sábado, 10 de mayo de 2025

9-Autorretratos

Hoy vamos a leer algunos autorretratos de poetas. El autorretrato es un texto donde quien escribe se describe a sí mismo, de distintas maneras. Puede haber descripción física, psíquica, emocional... ya verán en los ejemplos que pueden ser bien distintos. Es una mirada de unx mismx, subjetiva y profunda, como la que realizan los artistas visuales también. Pintores, fotógrafos, escultores, hacen sus retratos. 

Siempre responden a un momento de la vida del artista, ¿o acaso no vamos cambiando? Tal vez hayan visto que muchos pintores hacen autorretratos a lo largo de sus vidas. Frida Kahlo, por ejemplo, tiene varios (justamente, elegí uno de ella como ilustración de esta entrada, Autorretrato con collar de espinas y colibrí).

Van, entonces, los poemas que seleccioné para ustedes.



Autorretrato
Nicanor Parra (Chile, 1914/2018)
 
Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante:
Soy profesor en un liceo obscuro,
He perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
Hago cuarenta horas semanales).
¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
Que envejecieron sin arte ni parte.
 
En materia de ojos, a tres metros
No reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? -¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases:
La mala luz, el sol,
La venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
Para ganar un pan imperdonable
Duro como la cara del burgués
Y con olor y con sabor a sangre.
¡Para qué hemos nacido como hombres
Si nos dan una muerte de animales!
 
Por el exceso de trabajo, a veces
Veo formas extrañas en el aire,
Oigo carreras locas,
Risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
Y estas mejillas blancas de cadáver,
Estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
Joven, lleno de bellos ideales
Soñé fundiendo el cobre
Y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales.
 
  
 
Autorretrato
Rosario Castellanos (México, 1925/1074)
 
Yo soy una señora: tratamiento
arduo de conseguir, en mi caso, y más útil
para alternar con los demás que un título
extendido a mi nombre en cualquier academia.
 
Así, pues, luzco mi trofeo y repito:
yo soy una señora. Gorda o flaca
según las posiciones de los astros,
los ciclos glandulares
y otros fenómenos que no comprendo.
 
Rubia, si elijo una peluca rubia.
O morena, según la alternativa.
(En realidad, mi pelo encanece, encanece.)
 
Soy más o menos fea. Eso depende mucho
de la mano que aplica el maquillaje.
 
Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo
—aunque no tanto como dice Weininger
que cambia la apariencia del genio—. Soy mediocre.
Lo cual, por una parte, me exime de enemigos
y, por la otra, me da la devoción
de algún admirador y la amistad
de esos hombres que hablan por teléfono
y envían largas cartas de felicitación.
Que beben lentamente whisky sobre las rocas
y charlan de política y de literatura.
 
Amigas… hmmm… a veces, raras veces
y en muy pequeñas dosis.
 
En general, rehúyo los espejos.
Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal
y que hago el ridículo
cuando pretendo coquetear con alguien.
 
Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, ese niño
que un día se erigirá en juez inapelable
y que acaso, además, ejerza de verdugo.
Mientras tanto lo amo.
 
Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.
Hablo desde una cátedra.
 
Colaboro en revistas de mi especialidad
y un día a la semana publico en un periódico.
 
Vivo enfrente del Bosque. Pero casi
nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca
atravieso la calle que me separa de él
y paseo y respiro y acaricio
la corteza rugosa de los árboles.
 
Sé que es obligatorio escuchar música
pero la eludo con frecuencia. Sé
que es bueno ver pintura
pero no voy jamás a las exposiciones
ni al estreno teatral ni al cine-club.
 
Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo
y, si apago la luz, pensando un rato
en musarañas y otros menesteres.
 
Sufro más bien por hábito, por herencia, por no
diferenciarme más de mis congéneres
que por causas concretas.
 
Sería feliz si yo supiera cómo.
Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,
los parlamentos, las decoraciones.
 
En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
es en mí un mecanismo descompuesto
y no lloro en la cámara mortuoria
ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.
 
Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
el último recibo del impuesto predial.
 
 
 
Autorretrato
Pablo Neruda (Chile, 1904/1973)
 
Por mi parte, soy o creo ser duro de nariz,
mínimo de ojos, escaso de pelos
en la cabeza, creciente de abdomen,
largo de piernas, ancho de suelas,
amarillo de tez, generoso de amores,
imposible de cálculos,
confuso de palabras,
tierno de manos, lento de andar,
inoxidable de corazón,
aficionado a las estrellas, mareas,
maremotos, administrador de
escarabajos, caminante de arenas,
torpe de instituciones, chileno a perpetuidad,
amigo de mis amigos, mudo
de enemigos,
entrometido entre pájaros,
mal educado en casa,
tímido en los salones, arrepentido
sin objeto, horrendo administrador,
navegante de boca
y yerbatero de la tinta,
discreto entre los animales,
afortunado de nubarrones,
investigador en mercados, oscuro
en las bibliotecas,
melancólico en las cordilleras,
incansable en los bosques,
lentísimo de contestaciones,
ocurrente años después,
vulgar durante todo el año,
resplandeciente con mi
cuaderno, monumental de apetito,
tigre para dormir, sosegado
en la alegría, inspector del
cielo nocturno,
trabajador invisible,
desordenado, persistente, valiente
por necesidad, cobarde sin
pecado, soñoliento de vocación,
amable de mujeres,
activo por padecimiento,
poeta por maldición
y tonto de capirote.
 
 
Autorretrato
Claribel Alegría (Nicaragua, 1924/2018)
 
Malogrados los ojos
Oblicua la niña temerosa,
deshechos los bucles.
Los dientes, trizados.
Cuerdas tensas subiéndome del cuello.
Bruñidas las mejillas,
sin facciones.
Destrozada.
Sólo me quedan los fragmentos.
Se han gastado los trajes de entonces.
Tengo otras uñas,
otra piel,
¿Por qué siempre el recuerdo?
Hubo un tiempo de paisajes cuadriculados,
de gentes con ojos mal puestos,
mal puestas las narices.
Lenguas saliendo como espinas
de acongojadas bocas.
Tampoco me encontré.
Seguí buscando
en las conversaciones con los míos,
en los salones de conferencia,
en las bibliotecas.
Todos como yo
rodeando el hueco.
Necesito un espejo.
No hay nada que me cubra la oquedad.
Solamente fragmentos y el marco.
Aristados fragmentos que me hieren
reflejando un ojo,
un labio,
una oreja,
Como si no tuviese rostro,
como si algo sintético,
movedizo,
oscilara en las cuatro dimensiones
escurriéndose a veces en las otras
aún desconocidas.
He cambiado de formas
y de danza.
Voy a morirme un día
y no sé de mi rostro
y no puedo volverme.
 



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CONSIGNA DE ESCRITURA

¿Adivinan? Síiiiiiii. Escriban su autorretrato. Les propongo un plus: me los mandan y cuando los compartimos en el próximo encuentro, no revelamos el autor o autora sino que ustedes van arriesgando de quién podrá ser: por descripción y por estilo. ¿Qué les parece?

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La musiquita de hoy: 









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LOS TEXTOS DE USTEDES

Claudia V.
 
Me pinto en palabras
¡Ya soy una señora grande! ¡Me resisto!¡ No quiero!
Odio a los espejos que reflejan el paso de los años y amo los que me dicen que sigo siendo la misma que aún sueña.
Soy melancólica por naturaleza, quizás arrastrando un dolor ancestral o quizás porque ser feliz genera culpa.
Romanticona. De amores secretos, imposibles e inalcanzables.
Educada sin manuales. Admiradora de pájaros en vuelo. Tímida engañosa y artista caprichosa. ¿Valiente?... A la fuerza.
Amiga leal, lejos de traiciones. Jamás interesada ni ambiciosa.
Me dicen que no soy gorda, pero el abandono de las hormonas y mi afición a los dulces, ensancharon mis ancas y borraron mi cintura.
Parezco segura y bien plantada lo que me ha traído algunos problemas, aunque en el fondo nunca confío en mí misma. Será por eso que cuando dicen que soy bonita y hasta me confunden con alguna legendaria figura, me halaga, pero nunca lo creo del todo.
Mi voz es particularmente profunda, cálida y hasta puede resultar seductora. Transmite cierta paz a quien la escucha. (Eso me dicen)
Aquella melena renegrida hoy oculta canas y suaviza arrugas bajo un tinte cobrizo, para no pasarme del todo al “bando de las rubias”.
Mi cara, angulosa de mentón fuerte y definido, va perdiendo sus formas, pero sigue ostentando fortaleza en el carácter.
Mis ojos, ni claros, ni oscuros, pueden decírtelo todo: cuánto que te amo o cuánto te odio. Todo depende de vos.
De paso lento, sin apuros, viajante de estrellas, buscadora de mares, coleccionista de guijarros.
Mis mejillas, siempre arreboladas por la timidez o encendidas por algún rubor, no dejan asomar la palidez.
Y mis arrugas… huellas de momentos felices adornan mi mirada; los momentos de duda, se reflejan en el entrecejo y el beso contenido, en los labios.
Mis manos nudosas por el tiempo, cálidas y generosas, guardan caricias y recuerdan esfuerzos.
Escribo, bailo, leo, enseño y aprendo cada día. Coso, tejo y “abro la puerta para ir a jugar”.
Paseo todos los días por mi jardín que me invita a soñar. Retengo la respiración cuando los pájaros se acercan y doy la bienvenida a cada pimpollo que comienza a entreabrirse.
Soy la destinataria de cada canción romántica que escucho. Prefiero las pinturas de mis nietos a las grandes obras.
Nunca me siento del todo sola, porque me acompañan mis sueños y mis recuerdos y converso con ellos a riesgo de parecer lunática.
 
 
Lauri
 
¿Quién sos?
me preguntan
 
Y no sé qué decir
no me conozco tanto
sé que cometí errores
pero algo hay a mi favor
estoy segura
de ser buena gente.
 
Como el común de los mortales
he tenido alegrías
llorado tristezas
recibido algunos golpes
y también
como casi todos
me levanté
y seguí andando.
 
Tengo un cuerpo
como el de cualquiera
una voz
que no siempre es escuchada
una testarudez que
a veces me complica
una paciencia que
generalmente me salva
una pasión escondida
entre un montón de temores
y un sinfín de propósitos
que me mantienen viva.
 
No sé bien quien soy
¿cómo definirme?
si cada vez
las dudas son mayores
entonces
cuando toca responder
digo mi nombre
sonrío
y hago silencio.
 
 
 
 
Claudia S.
Autorretrato
 
Soy una dama con varias décadas andantes.
Sé escuchar o al menos me lo impongo.
Trato de pensar de manera cuidadosa y
retener en ese tiempo la palabra dicha sin retorno.
Vivo en un barrio no muy lejos del centro,
un centro donde abundan edificios
 cada vez más altos, donde escasea la sombra.
Mi cuadra convive entre árboles que se extinguen en veredas rotas y
gente que vive enfrente y ni siquiera se saluda.
Soy alguien que intenta escribir textos
con la influencia de reconocidos escritores.
Poesías, narraciones, microcuentos.
Lo simple volcado en un papel apresurado,
lo complejo apropiado de un Cortázar.
Me detengo en Proust para recordar
 a partir de los sabores y busco ese paladar
tan exquisito en historias de otras tierras.
Me gusta tomar mate en familia o
con amigos, como también
la soledad de un té caliente y poco azucarado.
Soy bastante antigua, no mando audios y
mis mensajes son suficientemente claros y breves.
Me encanta escuchar el silencio en las mañanas,
evitar el espejo, no mirar mi cabello,
 siempre terrible ante mis ojos.
Tengo defectos como todos,
el peor es ser excesivamente puntual en una cita,
y el menor es exigir que los demás lo sean.
 
 
Kari
 
Debe haber cosas que no sé de mí pero
sí sé que dentro mío hay un océano
a veces deseoso de tragarse a los
navegantes que osan tocar sus aguas
a veces tan calmo que ni me entero que sigue ahí
 
Tengo los ojos de mi nono, dice mi papá
y los veo, cuando cambian de color
Tengo las piernas de mi abuela
tengo la pera de mamá, la cara de mi tía
y mi esencia es bastante parecida a la de mi papá
Bastante
 
Algunos podrían pensar que vivo
más allá que acá, pero ellos no saben
que en realidad yo soy la que vive más acá
aunque a veces ni yo misma
pueda descifrar cómo este lugar
 
Antes me asustaba amar y que me lastimaran
Ahora creo que también, quizás un poco menos
Pero aprendí que no puedo a medias tintas
Y tenés que saber que si te voy a amar
te voy a amar con todas tus letras,
y las mías
 
Nos hemos peleado con mi pelo tantos años
pero por suerte ya no lo hacemos tanto
Fue difícil nuestro vínculo en la adolescencia
donde las miradas ajenas mandaban
para algunas cosas
Ahora en nuestra relación, nos aceptamos
indomables
 
Soy única e inigualable
dijo nadie, nunca
aunque sé que sí lo soy
por más que me lo olvide a veces
 
Hay varias cosas que me olvido
trato de no hacerlo tan seguido
Respetar mis tiempos y mi mirada del mundo
Los anillos en la cocina, el baño o algún bolsillo
Descansar lo que necesito
Pintarme las uñas
Bailar para liberar el cuerpo
Confiar en mí misma
 
(quizás podría dejar este poema a mano
para cada tanto releerlo y asegurarme
de no olvidarme nada)
 
Quiero recordar ser tan salvaje como el océano
tan suave como la miel en la garganta de invierno
tan resistente como el quebracho
tan mágica como un hada
 
Para saber lo que no sé de mí,
tendré que preguntárselo a alguien más
 
 
Morena
El reflejo me muestra a una niña adulta.
Esta mezcla extraña en la que me convierto en oportunidades me deja ver ambas caras afrontando mi ser.
Insensatamente susceptible al imaginario,
Contante trabajadora en mi misma.
Estudiante diaria de mis emociones,
Aprendiz que recién camina.
Cuando me veo corrompida por el paso apurado de esta mente inquieta, 
Freno,
Respiro 
Y alento los pasos.
Mas de una vez se me puede encontrar sonriendo sola apreciando los regalos de la vida divina.
Hay un par de piedras que de imprevisto se me colaron en el zapato y a decir verdad, me molestan.
Con el tiempo, esas piedras se acomodan y el caminar sigue firme al camino. 
La sobreinformación de esta época me abruma y me pone temerosa.
Me hace pensar irremediablemente en el futuro y la falta de control me ofuzca de vez en cuando.
Si, pispeo la puerta del miedo.
Pero la esperanza es mi mejor fortuna y aprendo a volar encontrando esas fuentes de felicidad que me anestesian un poco con el simple hacer y dejar de pensar.
 
 
Nélida
Soy, a no dudarlo, alguien que ha vivido con todo lo que eso significa para cada persona, llámese claridad, aciertos, errores, dudas y también he guerreado, compartido y aceptado dentro de un margen de lo que para mí significó "normalidad"... ¡Aunque a veces no! echando mano a lo opuesto.
En ocasiones suelo sentirme como una "alegre brisa" entre los días de mi vida y otras alucino  
temas que ya pasaron y que en su momento no sabía cómo tratarlos.
¿Por qué no me animé a ser libre en mi primera juventud? No disfruté de cosas al crecer y dejé escapar por mandatos incorporados hasta el día de hoy -que advierto de vez en cuando desde un vetusto archivo en mi memoria arrinconado y prensado por mí- o porque me di cuenta que no era el momento y ahí quedaron. 
Cambié la mirada cuando aún no veía que esa sociedad no tan lejana para mí, podía pasar a ser muy diferente y mejor de lo que se imaginaba a los tiempos por llegar.
No sabía si los mandatos eran árboles frutales que daban "mandatitos" o monstruos que interrumpían en ocasiones -o mejor dicho siempre- no tengo ganas de ser amable con mis fantasmas del ayer que asustaban a mis ideas geniales que solían ser muy divertidas y  estaban en mí. 
Mi hermano 10 años mayor tenía libertades -cuando aún vivía en casa-, que yo añoraba para mi futuro, sin comprender que no estaría con mis padres para siempre y saldría del nido para hacer mi propia vida.
Cuántas cosas quedaron olvidadas en la lista renovada para los fines de año, en las que "debía" intercalar el estudio del que no estaba muy enamorada, pero tampoco sabía caminar sin él a mi lado.
Cuántas veces me emocioné pensando en lo genial que sería salir de gira por el interior con un par de actores jóvenes y conocidas coreutas del lugar, de quienes apenas me rondan lejanamente sus nombres...
Eran líderes en reuniones juveniles nuestras, junto al grupo que los acompañaba por distintas ciudades, me parecía tan inocente que tuve ganas de ser una más de ellos y me contuve pensando si todo sería tan fantástico como se oía en los relatos, y pudiendo decidir en silencio lo que hacer no avancé.
Rocé el matrimonio siendo también muy joven y tampoco me animé a encararlo por ese entonces, por suerte supe que no estaba segura de si lo que sentía era el amor verdadero y si así hubiera sido por las dudas pensé en lo que me hubiera dicho mi hermano si hubiera estado vivo: ¡nena! que te vas a casar tan joven, seguí estudiando por favor y andá a la facu- por tanto no dudé más y me retiré muy convencida y aliviada ... 
Ni así supe que no estaba enamorada, luego enteré a mis padres que quedaron atónitos.
¿Quién soy yo? 
Soy una mujer pensante y observadora, loca y divertida, en ocasiones vulnerable y por contrapartida segura ante el peligro, capaz de arrollarlo si hace falta aunque luego quede de cama y con la mirada de un niño asustado.
 
Soy la misma que sufrió consciente... No tantas veces pero sí fuerte y a fondo.
Soy la misma que supo años después seguir adelante sin prisa.
Soy la misma que supo formar su historia que la respalda y resume.
 
 
Martín
Autorretrato
 
La cama. ¡Qué lindo es estar en la cama! En los días de verano tirarme luego de la ducha solo con el sonido de un ventilador dejando que el viento le murmure a la piel. Durante el invierno impiadoso quedarme escondido debajo de todo acolchado existente esperando que el frío nunca me encuentre. Se hace el día y voy de la cama al baño del baño a la cocina de la cocina a otro rincón cualquiera. Hay que saltar un poquito la soga y quedo mirando el bar. ¡ah el bar! ¡Qué cosas ricas hay ahí!, y van 50 saltitos y paro unos segundos y voy a la cocina a preparar el café. ¡oh el café! ¡Qué rico es el café! al menos el que yo preparo. Y van otros 50 y tiro la soga lejos y como alguna fruta y veo el café saliendo de la máquina su espuma su aroma y otra vez la soga y otros 50 y basta, me quedo sin tiempo y la soga queda en el piso desmayada. De reojo las botellas del bar deciden esperar un ratito. Una fruta, café con leche y el día, todo el resto del día todo igual todo tedioso y luego mucho después, leer algo y un ruidito me distrae, escribir algo y un pensamiento me detiene, ordenar algo y las botellas me llaman con un ruidito a golpe y bueno, ¿Cuál habrá sido? ¿Una sola o varias? una sola no puede golpearse, deben ser varias y mezclo algo y agrego unos hielos y mientras lo bebo veo una pila de cosas que deberían tener otro orden o estar en otro sitio tal vez en el lugar que no tiene luz aún porque no arreglé la tecla pero cuando quise hacerlo algo me distrajo y las cosas quedan donde están en el orden que ahora tienen. Y la soga me suplica enredándose en mis pies y la aparto, a esta hora solo yo suplico. Mientras bebo un poquito leo algo y escribo en algún papel otro algo y veo la máquina de café pero antes, entre el café y mi vista hay un chocolate y se suma y el café entiende que será para mañana. Ya hay una cena preparándose y música pasando por entre el humo de la cocción y llega sabrosa y seguro algo le aporta al sabor. Y luego los platos abandonados igual que la soga que está quieta y no entiende. Luego el baño donde se queda la ropa y la noche y la cama. ¡ah la cama!
 
 
Adri
ASI
Me cuesta hablar de mí, soy buena para escuchar, conecto con facilidad con las personas cuando son de mirar a los ojos.
Siento que soy comprensiva, pero a veces exagero, entonces empiezo a justificar conductas que me hieren. Para organizar tengo un gran sentido práctico, por eso en los grupos soy la que coordina acciones cuando hay algún propósito en común.
Soy artista, lo siento en el alma, me gusta actuar, escribir, cantar, alguna vez hice danzas, pero si tengo que dibujar o pintar una cara parece una careta y un gato se confunde con un mono.
Alguna vez sentí que no quería más la vida, y anduve un tiempo viendo todo muy oscuro y triste. Por suerte ganó la vida y pude ver qué lo que lo que no quería era seguir viviendo cómo lo estaba haciendo, que podía empezar un camino con otros recursos, y elegí quedarme.
Creo que en general tengo un grado lógico de optimismo y realismo, pero confieso que ese realismo en ocasiones se pone de acuerdo con el pesimismo. Por suerte se me pasa cantando y cuando mis fantasmas arrastran sus cadenas oxidadas, a esos los espanto escribiendo.
 

viernes, 18 de abril de 2025

7 y 8-Cartas van, cartas vienen (8 de mayo van, 15 de mayo vienen)

 


Hoy les traje tres cartas de este libro que adoro y guardo como un tesoro (lo es...). Son tres cartas de amor, claro, ¡con ese título! Ojalá les gusten...













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CONSIGNA DE ESCRITURA

Todas estas cartas son reales. Han resistido al tiempo y al olvido. 
Pero vos vas a escribir una carta de ficción a un destinatario imaginario. El tipo de carta lo elegís vos: carta de amor, de queja, de reconciliación, de pedido de perdón, de despedida, etc.
Podés inventar y escribirle a quien vos quieras. Vas a plantear la carta en forma tradicional, con encabezado, querido fulanito, despedida y alguna postdata. Después, me la mandás por mail como siempre. 
Cuando volvamos a encontrarnos (jueves 8 de mayo), vamos a leer todas las cartas y después yo las voy a repartir para que cada uno se lleve una carta de un compañero y la responda, poniéndose en el lugar del personaje destinatario.
Finalmente, para el encuentro siguiente (jueves 15 de mayo), tienen que mandarme o traer la respuesta a la carta que se llevaron.

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Aquí les dejo una musiquita de Bowie, una carta: Letter for Hermione. Toquen AQUÍ
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LOS TEXTOS DE USTEDES



Lauri

 Buenos Aires, mayo de 2025

 

Hola Cariño,

No puedo llamarte de otro modo, al menos todavía no puedo. Hace varios días que pienso en hablarte y tampoco puedo, no soportaría escuchar que me repitas lo que me dijiste la última vez. Por eso esta carta. Porque necesito saber, porque necesito una explicación que me dé alguna respuesta a todo este desconsuelo y desconcierto en que se transformó mi vida. No puedo creer que te despedí a la mañana y tu respuesta fue la de siempre como hace más de diez años, ¡más de diez años! que me decías cada día: ¡Qué tengas un lindo día amor! Y al regresar a casa, a nuestro refugio como sabíamos decirle, esperando tu sonrisa que me saque del caos diario de la calle, me recibas diciendo, “no te amo más”. Esas cosas no se dicen así, no nacen de un día para el otro, entiendo que a lo mejor no encontraste otra manera, quisiste que fuera rápido y terminante para no dilatar la agonía, pero no pensaste en mí. Te quise preguntar tantas cosas, pero no pude, no me salieron las palabras, no entendía y era imposible coordinar alguna idea o sensación de todo lo que pasaba por mi cuerpo, por eso dejé pasar este tiempo de silencio.

En ese momento, después de tus palabras no supe que hacer, solo pude agarrar mi mochila e irme, no me llevé nada, solo el poco amor propio que me quedaba, ya que no contaba más con el tuyo. Busqué las respuestas dentro mío y juro que no las hallo, por eso esta carta, necesito respuestas para llenar con algún argumento el vacío que dejaste. ¿Cuándo te diste cuenta que no me amabas más? ¿Cómo se siente el desamor? ¿En que nos equivocamos? ¿En qué me equivoqué? ¿Sentís que pasé a ser una costumbre en tu vida? ¿Me diste indicios que yo no noté? ¿Mi amor (este que sigo sintiendo por vos) no te bastó? ¿Hay alguien más en esta historia? Necesito alguna respuesta que me permita entender porque me dejaste así, sin previo aviso, sin importarte nuestra historia ni todo lo que vivimos, por favor, si realmente lo sentís así, dame los motivos y no vuelvo a molestarte. Tu felicidad es importante para mí, aunque no sea a mi lado.

L. A. M.

PD:  Siempre serás la parte más bonita de mi historia… ojalá, de algún modo, yo siga siendo parte de la tuya.

 

RESPUESTA DE LALY

Mujer de mis espacios, de tantos días juntos, compañera, amiga de escapadas, aquí estoy detrás de estas líneas proyectando algún futuro en soledad. Quiero decirte que nunca dejaste de estar conmigo a pesar de lo que está pasando.
Contesto tu carta que releí varias veces y subrayo lo que alguna vez te dije, acerca de decirnos nosotros mismos en primer término la verdad de las cosas. Hemos sobrevolado con sonrisas e ironías -sobre esto último- en distintas ocasiones y creí que serías sincera con vos misma. 
Nunca quise herirte.  Solo decidí tomar la decisión de hacer el corte sin vuelta atrás y sin previos intentos, porque de lo contrario hubiéramos seguido durante varios años disimulando ese amor que ya no lideraba entre nosotros.  
Ambos somos buenas personas y actuamos muy bien el papel de pareja que todo supera y sigue adelante, feliz de la vida como hacían en silencio y a veces no tanto mis padres, al igual que los tuyos -según me contaste- en sus años de matrimonio. 
Yo quiero otra cosa, sin importar que no estemos casados, eso es lo de menos, quiero sentirme amado junto a mi mujer y sentirme amado, no pasar a ser una obligación más. 
¡Y qué querés que te diga! para mí es de suma importancia tener ganas de serlo, de sentirme reitero fuertemente amado y devolver ese mismo amor, no solo hacer lo que se debe y lo correcto.
Quiero tener ganas de llegar a casa y besar a la mujer que amo y que me ama en la boca -no como a mi tía Luisa en el pasado y de refilón, para que no me pinchara con sus bigotes mal depilados, y que mi mujer me reciba sin rechazos porque ella quiere lo mismo, aunque no siempre coincidamos con los tiempos horarios y tengamos que esperarnos imitando una cita "para dentro de un rato", o mañana que llegaré más temprano. 
Que no me diga, ni yo me excuse a menudo porque "estoy cansado". Quiero tener ganas de hacer todo lo que me haga feliz en casa y los dos fuera de ella y que no siempre lo que se debe hacer sea según los reglamentos de una de las partes. 
Tengo ganas de excusarme divertidamente conmigo mismo si quiero cambiar mi rutina porque sí, sin dar explicaciones, jugar cuando quiera con el poco tiempo ocioso que tengo y que mi ser amado no me pida explicaciones como si fuera mi mamá. 
Soy un hombre. Un ser pensante, que además de amar y de tener obligaciones que cumplo al pie de la letra, quiero ser libre al menos en mi hogar, jugar a ser feliz lo más que pueda olvidándome por un rato de la parte seria de la convivencia y no quiero que en medio de un momento de serenidad o de disfrute, la falsa mamá me recuerde horarios y responsabilidades que tengo siempre conmigo...  Y como prueba están mis buenos resultados.

Cuando a menudo se usan las excusas para no estar juntos o los regaños y se recuerdan las obligaciones en lugar de hacer el amor, es porque ya no queda otra que una convivencia en la que se cansan de verse uno al otro como obligación- y resulta una pesadilla.

Duele mucho y lo sé porque también me es muy doloroso. Seamos valientes y enfrentemos juntos el presente. Las respuestas de las que me hablas en tu carta SÍ están dentro tuyo, solo tienes que admitirlas. 
Tratemos de querernos y luego entre ambos, seamos sinceros ya que desde que nos conocimos pasamos a ser parte de nuestras vidas, lo único que no sabemos es hasta cuándo llevaremos esa contabilidad. 
Por el momento te pido: démosle espacio al tiempo, él nos guiará hacia el futuro. Te abrazo una vez más.

 

 

Karina

 

Un día de ayom en la Era de Dragones

 

Querida Princesa,

Escribo estas líneas sin la certeza de que vayan a llegarte. Tampoco sé si querrás recibirlas.
Pero siempre me animaste a todo y por eso me atrevo a tomar esa valentía tuya prestada. Porque hoy estoy tan lejos de la mía como de vos.
Hace demasiado tiempo que no siento el perfume de tu pelo en el aire que respiro.
Demasiado tiempo que no estoy cerca de esa sonrisa cómplice.
Demasiado tiempo que no me miran esos ojos color travesura.
Demasiado tiempo.
Demasiado tiempo que estoy lejos de todo y solo cerca mío. Y ya no sé si quiero estarlo.
En esta isla no hay nada más que mi cuerpo paseándose por la arena que me gustaría que tomaras en tu puño para dejarla libre y que puedas sentir cómo se desliza entre tus dedos. Podría preguntarme qué es más suave, si tu piel o la arena fina, pero sé perfectamente la respuesta.
Quería recordarte lo que siento por vos. Me gustaría pronto revelarte dónde estoy o tal vez ir en tu búsqueda. Cuánto quisiera recibir un mensaje tuyo, aunque lo hago en sueños, creo. Me despido por otro tiempo indefinido anhelando nuestro encuentro.

PD: Deseo con mi corazón que todavía quieras abrazar mis escamas.

 

Tuyo siempre,

quien sabe calmar tus aguas con fuego.

 

 

RESPUESTA DE RO

 

Querido diario

Escribo estas líneas esta mañana al despertar, luego de tener un sueño tan vívido que todavía conservo las sensaciones. Son tan reales al punto de creer que padre podría darse cuenta de lo que está pasando, y como bien sabes, lo desaprobaría.

Ni bien me desperté quise volver a dormir, ya sabes para seguir soñando. Pero después pensé que sería mejor levantarme a plasmar en estas líneas lo que acababa de vivir, antes de correr el riesgo de olvidarlo.

Soñé que el Dragón estaba en una isla y me escribía una carta en la cual me decía que me extraña, y como yo también…

Querido Dragón:

Tú eres el más valiente entre todos los valientes. Mientras estamos atrapados en un día de ayom en la era de los Dragones, y padre no permitiría jamás de los jamases nuestra unión, yo no dejo de soñar con acariciar tus escamas.

Ha pasado demasiado tiempo sin verte, tal vez por eso anoche te soñé. Yo estaba en una isla, levantaba un puñado de arena con mi mano y cuando, dejaba caer la arena, de pronto te vía caer entre mis dedos. Con mi mano libre intentaba alcanzarte para que no cayeras, para que no te lastimaras, pero de pronto salías volando hasta mis cabellos. Allí, olías el perfume de mi pelo y volvías a hacerte grande, tan grande que podía verte y te miraba con mis ojos felices desde abajo. Desde luego, te sonreía y los dos abandonábamos esta horrible y vieja sensación de soledad.

No puedo dejar de pensar en que fue un encuentro real, aunque fue un sueño.

Si esta fuera una carta, me gustaría hacértela llegar sientiéndome siempre tuya, sientiéndote siempre mío, tú que sabes calmar mis aguas con fuego.

Ay querido diario! Esto es lo que le escribiría si pudiera hacerle llegar una carta a mi querido Dragón, a mi amado Dragón.

Ha pasado tanto tiempo y sin embargo siento que el sueño a revivido la valentía de esperar por él y si es necesario, enfrentar a padre y al reino para defender nuestro amor.

 

 

                                                                                                                 

Laly

 

Srta 
Valentina Guerra
Alfonsina Storni 724 -Galería La Perla- 
Mar Chiquita. 
Pcia. Buenos Aires

Al recuerdo de mi amada Valentina 

Los rumores que llegaron a mi inteligencia, y que de alguna manera decidí conservar con una concepción por cierto diferente

a lo conocido por el común de las personas, me mueven a querer conectar de esta otra forma a mi querida Valentina, es decir 

con el pensamiento que me dicta emociones y recuerdos que quiero esbozar de alguna forma para que las reciba por lo que 

así procedo entonces:

 

Supe que lo único que me importaba en la vida querida mía era tu persona  

con esa maravillosa manera de ser y de mirarme que hacía juego con tu voz 

que todavía y de vez en cuando me aparece desde nuestro pasado 

junto con el viento como si no estuviera muerto y en el olvido de casi todos

 

En tu cara flaca se hundían tus pálidas mejillas mostrando al mundo tus orejas

grandes pegadas al cráneo, apareciendo entre tus cabellos rojizos y desprolijos 

Recuerdo la costa y el paso del pequeño velero sin suponer que allí estabas

Al mirarlo hoy desde mi agujero reconocí que no vislumbré tu enorme valentía

 

Volvería a vivir cada momento con la misma alegría que disfrutamos

quizás yo pueda alguna vez en otro siglo reparar la enorme cobardía que acuné

y tirarnos ambos sin pedir permiso a la fuente de la vida para festejar nuestro amor 

y gritarlo al mundo aun sabiendo que muchos no perdonarían mi vejez

 

 

RESPUESTA DE CLAUDIA S.

Mi querido Rodolfo:

    Esta misiva me llega en el último peldaño de mis días. Nuestros encuentros en la costa, en la clandestinidad de las noches, aparecen en cada una de tus palabras. Nunca regresé allí, desde aquel día que me leíste tus poemas. Poemas tan transparentes como tu voz y tu mirada. El mar duele en mis mejillas a la distancia. Mis cabellos están níveos y nada parecen a los que entonces lucían despeinados.

    Mi amado poeta no te atormentes con la culpa. Siempre supe el riesgo que embriagaba el caminar abrazados como dos fugitivos escapando del presente. Siempre supe que la soledad se agazapaba en mi cuerpo lentamente. Y siempre recordaré tus intentos por querer poner fin a tus compromisos, cuando resultaban en vano.

    Confié en cada proyecto tuyo, sintiéndome parte de él. Pero, hoy mi voz se apaga y ya no resuena con el viento. Mis ojos no me permiten ver ese velero y dudo si estuve allí o lo soñaste.

    No recuerdes el pasado con tristeza, ni con esa melancolía propia de nuestra vejez. Disfruto de esta carta como disfruté del rumor de las olas, testigo de nuestros besos. Olas que salpicaban nuestras voces caminando por la arena. Disfruto de tu inteligencia desmedida por haber soportado mis caprichos, sin ningún tipo de reproche.

    Mi dulce Rodolfo, no lamentes más por nuestro injusto pasado. Nuestra época nunca nos entendió. Nunca pude convencer a mis padres para que aprobaran nuestra relación. Siempre sentí que tú eras el más valiente y todavía lo sostengo. Hoy, esta separación nos aparece como definitiva. Pero, seguramente pronto nos volveremos a ver. Mis cabellos se verán rojizos y se hundirán nuevamente en tu cara. Quizás en otro tiempo, quizás en otros mares.

Tu amada Valentina

P. D.: Quizás algún océano desconocido arrime nuestros cuerpos para flotar para siempre en la eternidad.

 

 

Claudia S.

 

Caseros, 5 de mayo de 2025

Querida Moni:

    Estoy dando vueltas y vueltas y no llegan palabras a mi mente. Sé que tendría que haberte escrito antes y siempre encontraba excusas para no hacerlo. Pero, vos te adelantaste hace unos meses y me llamaste y ambas sabemos cómo terminó la cosa. Te cuento que empecé un taller en la biblioteca San Martín, espacio donde fuimos parte de ese grupo de lectores que nos hacía disfrutar de la calidad de sus textos. La próxima consigna de escritura es: escribir una carta. ¿Te acordás de Las penas del joven Werther? ¿Y de la peli Goethe enamorado que tuvimos que ver? Bueno, pero tiene que ver con el género epistolar. Sé que cuando charlábamos en el almacén intercambiábamos sugerencias y nuestro tema era siempre la literatura. Nuestros dilemas vagaban entre sabores a fiambres y galletitas y tus clientes no entendían nada.

    Parecíamos dos extraterrestres compartiendo textos, allí en un lugar impensable, para abordar y debatir sobre personajes literarios. Nos decían que no entendían nada de lo que hablábamos, pero que se nos veía tan felices como si viviéramos en mundos imaginarios. Lugares de los que éramos capaces de entrar y salir a nuestro antojo, pero sin quedar inmunes.

    Ahora te tomaste un descanso y estás más en tu casa. Yo no compro en tu negocio porque las estanterías ya no tienen tu orden y dedicación. Pero más que nada, extraño nuestras charlas muchísimo. En casa me sugieren que te llame y que te invite a tomar un café, pero nunca me animo a hacerlo y por eso te escribo.

    Recuerdo nuestro té después de una tertulia, cuando esperabas que abriera la mueblería para encargar la cunita de tu primer nieto. Hoy, ya tenés cuatro e imagino que tus prioridades son ellos. Somos tan parecidas, que ninguna quiere molestar a la otra. Nunca hablamos por teléfono, pero estamos, aun cuando se nos pase una fecha, en las que hay que felicitar a todo el mundo por indicación del calendario.

    ¿Qué te parece un cafecito en casa o mejor en Chocorisimo o Café Martínez? Poné un día y un horario. Creo que no va alcanzar un par de horas para decir tanto... Se me acaba de ocurrir una idea ¿y si sacamos unos pasajes a Mardel y nos tomamos un finde? Me parece que se me fue la mano con esto último...Bueno, por ahí se te ocurre algo diferente. Hablá con las chicas y con Luis, seguro que ellos van a entender, si optamos por lo del viaje y te van a apoyar en nuestra locura. No tendríamos que llevar tanta ropa si son pocos días. Con una valija alcanza, así que nos tomamos un Uber o un Remis y tus yernos no tienen que llevarnos hasta la terminal. Te mando un abrazo gigante y espero una respuesta prontito.

Claudia

P. D.: Me olvidaba, no sientas culpa por dejar a tus nietitos. Seguro que se pondrán re contentos de verte tan feliz cuando regreses!

 

 

RESPUESTA DE CLAUDIA V.

Caseros, 14 de mayo 2025

 

Querida Claudia:

                        Tu carta me sorprendió. Después de nuestra charla telefónica, no creí posible volver a saber de vos. Te pido disculpas. Tenía muchas preguntas sin respuestas. Muchas angustias contenidas. Muchas cosas sin entender. Quizás por eso no pude evitar que todas esas emociones salieran a borbotones; no pude evitar reclamos ni pedir explicaciones que de antemano sabía que no me iban a conformar.

                        Y ahora tengo entre mis manos tu carta, como si nada hubiera pasado, y sólo traés recuerdos de momentos compartidos con alegría y complicidad. Yo también atesoro esos instantes y también los extraño… Sin embargo, tu ausencia dejó en mí un gran vacío. Nunca entendí qué pasó. Simplemente dejaste de venir.

                        Cuando atendía gente en el almacén, imaginaba que un día iba a levantar la cabeza de mis cuentas y te iba a encontrar del otro lado del mostrador para continuar con nuestras charlas, las que nos hacían protagonistas de las novelas de moda o con esas ensoñaciones en donde éramos las destinatarias de aquellos versos ardorosos.

                        Pero… no fue así. Nunca volviste y los años me pasaron por encima. Nunca me sentí tan sola. ¡Cómo hubiera necesitado a mi amiga para compartirle mis desazones! Pero no estabas allí.

                        Quisiera creer que el tiempo no ha pasado y que podríamos retomar nuestras charlas en el mismo punto en que las dejamos… Pero no. No puedo.

Dejemos que la vida nos sorprenda doblando una esquina o en un banco de la plaza mientras cuidamos los nietos. Quizás así, de casualidad, nuestras almas vuelvan a encontrarse en la mirada y resurja aquella amistad perdida.

 

Mónica

PD: En mi corazón, seguís estando.

 

Claudia V

 

 

Mi querido Adolfo:

Quizás no sepas quien soy. Quizás lo descubras al leer esta carta. O quizás no, y me hayas perdido en el ovillo de los recuerdos no vividos.

El otro día te vi. Esperabas en el Banco. El tiempo azotó tu rostro y sus vaivenes talquearon ese pelo rebelde y desordenado que tratás de disciplinar como lo hacías en la escuela. (Era época de cabellos cortos y ordenados.) Aun así, conservás el brillo en tus ojos de almendra y ese gesto que me enamoró.

¡Te amaba tanto! Con sólo mirarte el corazón me saltaba en el pecho. En cada paso deseaba encontrarte. Sé que vos descubrías también un sentimiento nuevo cuando nuestras miradas se cruzaban ocultas entre la concurrencia. Cuando eso ocurría, la gente desaparecía y eternizábamos ese momento.

¡Sentía tanto miedo! No sabía qué me pasaba. Sólo quería que me rodearas con tus brazos y que me besaras largamente. Vos me dabas algunas señales, pero yo, no me atrevía a cruzar la línea. Me conformaba con respirar tu aire, sentir tu perfume, que nuestras manos se rozaran y nuestros cuerpos vibraran con el encuentro. Esperaba con ansias que me arrastraras detrás de la línea.

¡Te amaba tanto!...

Hasta que un día, tu mirada desvió la mía, me faltaba el aire que ya no traía tu perfume y tus manos se entrelazaron con otras. Un dolor punzante atravesó mi pecho y no pude contener las lágrimas. Corrí sin saber a dónde hasta que lejos, desahogué mi llanto.

Nunca pude olvidarte. Siempre quise saber qué hubiera pasado si me atrevía a cruzar la línea. ¿Cómo sería el calor de tus brazos y el sabor de tus labios?

¿Podrá el tiempo darme una nueva oportunidad? ¿Todavía será amor?

El otro día en el Banco, no parecías verme. Si me viste, no parecías reconocerme. Si me reconociste… no parecías vibrar. Mi corazón dio un vuelco. ¿Será que llegó el tiempo del olvido?

Hasta nuestro próximo encuentro. Me despido con aquel beso tan celosamente silenciado:

 

Tu amor olvidado

 

 

P.D.: ¿Te atrevés a desovillar los recuerdos?

 

RESPUESTA DE LAURY

Mi pequeña y querida Graciela

¡Qué alegría trajiste a mi vida con esta carta!

Claro que estás dentro del ovillo de los hermosos recuerdos de aquella época. En cada jovencita de cabellos rubios y ondulados, en cada par de ojos color miel que he cruzado en todo este tiempo, aparecía tu imagen, pero sobre todo querida mía, recuerdo esa mirada que me llegaba tan profundamente al corazón e inevitablemente, la pregunta ¿Qué hubiera pasado si…? 

Me encantaba pasar cerca tuyo, lo que provocabas era tan nuevo para mí. Nunca imaginé que deseabas traspasar esa línea ¡gustoso te hubiese ayudado!  pero tuve miedo (el miedo estaba en todos nosotros, ¿te acordás?). Decirlo ahora hasta parece una tontería.

Hablas de amor y se me estruja el alma. Yo notaba tu mirada enamorada pero también, cierto recato y timidez, y no me animé. Ahora que lo sé, lamento mucho que mi cobardía te haya provocado tanto dolor, mi niña hermosa.

Es verdad que llegaron otras manos a tomar las mías, su experiencia hizo más fácil mi primer paso en estas cuestiones, también es cierto que me soltaron al terminar la escuela. Luego en todos estos años algunas manos más aparecieron, pero todas por una cosa u otra se fueron soltando, ahora leyéndote, creo que ninguna fue la correcta, y me pregunto otra vez ¿Qué hubiera pasado?

No seguí estudiando, hubo que trabajar enseguida y la vida me revolcó un poco (veo que lo notaste en mi rostro y las pocas canas que quedan) ya no trabajo, pero sigo de pie (que no es poco) con algunas nanas que no voy escribir para no aburrirte.

Volviendo a nosotros releo tu carta y me hago eco de tus preguntas. No tengo la respuesta mi querida, porque ya no somos esos adolescentes, no hay manera de que el reloj gire al revés, ni siquiera detenerlo, si estoy seguro que este tiempo no es de olvido, al contrario…

Entonces, ahí va la propuesta, te invito a tomar un café, desovillar esos recuerdos, hablar del presente y ver que nos pasa. Quizás, ese beso silenciado nos dé alguna respuesta.

 

PD: Tu carta llegó en un momento muy especial de mi vida y yo, que no creo en el azar.

 

                                                                                                            Adolfo

 

Rosana

De regreso. Mirtha

 

Querida Celeste:

Te escribo esta carta porque noto que hace tiempo estamos distanciadas.

¿Qué fue lo que nos pasó?

Aun no logro entender. Tal vez recuerdes, como yo, el último día que nos vimos. Malena me contó que te vio la semana pasada. Pero nosotras, ¿cuánto tiempo llevamos ya sin vernos? Sin palabras, sin noticias. ¿Vos te acordás de la última vez que nos vimos personalmente?

No dejo de pensar si te molestó algo que yo hice, si fue a partir de que me puse de novio con Sebastián, después de pasar tantos años sola. Vos estuviste cuando murió el papá de los chicos. ¡Me acompañaste tanto! Que no puedo creer que ahora, en esta etapa feliz de mi vida, no estés aquí conmigo.

No conté los mensajes, pero mandé tantos que quedaron sin respuesta que llegué a preguntarme si habías cambiado el número. También pensé que, a lo mejor te habías enfermado. Pero cuando la vi a Male, me contó que no. Que seguís con el mismo número, que de salud estás perfecta. Que seguís siendo diosa, divina, como siempre.

A veces pienso que tal vez te molestó que fuera a tu cirujano y le pidiera que me haga la misma nariz que la tuya. Si es eso te pido disculpas, pero no lo lamento porque gracias a ello conocí a Sebas que también se estaba haciendo unos retoques en lo de Hugo.

¿Tiene algo de malo que yo también quiera ser una diosa, divina?

Es cierto que siempre me gustó como te vestías, y que recorría las mismas tiendas después de leer las etiquetas de tus prendas. Tal vez no te des cuenta de que es pura admiración.

Y si dejé de llamarte tanto (solo disminuí a cinco veces por semana) es porque el amor me tomó por completo.

Bueno Celes, me gustaría verte, en serio.

Contestame por favor

No perdamos esto que tenemos (aunque prácticamente inexistente este último año) por favor

Te quiere, tu amiga de la infancia

Mirtha

 

 

RESPUESTA DE KARI

Mirtha:

Te escribo porque la verdad es que estoy un poco cansada. Entre las llamadas, los miles de mensaje y tu stalkeo en redes, me agoté (porque sí, me doy cuenta de que me ves todas las historias de instagram, no te hagas la que no sabés nada de mi vida).

Me parece bastante obvia la razón de que no tengas respuesta de mi parte, pero bueno, si tanto insistís acá te la voy a dar. Ah, el otro día le dije a Male que te haga saber mi desinterés por vos, pero bueno, o no te lo dijo para no hacerte sentir mal o te lo pasaste por donde ya sabemos.

Por si vos no te acordás, esa última vez que nos vimos fue la que me citaste en un bar horrible, que se caía a pedazos, para pedirme que me sume a una estafa piramidal que se veía a kilómetros de distancia porque te estabas quedando sin guita y en el trabajo no te adelantaban el sueldo, y encima te hacían poner más para “no perder”.

¿Vos no te acordás que ni bien me contaste la idea de meterte ahí desde un principio yo te dije que ni loca lo hicieras, que te iban a dejar en banda, que te iban a sacar un montón de plata? Pero ni bola me diste, porque querías ser más como yo, tener la plata para tener tu vida resuelta, aunque ya la tenías pero no la querías ver porque siempre andás mirando lo que hacen los demás.

Que te metieras en esa, bueno, vaya y pase, ponele, pero ¡que me quisieras meter a mí ahí adentro! Yo a veces no sé en qué planeta estás, Mirtha, dejá de fingir demencia. Yo con gente que se engancha con sectas y estafas piramidales no me junto, te lo dejé bien en claro desde que supimos lo de Josefina, hace años. Y ahí fuiste vos a meter la plata en ese chamuyo. Disculpame pero yo con vos no me puedo relacionar más, ni aunque hayas salido (gracias a tus viejos que te dieron una mano enorme, mandales saludos).

Ni me gasté en bloquearte porque, ¿sabés qué? Me encanta que me envidies, que veas lo bien que la paso en mis viajes y cómo estoy disfrutando de Italia, por boluda. Y la verdad que voy a aprovechar para agradecerte también porque por tu propuesta pedorra en ese bar de caca al que me llevaste, pude conocer a Facundo, que es un bombón (seguro ya lo sabés porque lo viste en las historias), y me lleva de acá para allá y yo no tengo que mover ni un dedo. Cosa que no creo que te pase con Sebas porque mucho cirujano, mucho retoque, pero desde que están juntos la tarjeta se la pagás vos, eso me dijo Male.

Así que dejá de hacerte la pobrecita y la amiga de la infancia, bien que en ese momento cuando las maestras no miraban me hacías bullying por usar anteojos y tener la raya al medio.

 

Besitos a los chicos, cuando vuelva me los llevo a pasear con Facu

 

PD: podrás tener mi nariz y usar la misma ropa que yo, ¿pero de verdad pensás que te quedan TAN BIEN como a mí?

 

Celeste

 

Adri

 

           Villa Bosch, 7 de mayo de1969

 

Querida Marta:

                         Espero que te encuentres bien de salud, y de buen ánimo, ya que hace tanto que no recibo noticias tuyas, que llego a preguntarme si te habrás mudado. Tal vez yo esté enviando cartas a una dirección que ya no es la tuya. En ese caso me pregunto también si en tu nuevo barrio no habrá correos, porque si te mudaste me podrías haber escrito antes, contando que te mudabas y mandando tu nueva dirección, porque me imagino que ya la sabrías.

      Después de pensar en todas esas cosas me digo a mí mismo: “pero qué tonto, no escribe porque no quiere” y a la vez pienso que podrías escribir para decirme que ya no te interesa recibir mis cartas, que no te gastas en leerlas, que no te escriba más.  Luego pienso en lo absurdo de estar escribiendo está carta, mientras siento que, si es eso lo que pasa, y ni siquiera te preocupa decírmelo, tampoco vas a contestar en esta ocasión, pero prefiero intentar.

     Por mi parte soy un hombre de palabra, y cuando nos dimos ese último beso en la estación, prometimos escribirnos hasta volver a vernos. Debo confesar que no lo hago solo por cumplir la promesa, lo hago porque ese beso aún me hace soñar, y aún recuerdo tus ojos llorosos de la despedida.

Marta, mi querida Marta, espero tus palabras, aunque sean para decir adiós.

     Con el deseo de leerte, me despido con un beso, te quiero!

                                   

                                             Pablo

P.D: si contestas diciendo adiós, prometo no insistir.

 

RESPUESTA DE ADRI

Devoto, 13 de mayo de 1969

 

Querido Pablo:

Sé que ha pasado mucho tiempo. Y si, si recibí todas tus cartas. Creo que esa última vez que nos vimos no te quedó muy en claro lo que te dije, así que, te lo voy a repetir nuevamente, esta vez por escrito.

No podemos estar juntos.

No porque no quiera. Sino porque estoy casada.

Por problemas económicos en mi familia, tuve que casarme con el hijo mayor de los Barrasco hace dos años. Sé que no fue lo más inteligente, pero mi mamá está muy enferma y solo él puede acceder a los medicamentos importados de Europa. Él me chantajeó, al principio fue una cita, luego un beso, y al final, terminamos en un matrimonio por conveniencia, triste y amargo. Jamás habría pensado que mi vida de casada sea tan gris, tan sombría. Sin vida ni color.

Pero cuando te conocí, Pablo, mientras mi marido estaba en uno de sus viajes, me cambiaste la vida. Por fin conocí el amor, y llenaste ese vacío con acuarelas de colores. Un amor genuino que me hacia sentir como una adolescente, como una princesa de ensueño. Y te puedo afirmar que esas dos semanas que pasamos juntos, fueron las mejores de mi vida. Pero, por mucho que te quiera, no puedo quedarme con vos. 

Me encantaría, me encantaría que nos veamos todos los días, que salgamos a tomar helado o vayamos al cine. Que me lleves a pasear en tu bicicleta celeste y cenemos en tu casa escuchando tu colección de vinilos. 

Quisiera verte, pero temo demasiado que mi marido se entere. Impactaste tanto en mi vida, que ahora no puedo imaginarla si vos en ella.

En agosto vuelve a viajar, ¿Te gustaría que nos veamos alguno de esos días?

Te quiere

Marta

 

 

 

Guada

 

Mes segundo de la cosecha de otoño

 

Querida hermana:

Hemos llegado a salvo. Fue muy doloroso tener que partir del reino y verte junto a padre hacerse pequeños en la orilla.

El viaje duró tres días. Muchas veces tuve miedo, nunca estuve tanto tiempo en el mar. ¿Sabes realmente lo que es no ver nada en cualquier dirección? Es realmente escalofriante, pero por suerte, Julian estaba ahí. No paró de remar la barca en ningún momento, ni siquiera en la tormenta.

En la noche del segundo día, hubo una fuerte tormenta que hizo que volcáramos. Estaba muy asustada, Tella, sentí que me moría. Pero, al no estar tan lejos de la orilla, nadamos hacia ella.

Este reino es muy diferente al nuestro. Las casas lucen diferentes y hay mucha gente por doquier. Es como estar dentro de un reloj, hay piezas y maquinarias increíbles. Y sí, llegamos a tiempo para presenciar el carnaval. ¡Mañana comienzan los juegos! Estoy muy emocionada, sabes lo importante que es para mí este viaje, y, aunque a padre no le guste, estoy cumpliendo mi sueño.

Cuéntame, ¿qué tal el reino? ¿Cómo se tomó padre mi ida en un momento tan crucial como este? Todavía no puedo creer que lo haya descubierto. De tan solo pensar en la vuelta, me dan escalofríos... Julian dice que no debo preocuparme, que ya soy una adulta y tengo derecho a conocer otras tierras. Ojalá hubiera podido traerte conmigo, Tella. Te hubiera encantado este lugar.

 

Te extraña y te quiere

 

Scarlett

 

 

RESPUESTA DE ADRI

                                                                                                                   Primer mes del invierno

Querida hermana mía:

Grande es mi alivio al recibir noticias tuyas, como grande fue la angustia que me quedo en el pecho con tu partida, ya que, aunque siempre quise que realizaras tu sueño, siempre fui consciente del peligro al que te exponías. Siento que volví a respirar en el momento que tuve tu carta en mis manos, gracias a nuestro fiel lacayo, y espero ahora que en el tiempo trascurrido desde que la escribiste hasta que la recibí, te encuentres bien.

Me preguntas por el reino, me preguntas por padre. Déjame decirte que el reino sigue bien, el mal ánimo de padre no ha afectado el desenvolvimiento de todas las tareas y rutinas. En cuanto a él es muy preocupante su forma de estar en silencio, con los ojos vacíos, como lejos. No llego a saber si es tristeza o enojo contenido. Tu partida, para padre tan inesperada, ha sido un golpe duro. Creo que sabía de tus sueños e inquietudes, pero al tú ser su pequeñita, como siempre decía, no esperaba que los llevaras a cabo.

Dices que el viaje duró tres días y que han corrido riesgos, pero aun así te sientes encantada de haber llegado a tiempo para presenciar el carnaval. también dices que es hermoso allí y que todo luce diferente. Querida mía, comienzo a sentir que es más allá que aquí el lugar que te hará feliz, eres un alma libre. No puedo garantizar cuál será la reacción de padre si regresas, lo veo muy afligido, entonces pienso a veces que le haría bien volver a verte, pero temo que su orgullo no le permita recibirte con el corazón, y lo haga con el sentimiento de que debe aplicar rigor contigo para evitar futuras rebeldías. No quisiera tener que estar presente en un momento así, como tuve que estarlo cuando descubrió que huías y se quedó parado en la costa hasta el anochecer. Si decides volver, que sea porque realmente sientas que no volverás a partir.

Es muy difícil para mi decir estas palabras, si vuelves temo por ti, por los peligros del viaje de regreso y por las represalias. Si no lo haces y no volvemos a verte, temo que padre se funda en la tristeza y que mi alma se rompa en pedazos. Confío entonces en que nuestra madre, desde el cielo, guie tus pasos y nuestros destinos.

Me despido de ti, amada hermana mía, esperando que lo que suceda, aunque duela, sea lo mejor.

Con cariño, Tella.

 



Miguel

Vida querida:

Te escribo para agradecer tu existencia, tu existencia que no necesita presentación ni elogios, porque donde voy te veo, sos brillante en el cielo y diminuta en la profundidad de un abismo. Te impones donde sea una y otra vez y a pesar de los fracasos resurgís de diferentes maneras.

Fuiste dinosaurio en el pasado y hoy sos un ave que vuela libre por cielo, fuiste irrespetuosa porque mataste, naciste, creciste y volviste a matar y así por eones.

Te apareces donde nadie te llama y te vas cuando ya nada florece, de tu paso has dejado registro en las piedras, bajo las capas de la tierra y en las profundidades de los océanos.

Pero si tuviera que definirte diría que sos la unidad básica de creación, quizás el soplo que un Dios le da a todo lo que existe, no lo sé porque te enmascaras bajo distintas formas, seres y colores, sos la chispa impresa en toda sustancia, te imagino como un gran programador creando objetos y el software que le da propósito, aparte porque tus obras evolucionan, se replican, se reproducen y se mejoran así mismas.

La madre Teresa hablo muy bien de vos, pero que hay de la forma en que tus creaciones se expresan consumiendo todo a su paso, será que sos inimputable, que una vez creado el organismo ya no sos responsable de su existencia y si fuera así, esa es la forma que elegiste para tu sobrevivencia, en fin sos todo un enigma espero que me los aclares.

Nisseno.

 

RESPUESTA

Estimado Nisseno, ¡cuántas palabras, cuántas oraciones para definirme! Soy mucho, pero mucho más simple. No sé por qué los seres humanos enturbian mi sencillez con explicaciones.

Sí, dejo registro en las piedras, en las capas de tierra, para que los curiosos como vos y tantos otros científicos, puedan saber más de mí (oh, curiosidad…). Sí, soy la unidad básica de creación. Dios, el Big Bang o quién sabe (tampoco te la voy a hacer tan fácil) hicieron de mí un manto generoso, un abrazo fértil, una compañía fructífera. Pero los hombres destruyen todo lo que pueden. ¡Y después buscan respuestas, Nisseno! ¡Buscan respuestas!
Por lo tanto, esta carta no va a resolver ningún enigma. Tal vez y porque te quiero, como a todas las criaturas que son parte de mí (sí, Nisseno, hacés preguntas sobre vos mismo, sobre tu esencia misma), pueda darte alguna pista. ¿Te gustan los animales? Espero que sí. Bueno, observalos. Todo lo que soy está ahí: inocencia, entrega, instinto, amor, compañía. ¿Te gustan las plantas? Mirame crecer en ellas. ¿Te gustan los atardeceres, los amaneceres, las cascadas, el granizo, la nieve? ¿Te sobrecoge el temporal? Ahí estoy también.

Cuidate mucho, Nisseno, que haciéndolo también me cuidás a mí.

 

La vida