jueves, 4 de junio de 2026

17 ~ Junio con la Mary / Encuentro 1

 Mary Oliver (USA, 1935-2019)

 

Mary Oliver fue una «guía incansable del mundo natural», escribió Maxine Kumin en Women's Review of Books, «especialmente de sus aspectos menos conocidos». La poesía de Oliver se centraba en la quietud de los sucesos de la naturaleza: colibríes laboriosos, garzas, estanques inmóviles, «búhos delgados / acurrucados con sus ojos brillantes». Kumin también señaló que Oliver «se mueve con total comodidad en los márgenes de las cosas, en la línea entre la tierra y el cielo, la delgada membrana que separa lo humano de lo que vagamente llamamos animal».

 

La nota completa (un poco de su biografía y recorrido) AQUÍ


Algunos poemas

 

Gansos salvajes
No tienes que ser buena.
No tienes que atravesar el desierto
de rodillas, arrepintiéndote.
Solo tienes que dejar que ese delicado animal
que es tu cuerpo ame lo que ama.
Cuéntame tu desesperación y te contaré la mía.
Mientras tanto, el mundo sigue.
Mientras tanto, el sol y los guijarros cristalinos
de la lluvia avanzan por los paisajes,
las praderas y los árboles frondosos, las montañas y los ríos.
Mientras tanto, los gansos salvajes, que vuelan alto
en el aire azul y puro,
vuelven nuevamente a casa.
Seas quien seas, por muy sola que te sientas
el mundo se ofrece a tu imaginación,
y te llama, como los gansos salvajes, chillando con excitación
anunciando una y otra vez
tu lugar en la familia de las cosas.
 


El viaje
Un día por fin supiste
lo que tenías que hacer, y lo empezaste,
aunque a tu alrededor algunas voces
insistían en gritar
malos consejos…
aunque toda la casa
se puso a temblar
y sentiste el viejo tirón
en los tobillos.
“¡Arréglame la vida!”,
gritaba cada una de las voces.
Pero no te detuviste.
Sabías lo que tenías que hacer,
aunque el viento husmeara
con sus dedos rígidos
hasta en los cimientos,
aunque su melancolía
fuese tremenda.
Ya era bastante tarde
y era una noche espantosa
y la carretera estaba llena
de ramas y piedras caídas.
Pero poco a poco,
a medida que dejabas atrás sus voces,
las estrellas comenzaron a arder
a través de las láminas de nubes,
y se oyó una voz nueva
que lentamente
reconociste como tuya,
que te hacía compañía
mientras a zancadas
penetrabas cada vez más en el mundo,
con la decisión de hacer
lo único que podías hacer…
la decisión de salvar
la única vida que podías salvar.
 
 
El día de verano
¿Quién creó al mundo?
¿Quién hizo al cisne, y al oso negro?
¿Quién dio forma al saltamontes?
Me refiero a este saltamontes,
el que acaba de saltar en la hierba,
el que ahora come azúcar de mi mano,
el que mueve las fauces de atrás para adelante y no de arriba abajo,
el que mira a su alrededor con enormes ojos complicados.
Ahora levanta una de sus patas y se lava la cara cuidadosamente.
Ahora de pronto abre sus alas y se va flotando.
Yo no sé con certeza lo que es una oración.
Sin embargo sé prestar atención
y sé cómo caer sobre la hierba,
cómo arrodillarme en la hierba,
cómo ser bendita y perezosa,
cómo andar por el campo,
que es lo que llevo haciendo todo el día.
Dime, ¿qué más debería haber hecho?
¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?
Dime, ¿qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?
 
 
Nada es demasiado pequeño como para no hacerse preguntas
El grillo no se pregunta
si existe el cielo
o, si es que existe, si habrá espacio para él.
Es otoño. El romance ha acabado. Aun así, canta.
Si puede, entra en una casa
por el resquicio más pequeño de la puerta.
Entonces la casa se vuelve más fría.
Canta despacio y más despacio.
Y de pronto, nada.
Debe de significar algo, no sé qué.
Pero sin duda no significa
que no haya sido un excelente grillo
durante toda su vida.
 


A veces
 
1.
Algo surgió
de la oscuridad.
No era nada que había visto antes.
No era un animal
ni una flor,
a no ser que fuera de las dos cosas.
Algo surgió del agua,
la cabeza del tamaño de un gato
pero toda embarrada y sin orejas.
Yo no sé lo que es dios.
No sé lo que es la muerte.
Pero creo que tienen
un pacto fervoroso y necesario.
 
2.
A veces
la melancolía me deja sin aliento…
 
3.
¡Agua del firmamento! ¡Electricidad de la fuente!
¡Locas ambas por crear alguna cosa!
Los rayos más brillantes que cualquier flor.
Los truenos sin un hueso adormilado en el cuerpo.
 
4.
Instrucciones para vivir una vida:
Prestar atención.
Asombrarse.
Contarlo.
 
5.
Dos o tres veces en mi vida descubrí el amor.
Siempre parecía que lo arreglaba todo.
Siempre arreglaba muchas cosas
pero no todo.
Pero yo quedaba agradecida como si en efecto lo hubo
arreglado todo, y por completo.
 
6.
Dios, descansá en mi corazón
y fortaleceme,
sacame el hambre de respuestas,
dejá que las horas jueguen con mi cuerpo
como las manos de mi amada.
Que la cabeza de gato vuelva a aparecer:
el menor de tus misterios,
probablemente algún primo salvaje de mi propia sangre,
probablemente algún primo de mi propia sangre salvaje,
en el plato hondo negro del estanque.
 
7.
La muerte me espera, ya lo sé, a la vuelta
de alguna esquina.
Eso no me divierte.
Tampoco me da miedo.
Después de la lluvia, volví al campo de girasoles.
Estaba fresco, y yo no estaba nada adormilada.
Anduve despacio, y me puse a escuchar
a las raíces locas, en la tierra empapada, que reían y crecían.
 
  

A la mañana temprano, mi cumpleaños
Los caracoles se mueven entre las campanillas
sobre el trineo rosado de su cuerpo.
La araña duerme entre los pulgares rojos
de las frambuesas.
¿Qué voy a hacer, qué voy a hacer?
La lluvia es lenta.
Bajo ella los pajaritos reviven.
Hasta los escarabajos.
Las hojas verdes la beben a lengüetazos.
¿Qué voy a hacer, qué voy a hacer?
La avispa se sienta en el porche de su castillo de papel.
La garza azul sale de las nubes flotando.
El pez salta, todo arco iris y boca, del agua oscura.
Esta mañana los lirios de agua no son menos hermosos, creo,
que los lirios de Monet.
Y yo no quiero más ser útil, ser dócil,
guiar
a los chicos desde los campos hasta el texto
de la civilidad, enseñarles que son (no son) mejores
que el pasto.
 


La vida es bastante parecida
La vida es bastante parecida
cuando todo va bien
resonante
cotidiana.
Pero ¿quién que no esté
bajo el sello del desastre
puede entender cómo es la vida
cuando todo empieza a temblar?
 
 
Percy y los libros
A Percy no le gusta cuando leo.
Pone su hocico sobre el libro y gime.
Revolea los ojos, a veces estornuda.
El sol está arriba, dice, y el viento abajo.
Afuera está el mar y juegan los perros de los vecinos.
Pero Percy, digo. ¡Las ideas! ¡La elegancia del lenguaje!
Las percepciones, las ironías, las historias hermosas
que nacen y mueren y giran en torno a la fuerza, o al coraje.
¿Libros? dice Percy. Una vez me comí uno, y fue suficiente.
Salgamos.
 


Paisaje
Todas las mañanas le doy la misma vuelta
al estanque, y pienso: si un día se me cierran
las puertas del corazón, más me vale morirme.
Todas las mañanas, al menos hasta ahora,
estoy viva. Y ahora los cuervos se desprenden
de la oscuridad y se lanzan al cielo:
como si toda la noche hubieran pensado
en cómo les gustaría que fueran sus vidas
e imaginado sus propias alas: fuertes, gruesas.
 


Rezar
No tiene por qué ser
el lirio azul, pueden ser
yuyos en un baldío o un puñado
de piedritas; sólo
prestá atención, después
improvisá algunas palabras y no intentes
hacer nada sofisticado, esto no es
un concurso, es una puerta
que da a la gratitud, y un silencio
en que se abren otras voces.
 


Humildad
Los poemas llegan listos para usar.
Los poetas son sólo un medio de transporte.
 


Esto y aquello
En la temprana danza de un día nuevo:
cachorros que dan saltos en la playa,
delfines que dan saltos a metros de la orilla:
alguien se agacha para darme un beso
lento.
 


¿Cómo te amo?
¿Cómo te amo?
Así y asá. Con muchísimo
gusto. ¿O preferirías
que te lo demostrara
en la práctica? Así
y asá y
así y
ya basta de palabras
 
 
Esto no es
Esto no es sólo la sorpresa y el placer
Esto no es sólo la belleza que algunas veces quema.
Esto no es una bendición con principio y final.
Esto no es sólo una locura de verano.
Esto no es condicional.
 
 
Tres cosas que conviene recordar
Mientras bailes
podés romper las reglas.
Algunas veces romper las reglas
es ampliar las reglas.
Otras veces no hay reglas.
 
 
Me preocupaba
Me preocupaba mucho. ¿Va a crecer el jardín, los ríos
van a correr para el lado que es, la tierra va a girar
como le enseñaron; y, si no, cómo hago
para arreglarlo?
¿Tenía razón, estaba equivocada, me van a perdonar,
puedo hacerlo mejor?
¿Voy a poder cantar alguna vez? Incluso los gorriones
son capaces, pero yo, en fin,
no puedo cantar nada.
¿Veo cada vez menos o sólo me lo estoy imaginando,
me va a dar reuma,
tétanos, demencia?
Al final, me di cuenta de que tanto preocuparme no servía para nada.
Y dejé de angustiarme. Y agarré mi viejo cuerpo
y salí a la mañana
y me puse a cantar.
 
 
La profesora de poesía
La universidad me dio una nueva y elegante
clase para enseñar. Solo una cosa,
dijeron. No puedes traer a tu perro.
Está en mi contrato, dije. (Me había
asegurado de eso).
Regateamos y me mudé a una vieja
clase en un viejo edificio. Acuñé
la puerta abierta. Puse un cuenco de agua
en el aula. Podía oír a Ben entre
otras voces ladrando, aullando en la
distancia. Luego llegarían todos—
Ben, sus colegas, uno o dos perros
extraños quizá, todos felices y sedientos.
Bebieron y se echaron ahí entre
los estudiantes. A ellos les encantó.
Escribieron todos poemas sedientos, felices.
 


Bajo a la orilla
Bajo a la orilla por la mañana
y dependiendo de la hora las olas
rompen o rebotan,
y yo digo, oh, soy desgraciada,
¿qué haré…
qué debería hacer? Y el mar,
con su voz encantadora, dice:
Discúlpeme, tengo trabajo que hacer.
 
 
Los otros reinos
Considerad los otros reinos. Los
árboles, por ejemplo, con sus títulos
de sonido meloso: roble, álamo, sauce.
O la nieve, para la que la gente del norte
tiene docenas de palabras que describen sus
diferentes llegadas. O las criaturas, con su
pelaje grueso, su mirada tímida y sin palabra. Su
sentido infalible de lo que sus vidas
están pensadas para ser. Así el mundo
crece denso, crece salvaje, y tú también,
creces densa, dulcemente salvaje, tal y como tú
también naciste para ser.
 
 
Algunas preguntas que podrías hacer
¿Es el alma sólida, como el hierro?
¿O es tierna y quebradiza, como
las alas de una polilla en el pico de un búho?
¿Quién la tiene y quién no?
Sigo mirando a mi alrededor.
La cara del alce es tan triste
como la cara de Jesús.
El cisne abre sus blancas alas lentamente.
En otoño, el oso negro lleva hojas a la oscuridad.
Una pregunta lleva a otra.
¿Tiene forma? ¿Como un iceberg?
¿Como el ojo de un colibrí?
¿Tiene un pulmón, como la serpiente y la vieira?
¿Por qué debería tenerla yo y no el oso hormiguero
que ama a sus crías?
¿Por qué debería tenerla yo y no el camello?
Piensa en ello, ¿qué me dices de los arces?
¿Qué de los iris azules?
¿Qué sobre todas las piedrecillas, sentadas solas bajo la luz de la
luna?
¿Qué sobre las rosas y los limones y sus hojas brillantes?
¿Qué sobre la hierba?
 
 
Primavera
En alguna parte
una osa negra
acaba de salir del sueño
y está mirando
 
abajo en la montaña.
Toda la noche
en la abrupta y somera agitación
de la primavera temprana
 
pienso en ella,
sus cuatro negros puños
golpeando la grava,
su lengua
 
como un fuego rojo
tocando la yerba,
el agua fría.
Hay solo una cuestión;
 
cómo amar este mundo.
Pienso en ella
alzándose
cual un negro y frondoso saliente
 
para afilar sus garras contra
el silencio
de los árboles.
Sea lo que sea
 
mi vida
con sus poemas
y su música
y sus ciudades de cristal,
 
es también esta deslumbrante oscuridad
bajando
de la montaña,
respirando y probando;
 
todo el día pienso en ella,
sus dientes blancos,
su ausencia de palabras,
su amor perfecto.

 

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CONSIGNA DE ESCRITURA

 

Leemos este poema: 

Arroz

 
Creció en el barro oscuro.
Creció bajo las garras naranjas del tigre.
Sus tallos más finos que velitas, y tan firmes.
Sus hojas como plumas de garcetas, pero verdes.
Los granos en la cima, queriendo estallar.
Oh, sangre del tigre.
 
No quiero solo sentarme a la mesa.
No quiero solo comer y estar bien.
Quiero que salgas a caminar a los campos
donde el agua resplandece, y el arroz ha crecido.
Quiero que estés ahí, lejos del blanco mantel.
Quiero que te llenes las manos de barro, como una bendición.


 

Consigna: 
¿Qué es para vos llenarte las manos de barro?
Podés responder esta pregunta de muchas maneras. 

· Con un poema.
· Como si fueras un obrero de la construcción a quien un reportero se la formula.
· Como un jardinero.
· Con la voz de una nena o un nene que juega en el barro después de una lluvia intensa.
· Como si fueras una alfarera.
· Como si fueras un habitante de un pueblo originario.
· Como si fueras un ejecutivo de una importante empresa que se cae en la vereda.
· Como si fueras un perro o un chanchito.
· Un párrafo con cada una de las anteriores

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LOS TEXTOS DE USTEDES


Rosana
Agua
 
Del costado de un río
La tierra le regaló algo de sí
 
La musa, su mujer
La noticia, un soplo
 
Levantó una montaña
Como un pecho
y la ahuecó
Consagradas flamas
cocinaron la vasija
 
Tres ramas secas del viejo álamo
Ofrenda de la tierra
Y lianas verdes del bosque
Sirvieron para unirlas
 
En sus manos,
la base del mundo
y abrazar la montaña invertida
ya no frágil, ya no barro
 
Cargó el agua en la vasija
Del río que le dio el barro
Debajo un recipiente
Y recibir
Gota a gota el agua purificada
Y agua para cuando llegue el bebé
 

 
Adri
Barro
 
Me duele el cuerpo
tuve que andar caminando sin descanso
y sin rumbo
tuve que andar buscando eso
ese lugar seguro, ese refugio
donde pudiéramos respirar
sacarnos los zapatos y los corpiños
soltar la risa, el grito, el pelo
mirarnos desnudas sin pudor
sin jueces ni verdugos
sin soñar con ser perfectas
y tirarnos a chapotear en el barro como perras
como locas sueltas
para intentar calmar este dolor
porque hay una menos entre nosotras
pero cada vez somos más.
 
 
 
Claudia V
Manos en el barro
 
Barro, tierra blanda y generosa
.
Hundo mis manos y la tierra me acaricia, me abraza, me implora.
Hundo mis dedos con la semilla de la vida.
La tierra la acuna, la abriga…
Y la devuelve al sol, a la brisa, transformada en fruto brillante y jugoso.
.
La tierra implora la bendición de las lluvias.
Se entrega a ella y la recibe agradecida.
Terrones negros brillan al sol;
Insectos dormidos despiertan al aire húmedo
Y mi chiquita, tentada, la saborea a escondidas.
.
Emplasto para abejas,
Comida de muñecas
Delicia para el chapoteo
Desquicio de mamá
.
Polvo regado por el río
Se levanta en abrigo cálido en noche gélidas
Frescura para tardes tórridas
Cobijo para el cansancio y las penas
 
Barro, tierra, Pacha
La Pacha me espera para abrigarme,
 Para protegerme del mundo.
Conoce mis mezquindades y aun así me espera,
para devolverme generosa
en el noble recuerdo de los que me aman.
.
En tus entrañas escondes barro lejano, añoso
Barro que otras manos moldearon y acariciaron.
Barro que manos inocentes rescatan de su prisión
y vuelven a ofrendar.
 
Barro, negro, sucio
Barro dócil, sumiso, moldeable
Las manos se hunden para transformarlo
Se resiste, se endurece, se agrieta
El mal lo doblega, lo obliga a rendirse
Y hunde en él las manos ya sucias, corruptas, malignas
que devuelve en frutos rancios y pestilentes
.
En tus entrañas guardas barro de otros tiempos,
Centinela del legado que buenas manos crearon
Barro que manos codiciosas profanan
 En busca de tesoros “huaqueros”*
 
*Huaqueo: término regional utilizado en América del Sur (especialmente en la zona andina) para referirse al saqueo de tumbas y sitios sagrados preincaicos o incas para vender las piezas en el mercado negro.
 
 
 
Claudia S
 
Algo brotó del barro
                           después
                                      de
                                           la   caída.
Las rodillas y las manos
quedaron enterradas
entre hojas despintadas de verdes.
Mi piel no sangra y
mi universo es ahora
solo esta porción de tierra tan lejos
                                                                 de   mi   casa.
Mis dedos tiemblan teñidos de cobre
y mi sed descubre un charco que
me ensucia también la cara.
La espera se torna muda
 mientras la búsqueda
camina    despacio.
Percibo otros cuerpos bajo la noche húmeda.
Veo luces de linternas alumbrar los alrededores.
Siento un dolor débil en las muñecas y
en los brazos que aparece y desaparece.
Ladridos de perros inundan el camino ahora.
Los escucho perfectamente,
pero parecen seguir de largo.
Quizás me volví invisible,
quizás ellos se quedaron ciegos.
 
 
 
Andrea
Oportunidad
 
Una gota y otra gota son absorbidas por la tierra.
Pero muchas gotas, todas juntas empiezan a acumularse sobre la tierra.
Llueve fuerte, llueve parejo, llueve continuo.
Los charcos aparecen en los huecos donde no hay pasto.
No hay pasto un poco por la sombra del árbol y otro poco por los rasguños que hace Camila, mi perra.
Las hojas de los agapantos forman paraguas perfectos, a su alrededor agua y tierra, barro.
Paró la lluvia, los pajaritos salen de su guarida y beben de las piletitas que se formaron en el parque.
Luego toman ramitas para reconstruir su averiado nido.
Todo lo observo desde el ventanal de la galería.
Me imagino ahí afuera, chapoteando, salpicándome de barro.
Bailando con los pies desnudos.
Uniéndome a la tierra, entrando en ella, resbalando, haciendo equilibrio. Pintándome de marrón.
¿Qué sentiría? Libertad…Alegría… Comunión…
No lo sé.
Recuerdo el orgullo de mi  madre al expresar satisfecha que nunca me había embarrado.
Las palabras de mi padre: “tu madre siempre te tenía de punta en blanco”
Hoy va a ser distinto.
No soy una niña por la edad, pero si lo soy por elección.
Corro la puerta balcón, me descalzo y voy al encuentro del barro…
Con pies y manos.
 
 
Mirna
 
Llevo barro en las manos.
Planto mis pies en el agua.
Uso la mezcla de tierra y lluvia
para despertar la esencia, lentamente.
Para que brote, en fin, la vida.
Uso mis manos de jardinera.
Soy alfarera.
Escondo savia.
Cobijo la inocente energía vital
que nacerá al mundo.
¿Arte o semilla?
Ambas. O una.
No sé.
Sólo sé que soy barro.
 
 
Martín
El barro en sus manos
 
Aburrido, volvió a intentarlo. Con sus manos juntó algo de tierra, la observó y tomó más de otro lugar. Cuando estuvo satisfecho con la mezcla, la humedeció.
El barro en sus manos le hizo recordar emociones casi olvidadas.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que creó algo con sus manos?
Veía el barro queriéndose escapar de entre sus dedos. ¿Acaso podía entender sus intenciones?
Deformaba el barro con sus manos, una y otra vez, pensando en los detalles.
Agarraba una parte en cada mano y la apretaba. Algo de agua caía y el barro, más firme, se escurría entre sus dedos. Luego lo juntaba y, con ira por algún recuerdo, levantaba los brazos y lo estrellaba con fuerza contra el suelo, gritando con furia haciendo que el propio barro se asustara. Después lo levantaba con suavidad y volvía a amasarlo.
No se preocupó por el tiempo. Siguió con su ritual hasta lograr una idea con la que podría dar forma al barro. Solo barro. ¿Cuántas cosas podría construir con un poco de barro?
Pensó que si esta vez lo hacía imperfecto, todo sería distinto. Y llenó su creación de errores.
 
 

Cintia
Max
 
En Buenos Aires no para de llover. Y cuando para, no sale el sol dejando que las veredas conserven la humedad eternamente.
Pero él no entiende de climas. Él sólo sabe de instintos, de urgencias. Se para al lado de la puerta y me mira tan fijo que a veces creo que no parpadea. Mueve la cola con una velocidad que genera viento. Y salta…salta porque todavía la edad se lo permite. Me obliga a abrigarme y girar las llaves de la puerta. No espera ni que me acerque a la calle que ya se escucha el golpe que genera sobre la otra puerta, la de chapa.
Sin ataduras corre al primer árbol. Con una asombrosa habilidad deja la pata levantada durante más de un minuto y después sigue corriendo. A mí me divierte verlo porque tiene un movimiento elegante pero desenfrenado que le dan un estilo particular a su carrera.
Nunca supimos su edad exacta, pero decidimos hacer un promedio que le den una fecha de vencimiento más extensa. Siempre pienso que las cosas buenas deberían ser eternas, y ellos son cosas buenas.
Se aleja con sus canas al viento, y aprovecha los charcos de barro para después poder dejar su huella en mi cama. Vuelve cuando ya no tiene más urgencias, y responde a mi grito con un galope de retorno. Entra, toma un poco de agua y me deja su firma en el acolchado.
Ojalá sea eterno el barro en casa.
 

 
Morena
 
Con sus manos apoyadas 
sobre la húmeda tierra 
sonríe al sentir
el devenir tembloroso. 
 
Cuantas tardes esperó
Confiando en la brisa
y en los tiempos de la mariposa.
 
La tierra 
no la condiciona.
No es lo primero 
de lo que quiere limpiarse
al llegar a casa.
 
 

Laura

La lluvia termina
la diversión comienza
¡mamá
 ellas no quieren jugar!
 
en mis manos
la tierra resbalosa
me hacen cosquillas
mis pies son blandos
un monstruo soy
 
grito muy fuerte
queriendo asustarlas
ellas corren y ríen
mamá también
cuando me escucha gritar
 
el jardín es mi territorio
defiendo a las flores
en la batalla vuelvo a caer
 
ya soy todo barro
un monstruo gigante
mamá entre risas y retos
me invita a jugar
abre la canilla y dice
¡yo soy la lluvia!
un chorro de agua
me vuelve nene otra vez
 
 
***
 
 
Manitos chiquitas
travieso incansable
el barro es tu juguete
después de llover
 
hay otras manitos
que el barro las viste
no juegan nunca
a veces les sale llorar
 
manos viejas
construyen el barro
en arte o en techo
como herencia de amor
 
otras manos embarradas
con guantes sucios
miran de costado
solo saben robar
 
el barro sanador
alimenta la semilla
pero si desatan su ira
la destrucción es total.
 

 
Sabri
Me pregunto
 
La primera vez
metí las manos en el barro
y mi mamá me retó.
Las nenas no juegan con barro
no se ríen a carcajadas
no juegan con palos
ni van a los cumpleaños
en/con pantalón.
 
En esa sustancia que tiene
un poco de tierra
(que nos forma)
y un poco de agua
(que nos compone)
hallé placer al/en tocarla.
¿Cómo no hacerlo?
Es una llamada ancestral
como juntar ramas
hacer un fogón y
admirar el fuego
por horas.
 
Desafío a mi madre
tocando el barro
jugando con barro
buscando palos y ramas.
Me río a carcajadas
ya no me amedrentan
sus retos.
¿Será acaso un signo de madurez
o de rebeldía latente?
 

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LA MUSIQUITA DE HOY

 


Barro tal vez. Sin más palabras, la Negra y el Flaco. AQUÍ

  

miércoles, 27 de mayo de 2026

16-Mayo es de novela. Leemos y escribimos. Encuentro 4.

  

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CONSIGNA DE LECTURA /  ESCRITURA

Hoy leemos y escribimos en el taller, ya que es el último encuentro de este budín. Leemos hasta donde podamos y terminamos en casa si no llegamos. 






Escribí el relato de una historia de amor. O un poema. Realidad o ficción, nadie va a preguntar eso. No somos la policía de los relatos ni de los poemas, ni mucho menos la policía del amor...

Escribí la historia de amor de un antepasado, una abuela, una antigua maestra, una vieja amiga de tu mamá. O el romance de unos objetos, o de unos animales. 

Dale, contanos esa historia. O la tuya, por qué no.




💗Ilustración de María Luque💗


Martín
El tren de los pedos
 
Viven ahí desde hace 50 años. El complejo lo construyó el sindicato.
 
Todos en la fábrica estaban muy entusiasmados con la idea de adquirir su propia casa.
Les prometieron un precio exclusivo para los agremiados; les prometieron un plan de pagos que se descontaba de la boleta del sueldo; les prometieron poder elegir el departamento o la casita, la ubicación, el piso.
 
Tuvieron reuniones con los directivos, luego con los empleados. Gómez nunca supo el criterio. Para cuando lo llamaron no había mucho para elegir.
 
–Esto debería consultarlo con Esperanza.
–Tenés que elegir ahora o volver cuando te podamos volver a llamar, si es que queda algo.
 
Gómez, que desde los dieciocho trabajaba en la línea de montaje, tomó la decisión más práctica que en ese momento pudo pensar. De los departamentos que quedaban y que podía pagar, eligió el que tenía las ventanas hacia un inmenso parque verde. Así lo veía en el mapa. Pensó, satisfecho, que era una buena decisión. Los vecinos no los iban a ver, ni él a ellos. No había calle ni avenida: solo verde, árboles y una vía perdida de algún tren. No conocía el barrio, en ese momento estaba algo descampado, pero si lo había elegido el sindicato era porque habría una forma simple de llegar al trabajo.
 
Pasaron los meses y todo se cumplió tal cual lo prometido. Le descontaron las cuotas correspondientes de su sueldo. Le informaban en reuniones los avances de la construcción. Hicieron ceremonias entregando llaves. Un día les tocó recibir la suya. La vivienda la debía pagar hasta su jubilación y, cuando tuvieran hijos, tendrían un lugar seguro donde criarlos.
 
Eligieron un fin de semana para mudarse. Entre la mudanza y la alegría quedaron exhaustos. Imaginaron dormir hasta que el sol los encandilara, luego desayunar, pasear y así comenzar su nueva vida. Fue difícil acostumbrarse a los nuevos sonidos: los grillos, los árboles movidos por el viento, algunos vecinos, y el tren de las 22 que pasó tocando su bocina; el de las 22.15 hizo lo mismo en sentido contrario. Fue larga la noche del sábado; la pasaron contando los trenes. Igual la mañana del domingo y el resto de los días.
 
Fue difícil acostumbrarse, pero lo lograron. El ruido no los dejaba escuchar la radio ni la televisión. Decidieron que no era grave escuchar las noticias incompletas y les gustaba imaginar el diálogo de las novelas.
 
Su hija no conocía una vida sin el tren. Le resultaban inquietantes los días en los que no pasaban trenes.
 
Desde chica veía a su papá apoyado sobre la ventana viendo pasar los trenes. Cenaban y luego, mientras Esperanza levantaba la mesa, él decía que iba a tomar aire y se apoyaba sobre la ventana. Los trenes pasaban y él sonreía recordando o saludando o agradeciendo. Gómez no hablaba mucho. La hija miraba a Esperanza y ella sonreía.
 
El tiempo trajo el fin de la hipoteca, un nieto y más trenes.
El nieto adoptó la misma costumbre que el abuelo Gómez. Los domingos, luego del almuerzo familiar, iba a acompañar a su abuelo a la ventana subido a un banquito. El pequeño, emocionado, gritaba “chau!” a los trenes; el abuelo sonreía entre satisfecho y aliviado. Esperanza y su hija sonreían cómplices por haber guardado durante tantos años el secreto de que los trenes nunca lograron disimular los ruidos que salían del cuerpo de Gómez.


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LA MUSIQUITA DE HOY




Caetano cantando Un vestido y un amor es el amor mismo. Escuchalo ACÁ

jueves, 21 de mayo de 2026

15-Mayo es de novela. Leemos y escribimos. Encuentro 3.

  

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CONSIGNA DE LECTURA /  ESCRITURA

Seguimos leyendo juntos. La dinámica es la misma: leemos hasta la misma página, esta vez es la 91 (donde están los dibujitos del sistema solar).





Escribí un texto en el que un objeto cotidiano (una prenda, un mueble, un accesorio) o un animal (un pajarito en el balcón, un gato callejero, una oruga en una maceta) se convierta en protagonista y atraiga la atención de alguien. El objeto o animal debe tener voz propia y contar cómo se siente al ser observado. Podés hacer una entrevista ficcional, como hace Rosa.



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LOS TEXTOS DE USTEDES


Mirna

Es invierno. Lo sé por el frío. Ese frío punzante que se clava en las manos, en los pies. Y en la espalda. Allí donde solés apoyarme el brazo.
Hace frío y podemos combatirlo, juntos. Volvé a mirarme. Estoy acá. A tu lado. Estoy respondiendo tu pregunta cada vez. Y siempre es la misma respuesta pues es mi verdad. No lo sé. Pero estoy aquí. Volví. Dejá de ignorarme. Hagamos el intento. Salgamos a caminar, de la mano, como antes.
Estoy acá, esperándote, en la puerta. Me quita el frío de las manos verte cerca. Me ilusiona tu mirada directa, a pesar de tu gesto triste. Cada paso que das hacia mi por esa galería que siempre amamos me acerca a la idea de tu perdón. Disfruto verte avanzar hasta donde te espero. ¡Pero, no! ¡Por favor, no! ¡No cierres la puerta detrás de mí! No debiste haberme atravesado.


Rosana
Tiempo

A la persecución le siguieron varios ataques.
Tuvo que permanecer sumergida en las profundidades del tiempo, casi sin aliento, pulsando en la gélida oscuridad.
La columna tiesa, como si llevara un corsé, le impedía moverse.
Una mañana hubo un temblor que movió las capas y sacudió el fondo. La arrancó del letargo y tuvo que abrir los ojos. Pero el resplandor verde la encegueció y volvió a cerrarlos. Sin embargo, eso fue suficiente para darse cuenta de que aún estaba viva.
Las alteraciones energéticas recientes, comenzaron a agitar las fibras y la sustancia.
Continuó pasando el tiempo antes de que pudiera percibir, intermitentes corrientes eléctricas, recorriendo el espacio gelatinoso cerca de sus límites.
De a poco pudo sentir la diferencia de temperaturas entre su borde y lo que la orillaba.
Medio apagada, enceguecida, había tenido que estar en el fondo para preservarse del depredador. Pero con los últimos episodios podía advertirse algo de madurez, y reconectó con el impulso del flujo vital.
La amenaza depredadora aún acechante, había mutado la forma, pero ella aún conservaba la sensación primaria de peligro. Tal vez, ese era ahora, el peor obstáculo.
Fue después del temblor, que su columna comenzó a contornearse lentamente de un lado a otro, y no sólo avanzó, sino que ascendió algo en la inmersión.
Con los ojos entreabiertos, pudo detectar entre medio de pequeños elementos flotantes removidos por las primeras oscilaciones, que otra ballena iba a su lado. Inesperadamente, se filtró un rayo de luz y cobró un poco más de potencia.
Siguieron espasmos que la sacudían y provocaban ondas expansivas en la periferia. Mientras ocurrían, fue percibiendo cómo toda su corporalidad se reconstruía. Y después de mucho tiempo estuvo un poco más cerca de la superficie.
Descansó.
La otra siguió su camino. Sabían que volverían a encontrarse. Se sintió más segura.
La corriente la impulsó y ascendió un poco más.
Despacio, rastreando latidos, pudo recuperar algunos recuerdos de cómo era flotar antes del ataque.
Ya podían alcanzarla algunos rayos de sol y en las noches soltó chorros de agua con la luna como único testigo.
Lentamente fueron ajustándose los cambios de temperatura internos. No es fácil salir del congelamiento.
Percibió más colores a medida que pudo ir manteniendo los ojos por más tiempo abiertos. Llegaron otras tres que la acompañaron reverberando, emitiendo vibraciones, mirando lo que quedaba de dolor.  Se podía ver la herida haciendo cicatriz. En el éter, partículas esenciales de espíritu restablecieron su flujo energético como una bendición.
A las ondas propias, se sumó el movimiento de otros ejemplares, y pudo sentir que el universo todo rozaba su tersura.
 
 
Como un acto de sinceridad no sé si el depredador volverá a acechar a la ballena
La cuestión que se me plantea es cómo contar cómo sale colectivamente de la situación. 


Guada
Rueca

Vení, animate.
No te voy a hacer nada.
Sé como luzco,
Hay algo adentro tuyo
Que te llama la atención
De mi apariencia.
Pero no voy a lastimarte.

Te escucho,
Oigo tus pasos lentamente
Acercándose.
Dale, no te falta casi nada.
Seguí mi voz
Que te voy a guiar
A un mundo de ensueños.


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LA MUSIQUITA DE HOY



Les dejo por aquí una entrevista que le hicieron en México a María Luque. Para ver y escuchar, hacer clic ACÁ


jueves, 14 de mayo de 2026

14-Mayo es de novela. Leemos y escribimos. Encuentro 2.

Un rato en el taller, otro rato en casa
 CONSIGNA DE LECTURA /  ESCRITURA

Seguimos leyendo juntos. La dinámica es la misma: leemos hasta la misma página, esta vez es la 59 (donde están los dibujitos de los triángulos escalenos).



Ahora vas a apelar a tus recuerdos escolares o de amigos del barrio. Imaginate que tus antiguos compañeros, amigos o vecinos (o tus alumnos si sos o fuiste maestra) viven en casas / departamentos / chozas geométricas, acordes a sus personalidades. 
Pensá dónde vive cada uno e imaginá su vivienda: por ejemplo, ese compañero que no compartía nada con nadie seguro vive solo en una casa pequeñita, cuadrada, no tiene ni un sillón para convidar y las ventanas siempre tienen las cortinas cerradas, para que nadie vea lo que hay adentro.

PD: Ya sé, no hace falta que aclare, pero podés inventar a todos estos niños y no apelar a ningún recuerdo. En este caso te tiro una ayuda visual: unas fotos escolares antiguas, llenas de caras con geometrías variadas para imaginar sus viviendas acordes. 




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LOS TEXTOS DE USTEDES


Mirna
Dime cómo te llamas…
 
Desde siempre me gustó asociar algunos nombres con ciertas personalidades. Teoría un tanto polémica si de trabajar con niños se trata, pues conlleva implícito un prejuicio, aunque no para mí. Mi afición consistía en prejuzgar como hipótesis y luego refutar o confirmar durante el curso; y a veces, durante toda la historia escolar del objeto de estudio. Un juego personal que lograba distraerme y hasta darme temas de conversación en momentos álgidos de esos que abundan en las escuelas. Contar alguna anécdota de mis sujetos favoritos y objetos de investigación sin decir que estaba delatando información sensible de mi tesis personal siempre lograba el cometido de desenredar alguna tensión o enojo, o necesidad de llanto cuando no eran esas salidas las más convenientes.
Así, por ejemplo, mis colegas ya podían intuir que yo creía que las “Marías algo” más comunes suelen ser complejas: Laura, Emilia, Eugenia…Pero si el “algo” no era tan popular, en general se diferenciaban bastante del enredo. María Paz, María José, por ejemplo.
Siguiendo en esa línea, las Karen son intensas; las Martas suelen crecer como vecinas amantes de ventanas y silencios que escuchan, los Ezequieles corrigen su lado pícaro e inquieto al crecer y los Facundos…bueno; los Facundos siempre serán los más tremendos de los mundos.
Así, y durante los más de quince años de tener una lista de nombres para trabajar mi teoría, un día me topé con Pedro.
Pedro en la letra fría de una lista de preinscriptos me remitió a Rusia y su modernidad. O a Brasil y su responsabilidad en la independencia de Portugal. Y por qué no a Mendoza y la fundación de nuestra ciudad. Sin embargo, en mi hipótesis y como referencia previa encabezaba las justificaciones Simón Pedro porque sobre él Jesús construiría su reino. Petrus, lo llamó. Y Pedro me hacía prejuzgar un hombre fuerte, impulsivo, pasional. Y alto. Con presencia. Una verdadera roca.
Así fue como aquél primer día de clases me encontró con la ansiedad típica por conocerlo. Él jugaba con ventajas sin saberlo pues recibiría “las llaves del aula”. Sería mi piedra angular. Y no sería él sino yo quien negaría más de tres veces durante ese año, el evidente favoritismo.
Aquella mañana como cada primer día, las rutinas cambiaban un poco y los de primero entraban directo al aula para recibirlos con una sonrisa, elegir un banco, aplacar los nervios, tranquilizar padres y hacer, ante la escuela entera formada en el patio, su ingreso triunfal. En esa escuela, en especial, además debíamos colocarles un distintivo con su nombre y algún dibujo que sirviera para orientar a los niños entre las cinco secciones de primero y los nueve grados del pasillo donde crecerían dos años. Si mal no recuerdo ese año fue cuando el A comenzó a ser una abejita.
Promediaba la cantidad de niños cuando se paró en el quicio de la puerta, de la mano, una pareja de estatura mayor al promedio. Ella llevaba su brazo libre escondido a su espalda. Me saludaron, los saludé, nos sonreímos. Y de atrás de esa mujer alta y esbelta asomó Pedro. Llevaba el guardapolvo impecable y con las marcas de los dobleces de fábrica. Arrastraba una mochila donde, casi sin exagerar, diría que podría haberse escondido. Pedro no llegaba a la altura promedio de los niños de su edad. Al egresar, sería por lejos, el último de la fila, pero ese primer día, fue la mano que tomé para la caminata triunfal.
Conforme lo fui conociendo Pedro demostró ser grande en todo, a pesar de su lugar en la fila. Un líder amorosamente humano a su corta edad y el ideólogo de la resolución de todas las situaciones problemáticas. Sensato por demás y cuidadoso de los modos correctos. Un viejo niño. Petrus, como lo llamé cariñosamente, fue corroborando casi por completo mi hipótesis. Sin embargo, existía un rasgo que seguía sin aparecer y que dejaba en dudoso equilibrio la asociación del nombre con los rasgos seleccionados para aseverar mi hipótesis.   La roca de mi prejuicio era más bien un canto rodado. Así que, casi promediando mayo, aun no le confiaba “las llaves”.
Petrus tenía todos sus útiles en tamaño extra. Y hasta desayunaba en una taza de acrílico tipo mug de base pequeña y boca ancha, pero más alta que las demás. Yo dudaba en silencio de su firmeza, pero él la dominaba con firmeza.
Mayo avanzaba con mañanas frías. Los abrigos comenzaban a permanecer en los pequeños cuerpitos, hasta pasado el desayuno. Un día de chocolatada, a pesar de no preferirla, Pedro pidió que llenaran su taza un poco más que de costumbre. E incluso, repitió. Claro, al repetir, los tragos se espaciaron y se hicieron más frecuentes los compañeros caminando entre las mesas. Y fue en medio de todo ese movimiento de idas y vueltas que mi hipótesis fue corroborada en su totalidad.
Pedro y el humano que respondiera a ese nombre debía ser un hombrecito común pero fuerte. Un verdadero líder. Impulsivo y solemne. Leal. Pero también alguien que supiera reconstruir desde lo caído. Ser apoyo y sostén.
Cruzó a su lado una compañera. Casi sin saber cómo la taza de Petrus invitó a bailar una musiquita inaudible y liberadora a la chocolatada que contenía. Fue una danza rítmica y veloz. En sus vueltas la bebida explotó en una lluvia amarronada y dulce a la vez que la taza de base pequeña y boca ancha rodaba por la mesa, rebotaba en la mochila que apoyaba contra el banco, y se estrellaba contra en piso en montón de pedazos. 
De inmediato se escuchó una vocecita joven que con total seguridad calmó a todos y aseguró que nada había pasado; que estaba todo bien. Que no se movieran pues podían lastimarse.
–¿Seño, podés limpiar vos? –terminó.
Ese día, en ese momento, Petrus se hizo roca y yo, finalicé mi tesis.
 
 
#2
Proyecto de mini libro (imaginar viviendas acordes)
 
Pedro es flaco y alto.
Sus papás son flacos y altos.
 
Su casa es rectangular,
con ventanas flacas y altas.
 
Y una hermosa puerta flaca y alta
 con un montón de vidrios cuadrados.
 
Viven en un barrio flaco y alto.
de lejos, parece un bosque de cipreses.
 
Pedro y sus papás son personas muy generosas…
con corazones enormes.
 
A veces les cuesta entrar a su casa flaca y alta.
 
Por eso, un día, el corazón de Pedro… ¡estalló!
 
Porque la generosidad no debe guardarse
 ni siquiera en casas flacas y altas.
 

 
Claudia S
 
Durante los días de vacaciones escolares quería olvidarme de la escuela. Pero ella se me presentaba nítida y amplia cuando subía a la terraza. Después de colgar o descolgar la ropa, había algo que me atraía hacia la baranda. La reja negra con forma de rombos se intercalaba con pequeñas columnas de ladrillos revocados en color blanco. Miraba desde esa altura las aulas gigantes y comenzaban a soltarse los recuerdos del año anterior.
Me instalaba con mi mente en todas las aulas. Buscaba a mis mejores compañeros y los veía pasarse papelitos en secreto. Me acuerdo de un chico muy alto y delgado que le decían “Escoba”. Debía de tener como catorce porque a veces me parecía que tenía bigotes. No como los que tienen los gatos. Era apenas una pelusa pintada con un carbón, como él que usábamos en los actos para maquillarnos. Siempre me gustó ayudar a los que les costaba un poco. La escuela albergaba a todos y también formaba parte de mi barrio. Como ocupaba mucho espacio en la manzana, no había muchas viviendas.
El chico alto tenía cara triangular y piernas muy largas. Siempre se quería sentar conmigo para que respondiese sus dudas. Al principio pensé que yo le gustaba, pero se me acercaba solo por interés. A mí me gustaba uno rubio con cara de mandarina, mucho más bajo que se hacía el lindo. A ese le gustaba a todas y como se daba cuenta no miraba a ninguna. Creo que la novia iba a otro colegio y vivía muy lejos. Tan lejos que se veían durante las vacaciones de invierno y de verano. Mucho después, me enteré que su amor no prosperó. La chica se tuvo que ir a vivir al sur por el trabajo del padre y se casó allá con otro. Los rumores que llegaban decían que su cabeza era como la de una naranja y los ojos como el calafate.
A través de los años, la infancia queda más distante. No tengo muchas fotos, ni siquiera grupal. Conservo solo la de la señorita Mecha de segundo grado con una compañera y yo. La foto es en blanco y negro. Mis piernas eran flaquitas y chuecas y mi guardapolvo era tan níveo como él de mi maestra. Está sacada en el enorme patio con sus dos árboles gigantes que parecen acariciar el cielo. La galería con sus baldosas cuadradas y relucientes, con sus arcadas se pueden ver en el fondo de la imagen. Y allí a lo lejos, por unos minutos, pude escuchar “La farolera”.
 
 

Cintia
Mis casas amigas
 
Cuadrada y llena de estanterías con libros. Así era la casa donde vivía Laura. Su rigidez jamás le hubiera permitido vivir en algún lugar irregular (excepto el día que me agarro del nudo de la corbata porque le saque el lugar en la fila del baño). Su intelectualidad e inteligencia dependían de cada uno de los libros que leía, después de limpiar con prolijidad cada uno de los estantes.
En cambio, la casa de Daniela, era lo más parecido a una posguerra. Con líneas entrecruzadas y sin techo. Vivir ahí era la mayor expresión de inseguridad y vulnerabilidad. A mi me gustaba habitarla cada tanto, aunque siempre me llevara puesta alguna esquirla. La adultez me enseño que hay casas que es mejor no volver a visitar.
Adrián vivía en una casa chiquita. Le faltaban integrantes y eso la hacía triste. Había fotos colgadas donde no estaban todos y le costó más que al resto sostener las paredes en pie. Hoy tiene su casa propia y está llena de colores y ruido a pelotas.
La de Noelia tenía ese “no sé qué”. La cantidad justa de ambientes con olor a café con leche y tostado. Tenía un calor especial que hacía imperceptible que matemáticamente faltaba uno de sus creadores. Cargada de lapiceras de colores, CDs y revistas de bandas. Me gustaba estar ahí, como me gusta ir hoy a apoyarme en su nuevo hogar a leña.
Lala tenía una casa dividida en dos. Como su familia. A la izquierda risas y juegos. A la derecha, un par de traumas. Como era un 1er piso, me tiraba la llave por el balcón, adentro de un guante de cocina. Con los años la vendieron y volvieron a dividírsela entre dos.
A la distancia sé que todos consideraban que mi “casa” era la más completa y funcional. Con todos los ambientes necesarios y siempre disponible para un plato más.
 

 
Laura
El chino
 
Al niño más gordo del grado le decíamos el chino
llamaba más la atención sus ojos rasgados que su redondez
el chino tocaba la guitarra todo el tiempo
quizás las curvas de la guitarra no dejaban ver su cuerpo
pero tampoco nos importaba
 
Tengo muy pocos recuerdos de él sin su guitarra
en un recreo el chino tocó “Rasguñan las piedras”
ese día me enteré que existía Sui Generis y fui feliz
ese día lo quise un poco más al chino
 
Mis recuerdos de él son casi todos musicales
en los actos, en los recreos, en las excursiones
no recuerdo su nombre, solo su apellido.
 
Al finalizar la primaria, mi papá organizó un asado en casa
vinieron mis compañeros, también el chino y su guitarra.
con el paso de los años, todos perdimos contacto
 
Hasta que apareció Facebook
y aparecieron nombres y fotos
y grupos de ex alumnos
 
Algunos compañeros busqué
algunos me buscaron a mí
algunos estaban irreconocibles
algunos estaban iguales
 
Como el chino
así redondo
con sus ojos rasgados y con su guitarra.
 

 
Adri
Seño Marta
 
Nunca entendí las matemáticas, más que no entenderlas llegó un momento de la vida escolar que directamente las odiaba. Era imposible para mí armar en mi mente soñadora una relación entre líneas, ángulos y formas geométricas con algo que sirviera para escribir poemas. Para colmo las maestras de matemáticas parecían ser más cuadradas que las figuras que trataban de enseñar, yo decía “no entiendo” y ellas repetían como una formula exacta una y otra vez lo mismo que yo no entendía, de la mismísima forma.
Hasta que llegó la señorita Marta. Ella se parecía más a un cilindro, todas sus formas eran más redondeadas, hasta sonreía formando en su cara un medio circulo perfecto y sus ojos redondos se ovalaban un poco. Cuando se dio cuenta de que yo no cazaba una, también noto que ya estaba resignada a no entender y que, si seguía así, me iba a costar pasar de grado, porque matemáticas era una materia muy importante, y la verdad, en las otras andaba bastante floja, solo me gustaba escribir, por eso zafaba con Lenguaje.
La seño Marta tuvo la genial idea de decirle a mi mamá que podía ayudarme con las tareas y como vivía cerca de casa, mamá dijo que sí.
 
Así fue que empecé a ir a su casa para estudiar. Al principio no preste atención, entonces me pareció una casa como cualquiera. Pero la seño, desde que me recibió en la puerta, empezó a comparar su casa con todas las formas geométricas existentes: “mira, está puerta es igual a un rectángulo, fíjate bien, tiene dos lados iguales más largos y otros dos más cortos, iguales entre si” mientras hablaba me mostraba lo que decía pasando la mano por las formas que iba describiendo. “Ahora mira esta mesa, su forma es un círculo, y la ventana es un cuadrado, porque tiene los cuatro lados iguales, de la misma medida”. Fuimos recorriendo toda la casa y con cada mueble, adorno y abertura hacíamos lo mismo, después lo tenía que decir yo, así se me fijaba la forma con el nombre de la figura. De la misma manera me fue explicando los ángulos, los vértices y los diámetros.
Y bueno, una genia en matemáticas no me volví, pero pasé de grado. La casa de la seño se convirtió para mí en un manual de geometría tamaño gigante. Y la seño Marta era tan linda y buena como el florero redondito lleno de flores de todos colores que tenía arriba de la mesa ratona del living, que era un cuadrado, porque todos sus lados eran iguales.
 
 
 

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LA MUSIQUITA DE HOY



Encontré un video poema de Casas enfiladas, el precioso poema de Alfonsina Storni. Se los dejo por ACÁ

jueves, 7 de mayo de 2026

13-Mayo es de novela. Leemos y escribimos. Encuentro 1.

Vamos a leer juntos el libro Budín del cielo, de la escritora e ilustradora María Luque.

Un poco de Budín del cielo

Rosa es una señora feliz. Jubilada de una de las pasiones de su vida –enseñar matemática a «sus pichoncitos» en el colegio–, vive sola en un departamento lleno de luz que da a la calle, visita con regularidad a su médico de cabecera y se preocupa por su vecina Norma, que tiene unos años menos que ella pero peor salud y bastantes más angustias. Aunque nunca se casó, tuvo varios novios, a quienes le gusta recordar con lujo de detalles. Quizás el gran amor de su vida haya sido, y todavía sea, Sandro: adorablemente vanidosa, a veces se emociona fantaseando con que el cantante también se enamora de ella. Tiene buena mano para la cocina, la pone contenta recibir noticias de sus alumnos y, sobre todo, disfruta de un don que no oculta a nadie: puede hablar con las flores y los pájaros.

Budín del cielo propone algo totalmente original: una novela sin grandes conflictos ni sobresaltos. Ligera, animada y colorida como sus dibujos, esta nueva creación de la artista y escritora María Luque le da voz a un personaje inolvidable que nos cuenta cómo es habitar un mundo pequeño con la mirada abierta a la belleza, a la sorpresa y a las maravillas de todos los días.

Un poco de la autora: María Luque nació en Rosario, Argentina. Es dibujante, escritora e ilustradora editorial. Ha publicado La mano del pintor (Sigilo, 2016), Casa transparente (Sexto Piso, 2017, ganadora del primer premio de novela gráfica Ciudades Iberoamericanas), Espuma (Galería, 2018), Noticias de pintores (Sigilo, 2019), la novela Corazón geométrico (Sigilo, 2022) y la novela Budín del cielo (Sigilo, 2025).

[Información obtenida de la página de la Editorial Sigilo]





Esta es María Luque x María Luque.

Y haciendo clic AQUÍ verán varias ilustraciones suyas.













Para empezar, leemos algunas páginas juntos.


►Para seguir escribimos un ratito en el taller. Tenemos dos opciones:

 

Uno 

La tapa de este libro nos muestra una mesa de cocina. No es una mesa cualquiera. Es la mesa de Rosa, la protagonista. Y habla un montón sobre ella.
Imaginá que una foto de tu propia mesa hable de vos. ¿Qué habría en ella? ¿Qué objetos no podrían faltar? ¿Qué elementos no estarían jamás allí? Contame de vos desde tu mesa.

 

Dos

Dice Rosa acerca de Norma, su vecina: "Todo le da miedo: las veredas flojas, los ladrones, la cebolla cruda". Hacé una lista de cosas a las que temer. Podés mezclar cosas naturalmente temibles con otras más extrañas o inverosímiles (como Norma y la cebolla cruda). Podés hacer la lista en primera persona (Tengo miedo de...), en segunda (Siempre le temiste a... /siempre tuviste miedo de) o en tercera (Le tiene miedo a... / Tiene miedo de...

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CONSIGNA DE LECTURA / ESCRITURA


*Lectura: hasta la página 30 del PDF.

*Escritura: Escribí un texto en el que relaciones un cuerpo con distintas figuras geométricas. Puede ser tu propio cuerpo o el cuerpo de otra persona. También un animal: podés traducir sus movimientos como si fueran figuras geométricas.


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LOS TEXTOS DE USTEDES

Laura

EL GATO ISÓSCELES
 
El gato de mi vecina
es un gato geométrico
que dormita en mi zaguán
 
toma el sol redondo
redondo como su panza
si los pájaros cantan
sus orejas triángulo
mueve cual radar
 
sus bigotes son semirrectas
que se mueven hacia arriba
que se mueven hacia abajo
cuando detectan alguna aroma
de fresias o geranios 
y la cola, parábola con pelos
cambia su curvatura
al acariciarlo.
 
Isósceles se llama
el gato geométrico
que duerme
en mi zaguán.
 
 
 
Mirna
 
 

Érase un hombre a una nariz pegado.
Francisco de Quevedo
S XVII
          
 
 
El corazón de hierro
 
Érase una cabellera blonda y circular
que cubría una cara ovoide singular.
En el medio,
un triángulo rectángulo escaleno.
Su cateto mayor apoyado firme
dejando la hipotenusa al viento,
dando presencia a su función de nariz.
Justo debajo, una elipse.
O mejor aún, un romboide delgado y apaisado.
Siempre rojo, como la sangre que se ha derramado.
Y siguiendo la línea natural,
pero por dentro,
pasando por un rectángulo alargado,
un Rombicuboctaedro punzante, puntiagudo, afilado.
 
Montones de triángulos isósceles de fuego
queriendo recuperar lo recuperado.
No fue la dama, fue su corazón.                        
 
 
Claudia S
Un reloj detenido
 
Me levanto temprano y pongo la pava en el fuego. Me siento en el sillón y miro por el ventanal y busco formas en lo que veo. Un colectivo sería un rectángulo con ventanillas rectangulares. Dentro de él veo círculos diminutos inclinados leyendo en pantallas rectangulares pequeñas. Estos últimos, los celulares, viajan en fundas de telas rayadas y en tonos azules y anaranjados intensos. Cabecitas muy concentradas dejan ver lentes de variadas formas y entonces ya los rectángulos de vidrio son todavía más pequeños. Quiero creer que esos pasajeros están leyendo algún cuento como “Las ruinas circulares” de Borges o “El retrato oval” de Poe. Porque hoy todo despertó con forma de algo.
 Después de un trueno, mi vista me lleva hacia los edificios de enfrente. Los vecinos del cuarto piso salen apurados al balcón a entrar la mesa cuadrada y sus dos sillas de roble claro. Luego, descuelgan la ropa colgada en una soga atada de un aire acondicionado a otro. Los aires son rectangulares y blancos como todos los aires. Una remera escolar cae y queda atrapada en la red de protección. Empiezan a caer gotas que forman círculos en los charcos de las terrazas. El sonido del otoño se disfraza de invierno ahora. Y entonces tengo que colocarle la capucha ovalada a la campera. Tomo mi paraguas bordó con la forma que tienen todos los paraguas sin excepción.
No sé cuánto tiempo pasó desde que puse la pava. El reloj circular de la pared del comedor me indica que son las ocho. Pero, las agujas no giran y parecen insinuarme que salga a la calle. No quiero tomar el ascensor y bajo por las escaleras siguiendo las instrucciones de Cortázar. Los escalones son amplios rectángulos negros. Abro la puerta de calle y es de noche afuera. La lluvia cesó y una luna esférica me encandila. Camino dos cuadras y me detengo debajo de una garita de colectivo y descubro que me olvidé la sube y el documento. Objetos que son rectangulares como el colectivo, como el techo que me cubre ahora y como tantas otras cosas.
 
 
Claudia V.
Versos geométricos
 
Gato sigiloso espera la presa.
Patas abiertas en triángulo perfecto
Esfinge idolatrada:  un paralelogramo.
 
Mujer deseada
Cintura de avispa
Triángulos en equilibrio.
 
Bella, etérea, suspendida de un hilo invisible
 te sostiene, te modela.
Tus piernas se abren en un triángulo imposible, 
tus brazos coronan tu andar con un círculo perfecto
 
 
Andrea
Desde pequeña me sentí un triángulo equilátero. Una cabeza pequeña, hombros estrechos y una gran cadera. Las piernas… bueno las piernas por fuera de la base, no cuentan.
A mi mamá le gustaba peinarme tirante con una colita, lo que acentuaba aún más el vértice superior. El tema que mis orejas, prominentes ellas, legado de los ancestros por parte de padre, sobresalían de cualquier figura geométrica. Por lo tanto no las tomaré en cuenta. Igual aunque tuviera el pelo suelto, tan finito él, tan lacio, que igualmente parecía mi cabeza inexorablemente el vértice del triángulo.

Cuando fui creciendo este triángulo se transformó en isósceles. Tenía la esperanza de pasar a ser al menos un trapecio.¡ O lo que es mejor un reloj de arena! Pero la talla de la ropa adolescente me demostraba que no salía del triángulo, hasta dos tallas menos era mi parte superior de mi parte inferior. Lo bueno que ni bien pude elegir como lucir mi cabello, me fui corriendo a la peluquería y me hice una permanente. Eso me ayudaba a compensar mi pequeña cabeza y ahí si tuve mi visión de trapecio. Nada llegaría a igualar el ancho de mis caderas, pero al menos el espejo me devolvía una forma más armónica.


Con la maternidad la geometría se empezó a complicar, en primer lugar nada de químicos en la cabeza y volví al lacio natural, y a dejar al descubierto mis orejas pantalla. Embarazada era un perfecto rombo, por lo menos hasta el séptimo mes, porque los dos últimos no puedo dejar de incluir mis piernas que se hicieron muy visibles. Diríamos que terminé siendo un rectángulo.



Después vino la etapa donde en verdad no tenía ni tiempo de verme en el espejo, ni de sentir como me auto percibía. Pasé por épocas a ser un reloj de arena, un rectángulo, nuevamente un triángulo isósceles, en fin dependiendo del grado de cordura que me habitaba. Porque mis estados eran directamente proporcionales con las ingestas y con la voluntad de realizar ejercicio físico. Épocas de comida saludable y medida junto con gimnasio y épocas de me como todo y vagancia combinada.

Hoy, ya más grande y notablemente más tranquila, se puede decir que estoy en la etapa de la circunferencia. La verdad que desde lo estético no me molesta, pero desde la funcionalidad de mi cuerpo sí. Aparecen limitaciones en los movimientos y algún que otro dolor, que los entendidos, o sea los médicos atribuyen al sobrepeso. Tendré que investigar cual sería la figura geométrica que debería adoptar para sentirme mejor. Escucho sugerencias.
 

Adri
Me fascinaba mirarte
fijamente durante mucho tiempo
tu silueta formaba en mí mente
figuras inexistentes
tan perfectas como un círculo
tan sinuosas como ese mismo círculo
desarmado en un hilo infinito
 
Yo rodeaba con mis brazos
tu suave redondez
repitiendo el ritmo sin fin
de una historia circular
Pero volví a mirar y supe
supe que la suave redondez
tenía puntas, aristas y lados
entonces se  esfumó el círculo
 
No me gustan los triángulos
 
 
Guada
Triángulo Invertido
 
Siempre se me ha dicho que poseo un cuerpo tipo Triángulo Invertido. Lo cual implica una espalda más grande que la cadera. El cuerpo perfecto de un hombre, después de todo, para dibujar su torso, se comienza boceteando un Triángulo Invertido. Pero para una mujer, significa lo contrario. Mi cuerpo esta diseñado para ser atlético, según Instagram. Podría tener grandes músculos en mis brazos. Pero si odio el ejercicio físico, soy una desproporcionada. 
Ni suficiente cintura, ni tampoco cadera. De costado, la panza me sobresale. ¡Como me gustaría ser como las chicas que tienen el abdomen plano!. Una línea derecha cuya única curvatura son la de sus pechos. Pero no me tocó ser así. Tampoco, por mucho que me cueste, puedo modelar mi cuerpo, como lo venden los "personal trainer" de los gimnasios. Solo me queda aceptar que soy un Triángulo Invertido, y que ni siquiera con las mejores operaciones estéticas, voy a poder cambiar la ubicación de mis huesos.


Cintia
Como comprada de un estante de ofertas, vine sin caja ni manual de instrucciones.
Soy una suma de figuras más bien redondeadas, que juegan a querer encajar a la perfección.
Me armé como pude, sin seguir normas ni reglas. Apilé círculos que viven haciendo equilibrio y rectángulos que se agrupan mejor.
Subsisto en la búsqueda casi permanente de afinar mis partes más ovaladas, intentando tener más armonía entre mis formas.
Cuento con una estructura bastante cuadrada donde a veces no hay lugar para nuevas versiones. Me acomodo en mis ángulos desde donde la vida se ve según mis ojos.
Intento que mis encastres sean naturales, sin forzar las añadiduras.
Conservadora extrema, prefiero no ser parte de ningún triángulo.
Guardo cicatrices que forman una larga línea de puntos, que me alejan de nuevos dolores.
Inconformista eterna, siempre voy moviendo mis partes para tratar de mejorar el modelo original mientras me voy repitiendo a mí misma: "Que suerte que vine sin un manual".
 

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LA MUSIQUITA DE HOY





Por supuesto, la musiquita de hoy es del gran Sandro de América. Aquí escucharemos, como no podía ser de otro modo, ROSA ROSA