Una tumba

el caparazón de una tortuga golpea

contra el pie de los acantilados

balanceándose por abajo;

y el océano, con las pulsaciones de los faros

y el ruido de las boyas

avanza como siempre

como si no fuera ese océano

donde las cosas que caen

están destinadas a hundirse

y si dan vueltas o se enredan

lo hacen sin voluntad

y sin consciencia.

 

Un poema de Fabián Casas

 

Una oportunidad

 

Caminás con las manos en los bolsillos,
por la rambla, rodeando el mar.
Te acordás de otro tiempo, aquí mismo,
estabas enfermo de la cabeza
y no podías sostenerte de pie
con elegancia. Sin embargo,
pudiste salir.
Hubo una oportunidad en aquella época.
Ahora mirás el mar, pero no decís nada.
Ya se han dicho muchas cosas
sobre ese montón de agua.

 

Poema de Fabián Casas



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CONSIGNA DE ESCRITURA


💚Vas a escribir sobre el mar. No encima de él, sino acerca de él. Bueno, también podés escribir encima de él pero viste que es bastante movedizo, el loco...
💚Puede ser el tipo textual que quieras: poema, cuento, relato, carta.
💚Puede ser una historia que tenga al mar como protagonista o como escenario.
💚Puede ser algo que suceda en el fondo del mar, sobre todo aprovechando el boom de hace unos días, con la recorrida submarina en vivo para todos (y la Estrella Culona, Batatita, Dumbo y tantos más...). Podés escribir algo que suceda ahí, una visita real o fantástica. Una aventura, un rato de buceo, un paseo por una isla, de esas que tienen el agua tan transparente que podés verte la punta de los deseos. O también, por qué no, unas vacaciones con branquias, una historia de sirenas y corales, de piratas, de tesoros. Porque también está el poema de Alfonsina:


YO EN EL FONDO DEL MAR

En el fondo del mar
hay una casa de cristal.

A una avenida
de madréporas
da.

Un gran pez de oro,
a las cinco,
me viene a saludar.

Me trae
un rojo ramo
de flores de coral.

Duermo en una cama
un poco más azul
que el mar.

Un pulpo
me hace guiños
a través del cristal.
En el bosque verde
que me circunda
—din don... din dan—
se balancean y cantan
las sirenas
de nácar verdemar.

Y sobre mi cabeza
arden, en el crepúsculo,
las erizadas puntas del
mar.


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LOS TEXTOS DE USTEDES

Karina
El mar con sus miradas
 
El mar, con su mirada desafiante, puede golpearte antes de lo que pensás. No importa cuántos cálculos hagas, sus olas se lanzarán y chocarán contra vos cuando ellas quieran.
A veces el mar se eleva, se incorpora como un monstruo líquido, se sacude y te salpica su rabia. El mar es odioso, celoso de su cuerpo y de quienes lo habitan.
~
El mar, con su mirada húmeda, te da el espacio que necesitás. Se acerca de a poco, va tanteando el terreno y suavemente te invita a entrar. El mar se mezcla con tus lágrimas y se las queda. Las guarda como un tesoro, como tu ofrenda.
A veces el mar se mece y te mece, aunque estés de pie. Al cerrar tus ojos, sentirás su presencia, sus caricias saladas. Cuando menos lo esperes, te salpicará su misterio.
 
 
Claudia S
Bajo la misma arena
 
Paula había elegido el mar como refugio. Colocó en un bolso algunas prendas y un par de zapatillas que casi no usaba. Encontró una campera liviana en un cajón de la cómoda y la dejó a mano. Lo único que quería en ese momento era subirse al auto y manejar hasta Pinamar y así lo hizo.
Manejó durante seis horas sin descanso. Pensó que ese lugar se vería sereno y pintoresco en primavera. Sus vacaciones habían sido siempre en verano cuando coincidían con la de los chicos.
Llegó al hotel que había reservado y se dirigió a la recepción. Una chica joven le entregó las llaves. El cuarto se encontraba en el tercer piso y tenía un ventanal enorme que daba al mar. Ya era de noche y corrió las cortinas y pudo ver la luna tan transparente que parecía disfrutar con ella. Dejó el bolso y la cartera en un estante. Y se acostó en esa cama grande con sábanas suaves y perfumadas. La habitación estaba decorada con muchos cuadros, donde el mar, se mostraba siempre fiel en todas las imágenes. Figuras donde lo inefable la mantuvo cautiva durante gran parte de la noche.
Despertó con el murmullo de ese mar cercano y el tintineo de las aves de la mañana. Se duchó y se vistió con ropa cómoda. Luego, en el ascensor descubrió a un hombre con lentes oscuros que debía tener casi la misma edad que ella. Observó también, que vestía ropa deportiva y que una alianza se dejaba ver en su mano izquierda.
En el salón comedor, ambos se sentaron en mesas individuales. Mientras esperaba el desayuno, ella lo escuchó discutir por el celular y cuando él la vio apagó el teléfono. La miró fijamente y ella sin darse cuenta respondió a esa mirada. Él se le acercó y la invitó a su mesa. Conversaron tanto que el tiempo pasó como un remolino.
A las dos horas, estaban caminando por la playa bajo el sol del mediodía. Paula creía en sus palabras o quizás quería creer en ellas. Las olas se apartaron de la orilla y el mar en toda su inmensidad se quedó en silencio. Sus pasados imperfectos hicieron un hueco en la arena. Ahora, sus manos sienten las caricias desvestidas de culpa.
 
 
Mirna
Como el mar…
 
Mira por la ventana. Sonríe sin saber. Es sábado. Un sábado después de una larga y extenuante semana. Sorbe su té tibio y vuelve a sonreír. La felicidad debe parecerse mucho a ese instante, piensa.
Suena su teléfono. Vuelve al interior de su departamento. Mira la hora. 10:04. Número desconocido. Seguro es él.
                                  Completamente quieto, como un espejo. No te deja ver dónde                                                      comienza, dónde termina. Mar planchado
– ¿Hola? –atiende.
– Buen día!!!¿Cómo estás?
– Buen día, amor. Acá, saboreando un té, sin apuros. ¿Vos? Veo que volviste a cambiar de número.
– Sí. Te conté… no me habrás prestado atención.  ¿Cómo se siente la princesa de mi vida?
Ella se acerca a la mesa, apoya su taza y se sienta. Charlan unos minutos. Cosas triviales, de esas que hacen que, aunque no estén juntos, lo estén. Ella habla y responde. Responde y cuenta. Él, pregunta. Repregunta. Vuelve a preguntar.
                              Pequeñas ondas, apenas se mueve. Te hipnotiza con su paz                                                  acompasada. Mar tranquilo
–Y entonces me decidí por el instituto de Almagro. Tendré más tiempo de viaje, pero me gusta más la propuesta y durante el viaje, podré ir leyendo… o mirando por la ventanilla si voy sentada.
–¿Cuántas veces te dije que no es así? Lo hiciste al revés, nuevamente. Primero se elige el barrio, la cercanía, la comodidad. Luego, te ajustas a lo que buscás y si no hay, pues se espera. ¡Cómo vas a ir hasta Almagro dos veces por semana!
–Tampoco es tan lejos… Tengo colegas que viven en La Plata y vienen todos los días. Yo voy a hacer un curso de un cuatrimestre.
–No es así! Te repito. Pero siempre hacés lo que querés. No me escuchás. Y yo tengo que bancarme tus decisiones de m…– Se detuvo. Bajó la vehemencia, esa que con cada palabra iba escalando…
Ella también cambió de actitud. Descruzó las piernas que había cruzado relajadamente durante la conversación y se levantó casi de golpe, pero callada.
Se dirigió a la heladera. Sacó una bandeja de vegetales cortados. Regresó a la mesa del comedor y llevó la taza a lavar. Antes, colocó el teléfono entre su oído y el hombro y sacó delicadamente el film que cubría la verdura. Sin ruidos, sin el mínimo ruido.
                        Olas que levantan un poco de espuma. Olas cortas y continuas.
                         Mar movido
Lo sigue escuchando. Habla sin parar. Claramente, nada de lo que escucha puede retener. Sólo piensa en esos instantes previos de maravillosa quietud mientras saboreaba un té, antes de las 10:04. No puede permanecer quieta. Camina. Camina ida y vuelta su departamento de dos ambientes. Camina sin apoyar los pies para que nadie perciba su movimiento.
–…pero, claro, vos a mí no me consultás… –Intenta intervenir, defenderse, argumentar a su favor, pero no puede. El vozarrón se hace más y más grave. Más y más intenso. Más y más sordo a sus oídos…
                              Difícil de navegar. Olas muy altas, fuerte oleaje. Mar bravo
Son las 11:21 y por fin, luego de pasear por situaciones históricas aparece un alto, una pausa para respirar, una oportunidad de decir:
–Es sólo un cuatrimestre.
Una exhalación. Un silencio. Un: 
–Tenés razón. Exagero. Aunque vos no me lo digas, estoy exagerando. Además, debo dejar que te equivoques. Así me vas a dar la razón, después. Es que yo no quiero que te equivoques, princesa. Tus errores los siento míos y ya sabés que yo no me equivoco nunca. Siempre tengo la razón.
–Lo sé –inaudible y resignado.
–No seas irónica –con una firmeza temeraria.
–No, no lo soy. Lo sé. De verdad –con una debilidad temerosa.
                             Aunque en la costa el viento esté calmo, se acerca desde
                                     la profundidad un oleaje peligroso. Mar de fondo.
Se detiene en la cocina. Abre la alacena. Elige un bowl. Vuelca las verduras. Abre el grifo y vierte agua para cocinarlas. El teléfono, entre su barbilla y el oído.
–¿Qué haces? ¿Me estás escuchando?
–Voy a preparar sopa de verduras.
–¿Mientras te hablo?
–Sí –responde con un Sí casi inaudible…
–Mejor corto.
Y colgó.
                                 La calma que antecede al huracán.
 
 
 
Claudia V
Mi espíritu y el mar
El mar…
Espuma mansa que besa la arena se entrega a tus manos y te seduce
Furia indómita que se rebela y enfrenta tu ofensa
Cristalino deja ver sus secretos
Turbulento los esconde
Cielo en la tierra que enamora a la luna, espeja al sol
Y oculta a las estrellas en la profundidad más intensa
El mar … inmensidad insondable
¿dónde comienza? ¿dónde termina?
Un horizonte sin fin
Un comienzo incierto
El mar…misterio… belleza oculta en el abismo
El mar quizás refleje mi espíritu:
Hondo, inefable, eterno, cautivador, manso y salvaje.
 
 
Gladys
Sicilia
 
Lo primero que hicieron Gloria y Lucca fue registrarse en el hotel Lido que estaba situado en la hermosa Isola Bella, con acceso directo a la playa, tal como Gloria lo vio en las películas que miraba, mientras soñaba estar allí algún día. Su sueño se había hecho realidad. 
La habitación estaba elegantemente amueblada con balcón con vista al mar y un restaurante panorámico con vista a la bahía. Se quedó un rato mirando las anchas y largas playas, sentía que nada podía superar ese mágico instante.
Gloria se acercó a Lucca y le sonrió seductora–hoy quiero ir a la playa y bañarme en el Mar Mediterráneo–parecía una niña con un juguete nuevo.
Para ella el mar estuvo desde siempre, desde antes, y ahí estaba, en la tierra de su abuelo. Miraba ese mar con el asombro de la primera vez. El mar la seducía con su misterio abrumador del mismo modo que la seducía Lucca. Parecía que los dos le trajeran mensajes del infinito, de otros tiempos, de otros mundos.
Cuando llegaron a las aguas cristalinas su emoción fue inmensa, la playa superó sus expectativas, arena blanca mar turquesa, todo era muy bonito.
Lucca y Gloria se metieron juntos al mar con distintas tonalidades de azul, del verdoso al marino.
El mar, la vida y la muerte, la inmensidad y lo absoluto, sereno o furioso. Olas, burbujas, espuma blanca.
A veces es susurro, a veces es rugido. Sal en el aire. Arena entre los dedos, viento en la piel que abruma y reconforta.
El mar era cálido y plácido y las playas un refugio donde vivir su por la orilla de la extensa playa y vieron el atardecer tomados de la mano, ella sentía una conexión única con él, él sentía algo mágico al lado de ella.
Parecía que se conocían desde siempre y se entendían con solo mirarse, era todo perfecto.
Se quedaron en la playa hasta el anochecer, no querían dejar ese paraíso donde se sentían felices. Gloria tenía un poco de miedo a tanta felicidad, pero no quería oscurecer el día con pensamientos negativos, por momentos la culpa aparecía para recordarle que en Argentina tenía que seguir con su vida de antes. No quería pensar, no quería tener que decidir, solo quería vivir el presente, se merecía vivir sin miedo aunque sea un tiempo.
 
 
Martín
 
El viaje de la lata.
 
Los lugares no están lejos ni están cerca y las cosas están en lugares y luego se trasladan pudiendo recorrer mucho y llegar lejos, recorrer muchísimo y volver o no haber llegado jamás a ningún sitio.
Y así fue que en una ciudad escondida dentro de China hay una pequeña fábrica de gaseosas en lata que alberga a una familia que cierra tratos por ganancias paupérrimas. Reciben las instrucciones sobre medidas, volúmenes, sabores, burbujas, colores, estampas y destinos. Y así trabajan mucho, mucho y mucho más. Si cierran un buen trato y lo cumplen bien rápido, podrán comer algo caliente en sus cuencos mientras se dicen secretos en chino.
Y así nació la lata que por la celeridad en el proceso le faltó un ojo. Todos miran con desagrado a la lata tuerta, pero ahí está, igual que todas, envasada en pequeños paquetes de plástico que las aprietan hasta la asfixia pero sin sacarles el gas de adentro. Un angosto camión de ruedas pequeñas las lleva por geografías extrañísimas hasta algún lugar.
Y así la lata conoció el puerto. Con miles de camiones descargando millones de paquetes que luego se cargan en barcos miles de veces más grandes que la fábrica donde comenzó todo. Todo queda guardado en algún lugar del enorme barco, los camiones se fueron. Habiendo sido todo supervisado se comienzan a escuchar sonidos de sirenas y de sogas, gritos en un dialecto secreto mezcla de chino y marinero que cruzan al barco en toda su extensión.
Y así comenzó el viaje. Con el suave vaivén del agua le daba ganas de cerrar su ojo y dormir. El paquete donde se encuentra la lata da directo al mar, sería babor o estribor, no tenía ninguna importancia. No podrá dormir con el viento salino sobre su cuerpo, el agua de la lluvia y la salpicadura de las olas.
Y así se conocieron con el mar inmenso, omnipresente, infinito. Días y noches se miraron, ella con su ojo, él con su imponente ser. Un marinero sintió curiosidad por lo distinto de la lata y la sacó del empaque, la miró mucho rato, se río y se la pasó a otro marinero que se la tiró a otro mientras se burlaban de lo extraña que se veía la lata. Ninguno se atrevió a abrirla y beberla.
Y así el mar se indignó y se volvió inhóspito con su más terrible temperamento rodeó al barco con sus olas salvajes, lo sacudió, lo invadió como si fuese una mano gigante y lo hizo girar. Con miedo, los marineros corrieron y se sujetaron de donde pudieron soltando la lata. Cayó al mar quien la acunó y se olvidó del pequeño barquito. Descansó sobre la más suave espuma que el mar le ofreció. Durante días conversaron, ella no tuvo mucho que decir acerca de su vida, él solo le contó lo necesario. La hizo llegar a un lugar seguro y muy lejano.
Y así en una costa desconocida, el mar la empujó una y otra vez hasta que una niña que pasea descalza mojándose los pies, la mira y la levanta, le hace una pequeña caricia, le sonríe, la abre, la bebe, la disfruta sin saber absolutamente nada del viaje de la lata.
 
Morena
Cuando todo esto inició 
Ellos eran solo dos niños.
Pasaban el tiempo juntos,
El tiempo era distinto para ellos.
 
Poco a poco fue creciendo la vida
Y todo a su alrededor también.
Los dos caminaban de la mano
Todo lo nuevo empezaron a ver.
 
Un día su padre los vio 
Ya presos de un amor incontrolable 
Les ordenó una distancia 
Algo corto para empezar
 
Pero ellos necios se encontraban a escondidas.
Creyéndose camuflados 
Ante tanta creación.
 
El padre receloso volvió a alejarlos
Esta vez un poco más 
Ella comenzaba a verse triste 
El comenzaba a llorar sal
 
Como su amor era tan fuerte,
(Les brotaba enormemente)
No pudieron separarse 
No cedieron el control 
 
El padre supo de su astucia 
Que tontos héroes creyeron ser 
Esta vez las cosas cambiarían
Dejaría de ser lo que alguna vez fue.
 
El padre susurro unas palabras
Al oido de los enamorados 
Los dos cayeron en sueño 
Ya eran parte del pasado
 
Al despertar 
Se notaron parte del mundo nuevo
Ella brillaba amarilla 
Él se extendía en el suelo
 
Hicieron fuerza 
Tanto hicieron por acercarse 
Pero solo los ojos les servían 
Para acariciarse
 
Él comenzó a llorar y llorar 
Sus lágrimas de sal 
Lo agrandaban 
Pero no en la direccion deseada
 
Ella se movía triste
De lado a lado
Tanto que pronto 
Perdió el color.
Su dorado. 
Ahora su piel se tornaba blanca 
Su alrededor 
oscuro.
Él por las noches furioso 
Agitaba sus olas para alcanzar a la doncella.
Solo logro salpicarla 
Formando un par de estrellas.
 
Y asi, 
el tiempo paso
Y ellos
jovenes enamorados
Se miraran para siempre
Con la ternura joven 
Que no les lograrán quitar jamas.
 
 
Guada
No voy a meterme al mar
 
Amo mirar el mar. Su agua cristalina, su espuma salada, el ruido de las olas rompiendo a la lejanía. Podría vivir en la playa, simplemente adorando la grandeza divina que el océano posee. El momento en el que su brisa me relaja y me desconecta de la realidad. Recuerdo que de chica podía pasar horas dentro, jugando y nadando en el agua. 
Nunca supe cuándo fue el momento de quiebre.
De un momento a otro, comencé a tenerle pánico. Apenas soy capaz de meterme hasta las rodillas, es en ese punto en el que una extraña sensación me recorre por las piernas, mi garganta se anuda y casi con desesperación necesito salir. 
Mi familia suele preguntarme que me pasa, si es que lo hago para llamar la atención o si estoy menstruando, pero nunca supe cómo explicarlo exactamente.
Mi miedo no es justamente al mar, sino a lo que habita en él. Me aterra tan solo ver un pez. De hecho, ni siquiera los consumo, excepto por el atún, las anchoas y las rabas. Si estoy en el mar, o en el río, o en algún lugar donde haya peces, soy incapaz de meterme, y si llego a ver a alguno mientras estoy nadando... el miedo se apodera de mí, y al borde del llanto, corro como puedo hacia la orilla.
Ahora, hace años que no voy a la playa, pero estoy segura que si en algún momento voy, evitaré a toda costa sumergirme. No importa el calor, no voy a meterme al mar.


Adri
Hay un lugar en el mundo
donde no vivo
pero me habita
ese lugar donde talvez
si nos cruzamos yo no te vea.
hay un lugar donde puedo quedarme
y si me voy algo de mí
se queda.
 
Si me ves ahí
parada descalza
con los pies hundidos en la arena
los ojos húmedos
y la boca entreabierta,
abriendo el pecho y los brazos como poseída
si sabes que soy yo
pero parezco otra persona
y no hay nada que digas
que me haga reaccionar,
es seguro que estoy rendida a su poder,
que estoy allí absorta ante su grandeza
maravillada, casi en éxtasis, mirando el mar.



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LA MUSIQUITA DE HOY


Aquí les dejo un tema hermoso que tiene unos cuantos añitos, no pregunten cuántos. 
El tema se llama Mar de amor
Es el tema musical de una película cuyo protagonista es Al Pacino, conocida en Latinoamérica como Prohibida obsesión  (un peliculón de amor y suspenso, si pueden véanla; si es malísima, no me lo digan, me van a romper el corazón) (no me lo van a decir, porque es re buena) (igual si no la ven, escuchen el tema, que está re bueno) (eso creo)

Besos, lxs dejo porque tengo que seguir escuchando Aspen 102.3

miércoles, 20 de agosto de 2025

21 ~ El jardín

 


“La tierra se extendía en silencio. Cuando el viento tira para casa, algo retorna. En los rincones hay sosiego, en el aire hay silencio. Así fue hoy.”







El jardín es un libro muy hermoso que compré hace unos días en la FED. Hoy vamos a trabajar con jardines.  
El jardín tiene un potencial simbólico, sensorial y narrativo enorme. Puede ser espacio de memoria, de transformación, de refugio, de misterio… Puede ser un sitio de aventuras o de contemplación. Podemos sentirnos parte del jardín o unos absolutos extranjeros.
Como sea que lo vivamos, que lo visitemos, que lo transitemos, el jardín no nos es indiferente.

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CONSIGNA DE ESCRITURA 
(con opciones)


~Leer el libro que te mando en PDF. Metete de cabeza en las imágenes o en los textos. Escribí sobre esos jardines. Un poema, una serie, un relato.

O si no…


~Un jardín que solo conocés vos. ¿Dónde está? ¿Qué lo hace especial? ¿Qué se transforma al entrar?

~Lo que crece sin permiso. Algo inesperado brota en el jardín: una planta desconocida, un objeto, un recuerdo, una emoción.

~Jardín de palabras. Elegí cinco palabras que te resulten significativas. Imaginalas como semillas. ¿Qué texto crecería si las sembraras juntas?

~Inventario botánico. Describí un jardín solo a través de los sentidos: olores, texturas, sonidos, colores. Que el lector lo recorra sin ver una sola planta nombrada.

~El jardín en invierno. ¿Cómo se vive el jardín cuando no florece? ¿Qué queda, qué se esconde, qué resiste?

~El jardinero ausente. Un jardín empieza a descontrolarse porque su cuidador ha desaparecido. ¿Qué sucede? ¿Quién lo habita ahora?

~La fiesta en el jardín. Una celebración ocurre en un jardín. ¿Quiénes asisten? ¿Qué se celebra? ¿Qué secretos se revelan?


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LOS TEXTOS DE USTEDES

Claudia V
Un jardín dibujado
    El jardín se nos presenta como un racimo de palabras. Tallos, pétalos, regaderas, enanitos y la lista resultaría interminable. Caminamos por las veredas de nuestro barrio en silencio. Nos detenemos en ese jardín donde ronronea un gatito. Y las caricias son parte de un ritual que el felino espera. La casa es tan enorme y bella que nos asusta. El césped siempre prolijo y las flores se extienden en un laberinto de verdes oscuros. Sus capullos parecen cuchichear historias. Un jardín perfecto como inspirador de un poema, de una canción o de un cuento.
    Transitamos muchas calles, pero nada llama más la atención que ver los yuyos altos en una casa abandonada. Sentimos un arrebato de saltar el cerco. Sentimos ganas de apropiarnos de ese espacio descuidado. Allí, el paisaje es otro. Nos imaginamos ser su propietario por un día. Y entonces comenzamos a pincelar la tierra con el color de las flores. Lo inundamos de algunas con sabor a fresa y nieve. Se nos ocurre disfrazarlo de otras con múltiples máscaras. Dibujamos un nogal, un naranjo o un limonero que reparta sus frutos. Colocamos una fuente en el medio y que salpique a una estatua con un manojo de risas. ¿Y por qué no bosquejar un banco de plaza y barnizarlo? Y después, sentarnos y leer durante horas sintiendo que el libro es nuestra única pertenencia. Leer en voz muy alta esas historias, donde todo ese jardín esté atento y se descubra. Donde los grillos pongan música a sus noches. Y cuando finalice ese día, nos inviten a volver. Y traerles cada jornada una lectura diferente y quizás un gatito, que le cuente del mundo real más allá de las rejas.
 
 
Laura
El jardín de mis sueños
 
El jardín de mis sueños tiene muchos colores y plantas y flores y pájaros. Es muy grande, grandísimo, y a la vez cabe todo en una fotografía.
 
Es un jardín muy resguardado el jardín de mis sueños, esta rodeado de arbustos y árboles, grandes y pequeños (los arbustos) altos y bajos (los árboles)
 
Al cielo le gusta tanto mi jardín que ya es parte de él, así que puedo decir que también es mi cielo. En él mutan los colores, por momentos se pinta de rosa o morado o toda la gama de azules, se mimetizan con los verdes, rojos, amarillos y blancos, y podría estar toda una tarde nombrando los colores que hay en el jardín de mis sueños.
 
Los días de sol suelen aparecer las mariposas y las abejas para posarse sobre la sonrisa de las flores, y somos felices, mi jardín, los colores, los pájaros, los insectos y claro, también yo.
 
A veces aparecen las nubes amontonadas o se estiran en un susurro, otras el cielo brama y el aire se transforma en grito, y mi jardín se desarma, pierde hojas, pétalos, se rompen ramas y algunos bichitos desparecen. Esas veces entendemos el desamparo.
 
Después de la tormenta, alguna lombriz sale tímida a ver el panorama, se cruza con una langosta o alguna lagartija, se saludan y cada cual sigue con lo suyo.
 
En el jardín de mis sueños, una niña inventa juegos y habla con la fragancia de una lavanda. Una enamorada contempla la imagen de una vaquita de San Antonio sobre un jazmín, unas manos maduras podan el rosal y en una esquina sobre la mesa de mármol una tetera humea con aroma a cedrón.
 
Alrededor de mi jardín un vientito joven zigzaguea entre frutales.  Los gorriones, cotorras y demás pajaritos (esos de los que no sé sus nombres) cantan y juegan en bandadas, mientras el hornero busca el árbol más alto y lleva ramitas para su nuevo hogar.
 
Con la caída del sol se apagan de a poco los colores del jardín de mis sueños, alargan sus sombras adormiladas en el suelo (y aunque otro mundo se pone en marcha) reina el sosiego.
 
Cuando el cielo se apaga, un serpenteo lento y ordenado le hace cosquillas a la tierra, en el aire alguna luciérnaga luce su baile para darle envidia a las estrellas, se escucha el rocío acariciando el instante y la luna le da las buenas noches, al jardín de mis sueños.

 
Sabri
Nunca tuve un jardín. Es que siempre viví sobre el techo de alguien más. Nunca tuve patio ni balcón. De chica admiraba a unos pensamientos amarillos que veía al pasar cada día por una casa de camino a la escuela. Pensaba que de grande iba a tener, aunque sea, una maceta para plantar pensamientos.
El tiempo pasó y ya soy grande. Sigo viviendo en las alturas. Ahora tengo patio y balcón, pero son de cemento y cerámica. Hubo un tiempo en el que me dedicaba a inventarme un jardín artificial lleno de plantas en macetas. Muchas, muchas plantas que reclamaban mi atención. Regar, trasplantar, no dejar morir... me sentí asfixiada.
Al final, nunca tuve pensamientos ni talento con las plantas. Una a una se fueron secando; hasta los cactus. Algunas macetas están ajadas por el sol y tienen solo tierra apelmazada que está cubierta de moho; otras resisten a mi abandono conteniendo a plantas que están dando sus últimos suspiros. Creo que mi nuevo pasatiempo es ver hasta donde sobreviven sin mi intervención.
Nunca tuve un jardín. Y cuando me lo inventé no supe cómo cuidarlo.

 
Morena
De noche
Cuando estoy sola
Cuando todos se fueron a dormir 
Y nadie me ve
Pongo ambas manos en el pecho 
Y lo abro.
 
Meto las manos 
en el hueco luminoso

Busco algo.
 
Entre membranas que se interponen 
Y algo que bombea de fondo,
La encuentro.
 
Respiro hondo
Y la palpo
Para corroborar si en verdad está ahí 
Si, está. 
 
Con cuidado 
vuelvo mi mano 
Del recorrido a la inversa
Y por fin 
Pongo ante mi
Una flor
 
La miro
Y ella me mira.
 
Se muestra inmóvil
Colgando de si misma 
Con una delicadeza de 
Princesa dormida.
 
Me la acerco a la boca
Y la beso.
 
Le regalo una sonrisa, 
(Espero pueda verme en esta oscuridad)
 
El hueco brillante del pecho sigue abierto,
En realidad no miro tanto dentro de él.
 
Devuelvo, 
más cuidadosamente que antes, 
a la pequeña adentro.
 
Habrá pasado frío?
Miedo?
Habrá pensado que eso era todo?
 
Cierro el hueco.
 
Me duermo
sonriente
soñando con el alma
Hecha una flor.
 

 
Claudia V
¿Dónde está el jardín?
Cuando salgo a mi jardín me invade la calma. Es como si se abriera un portal y entrara a otra dimensión.
La brisa sale a mi encuentro acariciándome la cara. Los pequeños árboles acunan sus ramas en delicado vaivén. Silba una suave melodía el silencio y anidan en cada rincón de mi cuerpo.
En las mañanas cálidas y las tardes tórridas, el arrullo de las palomas habita esa calma, mientras los colibríes agitan sus alas en busca del elixir que les regalan las flores. Hasta que el trino de las aves inunda el aire.
Las más atrevidas se animan a picotear alguna que otra miga olvidada sobre el césped, saltando distraídas hasta mis pies inmóviles y con la respiración contenida. Otras, aprovechan el descuido para anidar el árbol de Camelias que abre sus brazos rugosos.
“El árbol de la camelia”… pletórico de flores en agosto… con el frío… con la tibieza del sol. Se apropia del rosado del cielo en el ocaso y lo viste insolente.
El árbol que mi madre plantó hace tanto tiempo en honor a la novela de Dumas, “La dama de las camelias”. Quizás ella se sentía esa dama, bella y misteriosa. Cada día al verlo, veo a mi madre plantándolo con esmero; frágil y delicado con un solo tallo elevándose hacia el cielo con pocas hojas que lo adornaban.
Allí está, majestuoso custodiando el jardín y allí está ella dando abrigo a mi alma.
Al atardecer salgo a mi jardín a respirar jazmines y azahares y esas flores de colores que adoraban al sol durante el día, se tiñen de rosas y naranjas y me miran como suplicándome. Me acerco y colocándome en cuclillas no puedo evitar una sonrisa; las veo tan frágiles, tan vulnerables… hasta tímidas en medio de tanta belleza. Escucho sus secretos y les hablo, sí les hablo, con ternura, animándolas a ostentar su vanidad.
El jardín palpita en el viento, siento su vibración bajo mis pies y en toda mi piel.


Martín
Un secreto en el fondo
 
Con este frío es muy difícil salir de la cama, muy lejos estoy de poder ir al fondo y limpiar un poco. Está descuidado, muy descuidado. No fui desde que comenzaron los días fríos. Puedo ver el pasto crecido y lleno de malezas. Prometieron un lindo día con bastante sol, si cumplen seguramente voy a remover yuyos, levantar hojas secas, acomodar macetas o limpiarlas, ya veré.

Es un lindo fondo, cuando me mudé era solo un cuadrado con pasto, con la pared medianera a flor de piel. Le agregué algunas plantas, arbustos, macetas de muchos tamaños. De un lado puse unos caballetes con unas celosías viejas como mesa de trabajo a la sombra de un limonero que da pocos limones.
 
En una esquina tengo el compostero, cada temporada es más grande. Al principio lo había tapado con una media sombra, ahora está al cuidado de una parra de uva moscatel. Todo va al compostero, ya debe tener buena tierra.
 
Decidido, con el mate y ropa para ensuciar, voy. Es increíble el cambio que se siente entre las baldosas del patio y el jardín. Se siente húmedo, olor a tierra mojada, ruido a hojas secas y pájaros. Hay bichos, muchos bichos, muchas especies, por suerte todos hacen lo suyo y no molestan.
 
Apoyo el termo y el mate sobre la mesa, busco algunas herramientas muy básicas: una pala, una palita de mano, una tijera y unos guantes. Sedado por el ambiente en este pequeño oasis arranco muy despacio. Levanto algunas hojas, corto ramitas que crecieron sin control, acomodo la parra, voy tirando todo el en compostero, lo remuevo un poco, lo tapo y sigo.
 
Comienzo a remover la maleza, es hostil y se resiste, me pincha, se agarra muy fuerte a la tierra. Las corto por el tallo cerca de la base y luego con la pala remuevo la tierra para sacar tanta raíz como sea posible.
 
Uno de los golpes de la pala entra muy suave en la tierra, como si hubiera sido removida hace poco y eso no es posible. Saco la pala con tierra y veo que hay un hueco. Imaginé un hormiguero o alguna madriguera, insisto con la pala para luego tapar lo que haya ahí pero veo que el hueco se hace cada vez más grande. Busco los bordes con miedo a que colapse y me caiga dentro. Voy descubriendo de a poco lo inmenso que es. Para poder ver mejor busco una lámpara y un alargue y la dejo colgando adentro. Ahora parece un gran sótano.
 
Busco una escalera y la paso por el boquete que hice. Debe tener unos tres metros de profundidad, casi como una habitación. Bajo con extremo cuidado, preguntándome cómo es posible que nunca se haya hundido el jardín.  
 
Llego al piso de este extraño sótano y recorro toda la superficie ayudándome con la luz del teléfono, inútil ahora sin señal, es bueno que sirva de linterna. Alguien hizo esto. Lo hizo hace muchos años. No hay señales de escaleras ni de accesos. Las paredes tienen tierra y algunas raíces, con la palita remuevo un poco de tierra para ver si hay algo que proteja todo esto. La tierra va cayendo y llego a tocar algo rígido. Descubro lo mínimo posible hasta dejar al descubierto algo parecido a una pared de madera. Emocionado por la rareza empiezo a remover más tierra de las paredes y descubro que es una caja de madera, sigo hasta sacarla, es de madera muy buena, no se la vé deteriorada por humedad ni por bichos y es algo pesada. Mi corazón va tan rápido que mi cuerpo pierde la cautela y sigo escarbando encontrando otra y otra más. Las miro e intento imaginar lo que contendrían mientras camino por esta habitación para bajar mi ansiedad y pensar.
Me arrodillo para examinar una de las cajas, intentar abrirla y disfrutar del botín. Puedo escuchar el levísimo sonido de la tierra cayendo en migajas, restándole interés reviso cada cara y cada arista buscando algún tornillo, tirador o ranura. No encuentro nada, parecieran cubos de madera sin nada. No puede ser, me porfío por encontrar el tesoro guardado durante tantos años. La tierra comienza a caer más rápidamente, agarro precariamente dos de las cajas, miro a mi alrededor y siento que las paredes quieren atraparme y esconderme con mi tesoro. Corro hacia donde está la luz. Intento subir la escalera. Mis pies resbalan y caigo. Suelto una caja e intento subir. Unos peldaños más arriba y la escalera comienza a ceder, resbala y cae. Logro agarrarme de una raíz del techo. No quiero perder la caja. Intento tirarla por el hueco de entrada. No llega y cae. Yo resbalo y también caigo. Lo último que logro ver es una extraña hormiga con pequeñas flores en su cabeza.




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LA MUSIQUITA DE HOY


Deseo que todxs ustedes se hagan amigos, fans, seguidores, de Somos origamis. Y si no están seguros o no confían en mí, escuchen esta versión de El jardinero, de María Elena Walsh. 

jueves, 14 de agosto de 2025

20 ~ El viaje del héroe

El viaje del héroe

En narratología y mitología comparada, la búsqueda del héroe o el viaje del héroe, también conocido como monomito, es el modelo común de las historias que involucran a un héroe que se embarca en una aventura, sale victorioso de una crisis decisiva y regresa a casa cambiado o transformado.

El viaje del héroe, popularizado por Joseph Campbell, es una estructura narrativa que describe un ciclo común de aventuras que sigue un personaje. Consta de 12 pasos divididos en tres fases: la Salida, la Iniciación y el Regreso. Estos pasos representan un viaje tanto externo como interno, donde el héroe se transforma a través de desafíos, encuentros y descubrimientos.

Aquí están los 12 pasos del viaje del héroe:

 

La Salida:

1. Mundo ordinario:

Se presenta el mundo cotidiano del héroe, su entorno habitual y sus circunstancias iniciales.

2. La llamada a la aventura:

El héroe recibe una invitación o desafío que lo insta a salir de su zona de confort.

3. Rechazo de la llamada:

Inicialmente, el héroe puede dudar o negarse a aceptar la llamada debido al miedo o la incertidumbre.

4. Encuentro con el mentor:

El héroe encuentra un guía o consejero que le brinda apoyo, consejo o herramientas para afrontar la aventura.

5. Cruce del umbral:

El héroe cruza el límite entre el mundo conocido y el desconocido, iniciando su viaje.

 

La Iniciación:

1. Pruebas, aliados y enemigos:

El héroe se enfrenta a diversas pruebas, encuentra aliados que lo apoyan y descubre enemigos que intentan obstaculizarlo.

2. Aproximación a la caverna más profunda:

El héroe se acerca al peligro o desafío más grande, preparándose para la prueba final.

3. La gran prueba:

El héroe enfrenta su mayor desafío, donde se pone a prueba su valentía, habilidades y determinación.

 

El Regreso:

1. Recompensa:

El héroe obtiene una recompensa por su valentía, ya sea un objeto, un conocimiento o una transformación personal.

2. El camino de regreso:

El héroe regresa a su mundo, enfrentando los obstáculos que puedan surgir en el camino de vuelta.

3. La resurrección:

El héroe se enfrenta a una última prueba, donde se libera de sus miedos y se transforma por completo.

4. Regreso con el elixir:

El héroe regresa a su mundo con un regalo o conocimiento que puede compartir con su comunidad, transformando su entorno.

Este ciclo, que se repite en diversas culturas y formas narrativas, refleja un viaje de autodescubrimiento, crecimiento y transformación que resuena con la experiencia humana universal.

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CONSIGNA DE ESCRITURA


Esta consigna tiene variantes:

1. Podés elegir uno de los segmentos.

2. Podés elegir algunos pasos, en orden.

3. Podés tomar como punto de partida cualquiera de los pasos.


Si bien el viaje del héroe es un modelo que se utiliza para la narración (dicho lo cual, podés escribir cualquier historia), también podés tomar cualquiera de los pasos (o varios) para escribir un poema. ¿Te animás? Hay enunciados muy sugerentes, como Regreso con el elixir, Aproximación a la caverna más profunda, Cruce del umbral...

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LOS TEXTOS DE USTEDES



Lali

El secreto
El joven ingresó al primer bar que encontró sin ver al anciano que lo observaba fijamente. Pidió su bebida y el viejo lo increpó señalándole la puerta de entrada y con aliento apestoso y alcoholizado
le soltó un sonido gutural, ronco y sórdido que tenía que ver con órdenes o amenazas que por cierto no le importaron; sin embargo lo observó un momento y quedó atrapado por la mirada desorbitada de sus grandes ojos celestes, que se ahogaban en la humedad de un lagrimeo constante, detrás de un par de anteojos pesados que resbalaban sobre su delgada y fina nariz, de la que sobresalían largos  y apretujados vellos: todo debajo de un sombrero gris mugroso que escondía parte de su cabello sucio, largo y canoso. Instintivamente cerró sus ojos para evitar el desagrado que le provocó su aspecto, pensando que de joven tuvo que ser bien parecido y rió para sí por pensar semejante cosa y no ver sólo el aspecto acabado que mostraba. 
 
De inmediato sintió su cara empapada, abrió con furia los ojos y comprobó sorprendido que había sido el viejo quien le había arrojado su bebida recién servida y luego corría con dificultad hasta la puerta de salida, al tiempo que le repartía improperios difíciles de entender, por la mezcla de su dificultad para hablar y el alcohol, giró la cabeza lanzándole una última estremecedora mirada y dando un portao antes de seguir su huida. El joven indignado intentó seguirlo y una parroquiana se interpuso pidiéndole que no lo hiciera, que se trataba de un pobre loco suelto del lugar que, en ocasiones, sufría esos arranques. Regresó a la barra, su cara, la camisa y el elegante chaleco azul quedaron mojados en mayor o menor medida por la bebida. El hombre de la barra después de haber secado el enchastre le señaló que le serviría de nuevo y sin cargo, al tiempo que le ofreció un repasador por si quería secarse mejor. 
 
A mitad de la mañana del día siguiente el joven Benjamín caminó calle abajo buscando una dirección, motivo que lo impulsó a viajar a esa antigua y austera localidad. A su paso llamaba la atención  con sus ajustados pantalones rojizos con los que enfundó sus largas piernas hasta los tobillos, dejando ver los relucientes zapatos de cuero marrón montados en suelas al tono, que hacían juego con el cinturón y un simpático sombrero, algo chico para su estatura. Dio con el paradero en cuestión y dos días más tarde se reunió con la Sra. Felipa Varela en el mismo domicilio. Ella lo observó atentamente y le dijo que tenía los mismos ojos celestes de su padre y luego escuchó el motivo de la visita de Benjamín, la tela que éste estaba buscando y le aseguró que su madre la Sra. Roldán la había transportado  personalmente cuando a su esposo lo trasladaron a la mina de carbón en el sur del país. 
 
Benjamín se sintió confundido al enterarse de que su madre se había involucrado en este tramo de la historia familiar, pues hasta entonces casi nada sabía de ella. Notó que la Sra Varela fue una de las pocas personas  que se refirió con frialdad al respecto. Se despidió con esfuerzo, quiso preguntarle si la había visto y si podía decirle algo más de su madre, pero dudó y pudieron más sus rabas y su timidez, pensó que a la vuelta, tal vez, pudiera resolverlo. Apretó en sus manos los datos para iniciar un nuevo trayecto detrás de su objetivo, esta vez en el Sur y decidió no pensar hasta el regreso en las preguntas que lo acompañaron a lo largo de su vida, pero no pudo y pensó hasta el hartazgo que esa mujer bien  podría ser su madre, por la edad, porque conoció a su padre... y porque vio una seguidilla de fugaces rostros, llegados sin dudas desde su infancia: voces conocidas, nombres que le resultan familiares, sin ir más lejos estaba el rostro de esa mujer, de Felipa Varela y pensó que ella podría ser la Sra. Roldán, su madre, agitado se tomó la cabeza y recordó que cuando niño, cada vez que llegaba a casa de algún compañerito los mayores solían hablar en voz baja mirándolo y él se sentía  incómodo, no había entendido lo que años después comprendería. Nadie le había prestado atención ni se había ocupado de él, solamente su tía Leda, mujer de carácter agrio,  había hecho nada más que lo necesario para recibir el dinero que, después supo, le enviara su padre hasta que éste desapareciera.
 
Al día siguiente Benjamín se desanimó por la falta de medios para el traslado y caminando por el puerto encontró la manera de hacerlo, trabajaría a bordo de un barco arenero cuyo capitán lo había aceptado a cambio de comida y una cucheta. Feliz por el logro, emprendió el viaje una semana más tarde con algún kilo menos en su haber. El agua del río le hizo bien, mejor aún comer a diario, esto le alegró el ánimo y confió en que, al llegar a destino, encontraría la respuesta al enigma de su vida. Por fin, el arenero atracó  en el puerto y se despidió, el capitán le dio una palmada en el hombro y la fecha de partida, por si quería ser parte en el regreso de entonces. Su padre, según la Sra. Varela, había trabajado en un yacimiento de carbón y con los datos en mono caminó firme buscando el destino. Bajó de un camión en compañía de mineros que rutinariamente viajaban apretados y siguió detrás de ellos en busca de alguien que supiera orientarlo. Pasaron horas hasta que lo derivaron a una oficina destartalada en donde se informó, mirando una larga lista, que no ubicaban el nombre y apellido de su padre. Al día siguiente supo que había sido trasladado a una mina más al sur, a 50km de allí y esperó tres días hasta que un jeep, que levantaba información administrativa, lo llevó
 
Su padre no había dejado otra cosa más que la tela que él buscaba, después de su desaparición por una explosión en la cantera; el empleado le informó que en el libro constaba que nadie se había apersonado, pero que se había guardado la tela por si alguien en el futuro la reclamaba. Así fue que, agradecido por esto, Benjamín la desplegó y miró sin ver otra cosa que un niño rodado de una mujer y un hombre de ojos celestes con anteojos, que a la sazón supuso que eran sus padres y él, pero en ese momento no descubrió lo que encerraba realmente ese óleo y se fue lo antes posible, emprendiendo una caminata inútil, esperando finalmente que alguno lo acercara hasta algún lugar de la civilización para poder emprender el regreso. 
De pronto, sin mirar el lienzo quedó paralizado por el miedo, no o desenrolló, no dejó de pensar en la muerte, había sentido que nadie lo esperaba en la vida, al fin de cuentas hizo semejante viaje sabiendo que, al regresar, tampoco lo esperaban en casa, entonces la idea de saber para qué estaba en esta vida y qué función cumplía lo torturó. Estaba a punto de resolver su enigma y creía que ya no tenía sentido, él no cambiaría aunque supera algo más de su origen, ni siquiera tenía con quien compartirlo y con horror añoró morir, se vio flotando en el río, sin sus hermosos zapatos, con el lienzo enrollado entre sus manos endurecidas y con los ojos abiertos se acurrucó en soledad sobre la orilla de un camino y lloró como un niño desconsoladamente.
Un mes más tarde, los medios abordaron la noticia de un barco arenero que impactó a un remolcador de bandera paraguaya en la madrugada del día anterior, en medio de una espesa niebla. El barco arenero Las Palmas se había hundido en tres minutos decían las noticias y había pocas esperanzas de encontrar sobrevivientes, el cuerpo del capitán y de tres tripulantes del barco fueron hallados, la primera  víctima que se encontró fue identificada como Benjamín Roldán de 28 años de edad, nacionalidad argentina, domiciliado en Zárate, provincia de Buenos Aires. Así había informado el Centro de Patrones y Oficiales Fluviales de Pesca y Cabotaje Marítimo. 
Lo que no dijeron las noticias es que los dos niños que pescaban cerca del lugar del accidente quedaron observando una tela que llegó a la orilla, en ella se veían una mujer, un hombre y un niño, estos dos últimos de ojos celestes, con ella los chicos pescadores hicieron dos barquitos y jugaron soltándolos al agua.



Gladys
 
Elixir
 
          Elixir
 líquido mágico
     color azul
      brillante
       dulce
tomo despacito
    algo nace
    algo crece
        siento
una fuerza especial
  para conquistar
        el mundo
 para conquistarlo
             a él
 
                                
                                                      Elixir
                                                líquido mágico
                                                   color verde
                                                      brillante
                                                      salado
                                               lo tomo de a poquito
                                                 una paz inmensa
                                                       me rodea
                                                         siento
                                                       la valentía
                                                    puedo con todo
                                                       poder eterno
 
 
                                                                                    Elixir
                                                                                líquido mágico
                                                                                    color rojo
                                                                                      brillante
                                                                                       picante
                                                                              lo tomo desesperada
                                                                                  pasión sin límites
                                                                                     calor extremo
                                                                                         el fuego
                                                                                     me consume
                                                                                      y de repente
                                                                                         desaparezco
 
Kari
 
El corazón del barro
 
Salgo a mi jardín y las flores de siempre no me miran como ayer. Siento en sus pétalos el anuncio de su llegada.
La invitación que aquel me entrega hace que el miedo me abrace temblando. Y yo no sé dónde poner mis manos. Giro para huir, aunque ya sé que al darme vuelta la cara de la invitación estará ahí.
Le digo al miedo que iremos, extiendo mi mano y atravieso el remolino de pétalos y espinas.
Siento a mi lado cómo una figura se arma y se desarma, ella va marcando mi rumbo. Sin embargo, solo puede guiarme.
Descubro que ver en la oscuridad es un arte; que acariciar el vacío, un riesgo infernal. Y que la búsqueda de los ojos que abran el sendero se volverá una tarea que descoserá mi vestido.
El barro sube por mis brazos, me tira hacia abajo, el aire empieza a escasear. Y veo los ojos, las manos, otros ojos, otras manos que me rodean y el aire vuelve a mí.
Supe en ese instante que no estoy sola y el miedo dejó de apretarme. Me decido,  tomo mi lugar y miro a la cara… ¿a quién? A quien tenga que enfrentar.
Supe de mi fortaleza y ahora estoy lista para volver. Me espera mi jardín. ¿Oxidado? ¿Vacío? Aún no puedo llegar.
El barro se levanta y sus garras me cubren. No pueden tocarme, mis manos y ojos amigos me protegen. Solo así puedo ver el corazón del barro, apelmazado. Cuando se descuida, lo tomo, lo acaricio. Él se desarma de a gotas.
Mis pies pisan la superficie sin saber de qué está hecha. Solo siento el calor de los latidos lentos en mi mano izquierda. Mi jardín está ahí, esperándome. Esperando al corazón del barro para volver a mirarme como antes.
 
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El corazón del barro (versión poema)
 
Salgo a mi jardín
y las flores de siempre
no me miran como ayer
Siento en sus pétalos 
el anuncio
de su llegada
 
La invitación que me entrega
hace que el miedo me abrace
temblando
Y yo no sé dónde poner mis manos
Giro para huir aunque ya sé que
al darme vuelta
la cara de la invitación estará ahí
 
Le digo al miedo que iremos
extiendo mi mano y atravieso
el remolino de pétalos y espinas
 
A mi lado lo siento como una figura
que se arma y se desarma
va marcando mi rumbo
Sin embargo, solo puede guiarme
 
Descubro que ver en la oscuridad es un arte
que acariciar el vacío, un riesgo infernal
Y que la búsqueda de los ojos
que abran el sendero se volverá una tarea
que descoserá mi vestido
 
El barro sube por mis brazos,
me tira hacia abajo, el aire empieza a escasear
Y veo los ojos, las manos, otros ojos, otras manos
que me rodean y el aire vuelve a mí
 
Supe que no estoy sola y el miedo
dejó de apretarme
Tomo mi lugar y miro a la cara
¿a quién?
A quien tenga que enfrentar
 
Supe de mi fortaleza y ahora estoy lista
para volver
Me espera mi jardín
¿oxidado? ¿vacío?
Aún no puedo llegar
 
El barro se levanta y sus garras me cubren
No pueden tocarme, mis manos y ojos
amigos
me protegen
Y así puedo ver el corazón del barro,
apelmazado
Cuando se descuida lo tomo, lo acaricio
y él se desarma de a gotas
 
Mis pies pisan la superficie
sin saber de qué está hecha
Solo siento el calor de los latidos lentos
en mi mano izquierda
 
Mi jardín está ahí, esperándome
Esperando al corazón del barro
para volver a mirarme como antes
 
 
 
Rosana
Circular
 
Un viaje circular
En un mundo ordinario
Soy llamado a la aventura de olvidarte
Tal vez no esté a la altura
Como una señal desde el más allá
En forma de sueño llega tu mensaje
alentador
Y cruzo el umbral
Despierto
Nuevos desafíos me esperan
No sé cómo es vivir sin vos
Me adentro en lo más profundo de mi dolor
Y muero con tu muerte
Muero
Pero sigo vivo
Lo siento
Ya no tiene sentido seguirte
Ya no tiene sentido quedarme en la muerte
Volveré a nuestra casa
a nuestros amigos
con nuestros perros
Sobreviviremos
Te prometo
Cada catorce de febrero, alzaré una copa en tu nombre
Después
En otras tierras, con otras formas
Tal vez, me esperes
Tal vez., te encuentre
 
 
Claudia S
 
 
Insomne caminas
                  por una calle desierta
desvalido de sueños
las mejillas húmedas
la mirada perpleja
                  en un horizonte distante
ausencia de voces en la oscuridad
un áspero recuerdo 
                                     te persigue
la noche tiembla con la continuidad
                                 de las horas
sed de palabras que desordenan tu mente
bajo el follaje de un árbol solitario
la mañana amanece
                                      saboreando brisa
la nostalgia queda dormida
                                    aturdida de silencio
Silencio prolongado
                                   enmudecido          indiferente
diáfanas señales
luces amarillas en un espejo
                                 enmarcado de vida
cristales en armonía perfecta
desnudo de culpa
                                la espera
                                          se hace eco de tu destino
 
 
Guada
La Tornada
 
Finalmente, lo logré. Vencí a la bestia que acechaba el reino. Después de años de entrenamiento y de sacrificio. Ahora, en esta cueva oscura y alejada, mi espada se resbala de mis manos y caigo de rodillas. Siento el sabor de mi propia sangre y sudor caer por mi cara escondida por la armadura. Mi respiración está tan agitada que me provoca un fuerte dolor en el pecho. La adrenalina fluye por mis venas. Mis ojos, esos que solían estar cansados, expectantes, ahora se encuentran abiertos de par en par. Sin rastro de brillo. Puro terror. Me saco el casco con manos temblorosas y comienzo a llorar. Un llanto descontrolado, lleno de dolor. Grito tan fuerte que me provoca dolor de garganta. El eco de la cueva me eriza la piel.
—¡Capitán! —llama uno de mis solados, mientras escucho sonidos metálicos a mis espaldas, cientos de pies acercándose.
—¡Logró matar a la bestia! —exclama otro.
Nadie lo nota realmente. Celebran a mi alrededor, me alzan y me cantan "¡Salvador! ¡Salvador!". Nadie escucha mis gritos, nadie nota mi llanto. ¿A quién se le ocurriría que el caballero más leal del Rey estaría muerto de miedo y arrepentimiento? Me duele todo el cuerpo y no paro de temblar.
Jamás olvidaré el cuerpo sin vida de la bestia. Su sangre brotar de su cuello desmembrado. Los espasmos. Ver como el brillo de sus ojos se apagaba luego de decir sus últimas palabras.
"Hijo... por favor... no lo hagas..."
 
 
Adri
Todo un héroe
Tengo que admitir que mi proceso hasta acá fue realmente heroico, que estuve protegido por mis maestros y que mi aprendizaje fue sin igual. Todo empezó cuando, estando casado con Rosalía durante 15 años, me encontraba cómodo y resignado al aburrimiento. No es que no la quisiera, ella era una gran mujer, pero los años y toda clase de problemas, hicieron que empezáramos a tratarnos como amigos, o mejor dicho como hermanos, nos queríamos, nos aguantábamos, nos entendíamos, pero de asuntos de pareja nada de nada.
Un día cualquiera paseaba por el Facebook cuando me llegó una notificación que me invitaba a abrir un enlace para unirme a una comunidad de buscadores de experiencias místicas. La curiosidad me latía en la sien, pero el miedo a meter la pata me detuvo. Sali rápidamente y cerré la aplicación justo cuando Rosi me llamaba a cenar.
Al día siguiente me puse a hablar con un compañero en la oficina y me contó que le había llegado una invitación igual a la que me llegó a mí. Cuando le conté me juró que él no se mandaba porque tenía pibes chicos, pero que para mí sería la oportunidad de cambiar de vida, y dale y dale, me dio una manija de locos para que me animara.
Esa noche acepté la invitación y me uní a la comunidad, con un miedo bárbaro pero me mandé.  Acto seguido me llegaron pila de mensajes con toda la data, lugar de reunión, ubicación de la comunidad, valor del viaje e ingreso al grupo nuevo, fecha de partida…sin regreso. ¡Mierda!  Me latía el corazón como loco, pero ya estaba re cebado, la vida de aburrimiento quedaría atrás para empezar a vivir toda clase de nuevas experiencias.
Sin decir nada hice las reservas, fui preparando lo poco que pensaba llevar, me fui despidiendo de mis amigos, que no entendían porque me ponía cariñoso y les decía, según ellos, mariconadas y aunque Rosi empezaba a sospechar que algo raro pasaba, me las arreglé para que creyera que estaba en uno de mis emboles, a los que ya estaba acostumbrada, y no me diera bola.
Cuando llego el momento salí de casa para la oficina, y no volví. Me uní al grupo en el lugar acordado y arrancamos el viaje hacia donde nos esperaba el resto de la comunidad lista para darnos la bienvenida. Estaba realmente emocionado, aunque el viaje fue largo y tedioso en una camioneta destartalada. Llegamos a la noche a un lugar remoto en medio de la montaña en no sé qué localidad de Córdoba. Un grupo de gente muy entusiasta nos esperaba con farolitos a la entrada de un descampado lleno de yuyos, dónde había armadas algunas carpas para no dormir a la intemperie. Nos pidieron que dejáramos los celulares en una caja y nos dieron una mantita que nos serviría de colchón. El alma se me cayó al piso, pero mantuve el optimismo esperando que con la luz del sol las cosas se vieran más claras. ¡Y vaya que se vieron claras! A la mañana siguiente me mostraron todo el lugar donde de ahí en más viviríamos todos juntos, sin energía eléctrica, sin gas natural, sin agua potable, sin muebles, sin camas, sin comida chatarra, en una economía sustentable, conectada con la naturaleza, alejada del ruido y las tentaciones del mundo. Lo peor fue cuando me dijeron que la comunidad completa ¡practicaba el celibato! ¡Ah nooooo! Bastante tiempo pasé teniendo sexo sin ganas con la misma mina para terminar mis días con mis manitos como única compañía! Cuando dije que estaba arrepentido me llevaron con el maestro Julián, que me dio sus consejos espirituales y toda su sabiduría en una charla eterna de espiritualidad de la que no entendí ni J, y cuando notó que yo quería salir corriendo me dijo que el pueblo más cercano estaba a 20 km y tendría que ir caminando. Y bueno, menos mal que lleve un bolsito chico, pensando que con la fortuna que pague para que me trajeran, acá tendría absolutamente TODO. Claro que para ellos “todo” no era lo mismo que para mí.
Así empecé, a pata, el camino de regreso de mi viaje heroico. Tardé un día en llegar al primer pueblo, tuve que rogar que alguien me hiciera el favor de acercarme a alguna terminal de micros, dormí en la terminal dos días hasta que pude tomar el primer bondi hasta Buenos Aires, que tardó 23 horas porque entraba en todos los pueblos del mundo.  Cuando bajé en Retiro estaba sucio, agotado y me sentía un pelotudo. Para colmo no sabía que mierda decirle a Rosi para que me dejara entrar a casa otra vez, después de haber desaparecido una semana sin decir ni mu. Me metí en un bar, pedí un café con leche con medialunas y me fui al baño a lavarme un poco. Para completar mi patetismo me acordé que cuando salí rajando de la comunidad de los locos esos, me dejé el celu ahí, que era nuevo y me lo había regalado mi vieja. Con la panza un poco más llena tomé coraje y fui para mi casa. Metí la llave en la cerradura temiendo que Rosi la hubiera cambiado, entre despacito para no levantar la perdiz, juro que me temblaban las piernas. Cuando llegué a la cocina mi mujer hacia la comida mientras miraba la tele, cuando me vio pegó un salto y me dijo: ¿Qué haces boludo? Pensé que te habían llevado los ovnis, ya estaba por avisarle a tu vieja para que te vaya a buscar.


Martín
Salir
 
Ella camina por su hogar, siente la calidez de las paredes, el olor a la tierra oscura y el chasquido permanente que indica la proximidad de su familia que lleva el aroma que le da respaldo y tranquilidad. Sin importar la infinita cantidad de bifurcaciones, cámaras y ausencia de luz es imposible perderse. La colonia es el lugar más seguro que ella o cualquiera de sus hermanas podría querer.
 
La estabilidad de los días les da una seguridad inquietante, cada día es igual, sin cuestionamientos, sin decisiones difíciles, solo se trata de ir y volver con el alimento, una y otra vez, interminablemente, incansablemente, sin distracciones, siguiendo la huella que alguna de las exploradoras en algún momento dejó. 
 
Una noche soñó, fue extraño y único, se soñó sola y sin miedo, libre. Despertó y siguió su camino igual como lo hizo ayer y cada uno de los días anteriores hasta donde pudo recordar.
 
Un día se desvió de su camino, ninguna de sus hermanas se dio cuenta ni la siguió ni la echó de menos, siguió sola caminando sin rumbo hasta tropezarse con un pequeño montículo blanco. Supuso que tal vez las exploradoras lo pasaron por alto. Para ella sería un gran descubrimiento. Alguien o algo puso esa trampa y ella sin experiencia la encontró, sin pensarlo mucho probó un poco, le encantó el elixir narcótico y siguió hasta que la panza se le hinchó, las antenas le empezaron a girar, sus ojos veían cosas nuevas y extrañas y sintió la necesidad de hablar con la nube que se alzó sobre el montículo blanco que estuvo comiendo aceleradamente.
 
Ella, que nunca habló, comenzó a hacerlo con ese ser que se le presentó. La conversación fue larga y profunda, pudo entender y cuestionarse muchas cosas, su vida entera. Cuando concluyó, saludó aparatosamente a quien se le presentó como El Gran Azucarín y entendió que a ella nunca le dieron un nombre.
 
Pensó mientras caminaba medio tambaleante, sin seguir ninguna huella, levantó la cabeza y logró ver más allá de lo que nunca antes había visto, llegó a un acantilado luego había un río y luego una ciudad.
 
Pensó que no podía seguir sin tener un nombre, lo necesitaría para cuando debiera hablar con alguien más, se frotó las antenas y la frente con sus manos en un esfuerzo sin medida para hacer algo que ninguna de sus hermanas ni ella habían hecho jamás. En cuanto terminó se levantó soportándose solo sobre dos patas de alambre fino, se puso una coronita de flores de manzanilla silvestre y dijo para sí misma:
 
-De ahora en más me voy a llamar Hormiga Maravilla.


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LA MUSIQUITA DEL DÍA




En este episodio de La musiquita del día, esta canción. ¿Por qué? Porque hay un héroe, porque se llama héroe y porque es David Bowie y esa es razón suficiente. Toquemos el corazón musical de este Hero