El Codex Seraphinianus es una enciclopedia ilustrada que nos acerca a un extraordinario mundo desconocido. Fue escrita entre 1976 y 1978 en un lenguaje inventado por su propio autor, Luigi Serafini. Durante casi 30 meses (de los 27 a los 30 años) estuvo prácticamente encerrado en su habitación, dibujando el Codex Seraphinianus. La obra acabó por estructurarse en once capítulos y dos secciones, realizando un registro de todos los elementos que configuran ese mundo. Pasando por minerales, partículas elementales, bacterias, plantas, animales, humanos, artefactos, etnias, creencias, prácticas sociales, jardines, comidas, oficios, juegos, estructuras urbanas, y muchos otros elementos de difícil categorización. Como lo llamó Italo Calvino “la enciclopedia de un visionario”. Con todo, la obra es una de las obras más extrañas y hermosas del siglo XX.
Un paseo en video:
Itinerario - Codex Seraphinianus
Ni el alfabeto ni el lenguaje del
Codex han sido descifrados, a pesar de los esfuerzos durante años de académicos
y criptógrafos de todo el mundo. No obstante, en 2009, treinta años después de
su creación, Serafini afirmó que no hay ningún significado oculto detrás del
texto del Codex, que es asémico, y que su experiencia al escribir era muy
similar a la escritura automática. Su objetivo era que se
transmitiera al lector la sensación enigmática que sienten los niños frente a
libros que aún no pueden entender. La obra busca provocar una experiencia
estética y sensorial muy particular. Algunos críticos creen que el alfabeto
inventado en el Codex es una crítica a los límites del lenguaje, y una
representación del caos y la incomprensión inherentes a la comunicación humana.
En la siguiente página vas a
encontrar más datos interesantes sobre esta enciclopedia, incluida una
biografía de Serafini y un video donde vas a conocer algo de su casa.
El universo simbólico de Luigi Serafini
Finalmente, te dejo el enlace para que puedas descargar el libro.
Clic para descargar el Codex Seraphinianus
CONSIGNA DE ESCRITURA
Después, escribí. Podés elegir el
disparador. Algunas propuestas / ideas:
~ Elegí una doble página
(izquierda y derecha, como si tuvieras el libro abierto) e intentá su
traducción. Para elegir la vista de doble página en la compu, cuando abrís el
PDF hacé lo siguiente: andá a la pestaña VER. Ahí, elegí VISUALIZACIÓN
DE PÁGINA y ahí, VISTA DE DOS PÁGINAS.
~ Elegí una de las páginas, de la
sección que más te guste, y usá la ilustración como disparador de tu escritura.
~Elegí cualquier ilustración e
intentá un rato de escritura automática, al menos, cinco minutos.
~Elegí tu propia aventura (ja),
es decir, inventá vos lo que querés hacer. Esta enciclopedia es una miríada de
consignas.
La leyenda del pájaro pluma
El pájaro pluma sabía escribir. Y con su pico entintado contaba a quien quisiera leer, las historias más asombrosas del aire, de las nubes, los vientos y tormentas.
También
contaba las historias más misteriosas del sol, la luna y de algunas estrellas.
Contaba la suerte de otros pájaros y sus danzas en el aire, sus cantos, sus
picos y el movimiento de sus alas. Contaba historias de amor y otras que
deshacían los cuerpos.
El pájaro
pluma sabía escribir. Su tinta infinita, se recargaba cada noche con la luz de
las distintas fases de la luna, que le daban diferentes colores a los trazos.
En luna
nueva, el celeste brillaba en la oscuridad para que pudiera leerse la obra con
facilidad por las noches. En luna llena, el negro sobre la hoja blanca
contrastaba con la luz que venía del cielo. Durante la fase creciente y la
menguante, el pájaro pluma elegía los colores entre las propuestas de la luna.
El pájaro
pluma sabía escribir y viajaba por tierra y por agua con hombres y animales.
Recorría distintas ciudades y la naturaleza salvaje. No había tiempos para cada
visita, solo se dejaba llevar y sabía cuándo era el momento de poner punto
final, hasta la siguiente historia.
El pájaro
pluma sabía escribir. Pero lo que no sabría jamás, era cómo se sentía volar.
Claudia S
Los Mirantripis
Ellos, los
Mirantripis, están allí bajo el mar. Por momentos asoman sus cabezoides y
chismizian por el borde de las aguas. Como peces enormes atrapados en una
caverna desconocen la vida fuera de ella. Solo las sirenoides salen durante los
atardeceres. Les cuentan de montañas rocosas, de cataratas, de saltos de agua,
de cascadas y de lagunas secas y su curiosidad aumenta al escucharlas.
Además, no entienden las palabras que oyen
del afuera. No pueden traducirlas. Apenas descifran el lenguaje del agua en
todos sus dialectos. Se dispersan y comparten lo que encuentran, que se divide
entre algaides marinas y pezoides pequeños. Todo forma parte de un mundo propio
donde cada uno dialoga en un léxico específico, una especie de lengua inteligible,
que solo ellos comprenden.
Y la chismiziedad invade sus rutinas: ¿Qué
pasa allí afuera? ¿Por qué los nuestros nunca regresan cuando salen a la
superficie? – se preguntan.
Por otra parte, los Mirantripis se agrupan
e intentan a través de sesiones terapezoidas discurrir sus miedos.
Inteligencean sus cerebrus e imaginacean un mundo más allá de la orilla. Sus
cuerpos empapados no se atreven a cruzar la barrera de lo desconocido. Creen en
sus códigos y en sus mayores. Las leyendas y los mitos repiquetean en esas
aguas tan transparentes y tan inseguras a la vez.
Pero, su capacidad de entender sobrepasa el
idioma del mar. En esas miradas observan piedras de múltiples tamaños. Les
atraen sus formas, su quietud y la variedad de sus colores. Ellas son su único
escenario durante horas. Las perciben seguras e indestructibles. Quizás, los
Mirantripis, con sus cuerpos enteros, deberán cruzar ese abismo que los
confunde. Tendrán que salir de la caverna y descubrir esa realidad que no
habitan. Y será esa otra pantalla que deberán escuchar (Si se atreven) o
quedarán inmersos, solo en versiones desdibujadas de palabreríos submarinos.
Mi cabeza echa humo y mis pulmones apoyados sobre mis rodillas salan el ambiente tal como me gusta a estas tempranas horas del día y advierto que de vez en cuando ella hace anochecer y exhala invitándome con un olor hediondo -a que desfigure el paisaje con trazos gruesos- a la par que el el espejo dibuja automáticamente mientras lo contemplo
Calma es mi mirada y complaciente aunque de vez en cuando temo que todo este adorable estar que me rodea y embelesa desaparezca por lo que subo al infinito y plasmo mis intenciones de eternidad para todo lo que veo y siento sin olvidarme de lo más preciado que para mí es la soledad que me rodea y de la que de ninguna manera quiero desprenderme ni perder.
El caos que alguna vez rocé aún no me es indiferente, quizás sea un matrimonio con mi manera de pensar, seleccionar y dejarme acompañar en algún momento ya que descubrí que para nada es tan malo como la prensa que tiene solo hay que
saber mirar desde otro lugar las cosas que se conocen o se estrenan en algún momento debido a situaciones que lo ameritan.
Versa mi verba y ruge mi aliento
besa mi boca las piedras que encuentro
flores me devuelven que pronto anochecen
pobres garabatos que alguna vez las vieron.
Mirna
PRÓLOGO FICTICIO DE UNA OBRA PECULIAR
Estaba en 5° grado. Antes de terminar el año cumpliría los 10. Mis padres habían decidido que ya estaba lo suficientemente responsable y grande como para dejar de creer en Papá Noel. De hecho, había escrito mis primeros cuentos e intentaba, en vano, leérselos a mi hermanito. Durante ese fatídico mayo les había demostrado capacidad de organización hogareña, criterio y responsabilidad.
Mientras tanto, en Roma, un joven arquitecto que triplicaba mi edad había tomado la decisión de encerrarse para darle vida al mundo paralelo que habitaba en su cuerpo.
Lápices, cuadernos y riqueza interior para delinear las más mágicas imágenes que a diferencia de “El jardín de las delicias”, tenían epígrafes y comentarios con grafías nunca vistas. Estaba construyendo un mundo nuevo.
Casi en simultáneo, a orillas del río Matanza, otro hijo de Roma que apenas había podido terminar la escuela y duplicaba en edad al arquitecto recibe una de esas noticas paralizadoras. Y lejos de amedrentarse, sale del dolor para cumplir el sueño de tener su propio pueblo.
Y mientras por estas tierras comenzaba la más trágica y oscura época que podía tocarnos atravesar, y no me refiero a que mis padres hubiesen destrozado las ilusiones que aun persigo, a ambos lados del agua dos desconocidos entre sí daban rienda suelta a sus realismos individuales legando escenarios mágicos , a quienes crecíamos sin saber, que estaba permitido crear y atesorar para cuando pudiéramos soltarlos.
Ambos, niños que solo quisieron jugar a ser dioses de sus propias fantasías, no tuvieron ocasión de considerar cuánto podrían haber hecho juntos.
La ciudad medieval de don Campana es la locación más perfecta para el universo de Luigi Serafini. Y ambas, la validación de que volver a tener ilusiones es mágicamente necesario.
Martín
Evolución inesperada.
Sus ojos ven cosas que su cerebro no acepta, su razón queda perpleja por los extraños seres casi antropomorfos. Piensa que le hubiera sido útil no cortar la barba de tan largo viaje para poder rascársela y librarse de su asombro.
–¿Dónde se encuentra la ciudad? –preguntó, evitando toda referencia al aspecto del ser, tal como indicaba el protocolo.
–Hacia allá –señalando con su brazo.
–Yo soy un hombre, según entiendo. ¿Vos qué sos? ¿Qué le pasó a tu cuerpo?
–Yo soy más que un hombre, mucho más, es algo que queda clarísimo. Desde el punto de vista de un diccionario, me pasé de largo, evolucioné. Estoy más allá del hombre, soy un Hombro.
El viajero logró entender que todos penan sus pesares sobre el ser devenido en hombro. Es muy comprensible verlo triste siendo que no tiene sobre quién penar los pesares ajenos.
Morena
¿Sabía usted que, si se detiene a observar un árbol al azar durante el día y vuelve a mirarlo durante la noche, en realidad no esta viendo el mismo árbol?
Para entender esto, primero se debe tener en consideración algo muy importante y poco sabido:
Lo que se cree que es UN árbol, en realidad son DOS.
Muy dentro de la cúpula de los árboles está la casa de los árboles. Un espacio escondido, imperceptible a la vista humana, donde el árbol DOS descansa durante el día.
La cosa es que, añares atras, los árboles aprovechaban la tranquilidad de la noche para salir a pasear.
Y, como desde siempre son tan inteligentes, los árboles se organizaban y turnaban: mientras uno dormía (que es la imagen tipica que conocemos del arbol, estático) el árbol parrandero podía estar fuera, si es que era de noche, o dentro de la casita, tomandose un té, esperando su turno.
Los árboles nocturnos aprovechan esas horas para recorrer el mundo, andar de aca para ya, incluso nadando y enamorandose.
En la actualidad, como se pueden estar preguntando, esto es muy poco frecuente debido al crecimiento de la actividad nocturna humana. Los árboles tienen miedo de ser expuestos y que los humanos pertuben su paz, queriendo conocer sus casitas o impidiendoles recorrer el mundo. Pero tranquilos, se encargaron de contratar a unos viejos amigos que, pagando una pequeña renta, se instalan allí entre sus ramas y alejan a todo intruso, con su ternura maternal o sus misiles inesperados.
Y hoy, sabe usted si está viendo en verdad el mismo árbol dos veces?








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